Cuando Javi ghosteó a Mari Capítulo 48. Javi
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Capítulo 48. Javi

En la actualidad

Caminamos por la finca con Mari, y yo no dejo de abrir y cerrar los puños para que mis manos dejen de temblar. Nunca en la vida me sentí más conmocionado.

Mari no se casará con Alex. Ni hoy ni ningún día, aparentemente. Y no sé qué implica eso para nosotros, o si implica algo, pero voy a decir mi parte y aceptar las consecuencias.

Ella señala un muro bajo que separa el edificio principal de las cabañas; desde ahí se puede observar la extensión de los viñedos iluminados por el sol.

–Puede servir –digo.

Mari levanta la falda del traje de novia y trata de sentarse sobre la superficie de piedra, pero es demasiado elevada para su altura.

–Te ayudo –le ofrezco, y la tomo de la cintura para levantarla.

Una vez acomodada, me ubico junto a ella.

Nos quedamos sentados en silencio durante un tiempo prolongado, hasta que Mari alza los hombros y deja escapar un suspiro largo.

–No sé por dónde empezar.

Giro el torso en su dirección, ansioso por ver cada detalle de su expresión.

–Yo tampoco sé por dónde empezar. Hay mucho para decir, pero tengo miedo de que te espantes.

–Javi –se ríe–, acabo de cancelar mi boda. Puedo soportarlo.

–En eso tienes razón –concedo; roto los hombros hacia atrás y estiro el cuello. «Bien, tú puedes, Javi».

–¿Estás por correr una carrera? –pregunta Mari con una sonrisa traviesa–. ¿Quieres que te afloje la…?

–Te amo –interrumpo, incapaz de retener las palabras un segundo más–. Y es increíble poder decirlo de una buena vez y en voz alta. Con todas las letras. Sin reservas. Eso es lo más importante que tengo para decirte hoy.

Su sonrisa se dibuja a medida que los ojos se agrandan, y luego toma aire para recuperar la calma.

–Sigue.

Le tomo la mano con el propósito de decir todo lo que, lamentablemente, callé durante estos años.

–Metí la pata, metí la pata con nosotros durante tanto tiempo que no quiero que pase un solo segundo más sin que sepas que, para mí, la indicada eres tú, siempre has sido tú, no podría ser otra sino tú.

Me llevó más tiempo del que quisiera conseguir que la mente se pusiera en sintonía con el corazón.

Inventé demasiadas excusas de por qué no podíamos estar juntos, de por qué no era digno de ti, de por qué nunca podría merecerte.

Dejé que mis miedos e inseguridades se interpusieran en el camino y no peleé por lo que más quiero en el mundo.

–¿Qué es lo que más quieres en el mundo? –susurra, cauta.

No quiero que tenga dudas sobre lo que ella significa para mí. No quiero que presuponga lo mucho que me importa. Así que apoyo mi frente sobre la de ella para estar lo más cerca posible cuando le digo:

–Lo que más quiero en el mundo es que correspondas mi amor.

Me acaricia la mejilla; su aliento dulce me hace cosquillas en la piel.

–Sí, meu amor , está correspondido.

Esta declaración sencilla se prende a mi corazón, y quedará en mí adonde quiera que vaya.

Esas palabras, escasas pero potentes, me dan el valor para contarle todo: los complejos, las dudas, las voces en mi cabeza que me convencieron que a lo único que podía aspirar era a su amistad.

Por último, le cuento sobre su padre. Sobre cómo sus dichos maliciosos se deslizaron hacia el interior de mi mente y anidaron allí.

Le cuento también del tiempo que hace que la adoro, y con qué intensidad.

–No hubo un instante, en todos los años que te conozco, en que no haya estado enamorado de ti.

Al principio, te alejé porque quería protegerte y, luego, porque quería protegerme a mí.

Carajo, estoy tan arrepentido de haberme dejado llevar por mis miedos...

–Mari escucha con atención, sin dejar de mirarme a la cara.

Cuando termino, cierro fuerte los ojos, los abro y me inclino hacia atrás para observarla–.

Dime que me amas. Dilo en voz alta. Por favor.

–Te amo, Javi –dice, la mirada firme y brillante–.

Fue todo un proceso llegar hasta aquí, en serio, pero eres el amor de mi vida.

Siempre lo fuiste. Eres la persona que más me conoce.

La que siempre me cuidó, aun cuando no me diera cuenta de que era necesario.

La que sabía que yo merecía algo mejor cuando no podía entenderlo por mí misma.

No es solo que encajamos. Nuestro encastre es único, con bordes y curvas que hacen imposible que nos acoplemos con nadie más.

Estoy deslumbrado por sus palabras. Revelan mucho más de lo que imaginé para nosotros.

–Eres increíble.

–No lo olvides –remata, guiñándome un ojo. Pero la sonrisa se le borra demasiado pronto–. Pero hay un problema.

–¿Cuál? –pregunto, y un sentimiento de vacío se forma en la base de mi estómago.

–Sé que quieres descuartizar dragones en mi honor, pero no puedes protegerme de la fealdad del mundo. Si vamos a ser pareja, debes confiar en que soy capaz de lidiar con lo que la vida nos depare. Cuando haya un problema, debemos resolverlo juntos.

Asiento tan fuerte que la cabeza me duele.

–Juntos. A partir de ahora.

–Juntos –repite, la mirada resplandeciente–. Me gusta cómo suena.

Mari es sin dudas la indicada. Siempre lo será.

Estoy tan feliz que me parece que floto.

Siento que soy indestructible, pero sé que, a la vez, ella es mi debilidad.

Le apoyo un dedo en el mentón y me inclino para besarla.

Me encuentra a mitad de camino, con los ojos cerrados y un suspiro de felicidad cuando los labios se tocan.

El corazón me late fuerte mientras venero su boca; la beso despacio, con respeto.

Mari es mía, y yo soy suyo. Es así de simple.

Cuando nos separamos, corro un rizo de su rostro y la contemplo maravillado.

–No puedo creer que esto sea real.

–No solo es real –me corrige, acariciándome la mejilla–; es para siempre.

Para siempre.

Para siempre.

Para sempre .

Durante mucho tiempo, esa fue nuestra promesa. Ahora la estamos haciendo realidad.