Cuando Javi ghosteó a Mari Capítulo 47. Javi
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Capítulo 47. Javi

La boda

Estoy maravillado por el paisaje pintoresco que Mari y Alex eligieron como telón de fondo para su boda.

Rodeado por los viñedos ondulantes de la finca Crystal Canyon, el parque con un césped meticulosamente cortado se destaca de lo que lo rodea, una franja de orden dentro de un oasis natural que se rehúsa a ser domesticado.

Detrás de la glorieta donde se celebrará la ceremonia, un roble inmenso, que probablemente está allí desde tiempos inmemoriales, cubre el espacio de sombra y le agrega un toque majestuoso.

Es un lugar hermoso para que a alguien le rompan el corazón.

Me niego a ser yo.

Alex, de pie en la glorieta, se recorta como una figura imponente y sonríe a los invitados. Su primo, Joel, y su tío, Ramón, lo flanquean cual dos guardaespaldas inexpresivos. Joel lleva puestos lentes de sol, por el amor de Dios.

Junto a mí, Sasha se alisa la falda del vestido antes de tomarme del brazo. Se inclina hacia mí.

–Sujeta bien esa correa. Mari te matará si le ocurre algo al perro.

Gracias a Jeremy, Chocolito está más elegante que yo, con su corbata de moño plateada y la correa del mismo color y, por suerte, no tiene idea del drama que está a punto de desencadenarse. Si pudiera pedirle un favor, le pediría que sienta la necesidad repentina de orinar en los pies de Alex.

Sasha alza la cabeza para mirarme.

–¿Listo?

–Sí –balbuceo.

–¿Ningún arrepentimiento?

–Demasiados… –suspiro.

–Todavía hay tiempo –sugiere, clavándome la mirada de reojo.

–Lo sé bien, créeme.

Abre grandes los ojos y sacude los hombros, como bailando.

–Sí, Javi, te entiendo. –Frunce la nariz–. ¿Por qué tu hermano se puso falda-pantalones?

Lanzo una carcajada y alzo los hombros.

–Es un animal exótico. –Es todo lo que me permito decir.

A nuestra derecha, y lo bastante expuestos para incomodar a Manny, Los Triborough Boys, acompañados por un guitarrista, tocan Llegaste tú , de Luis Fonsi y Juan Luis Guerra.

La letra es romántica, perfecta para una boda, pero el protagonista habla de ser afortunado, de conocer cada línea de las manos de su amada, de caminar a la par.

¿Alex es eso para Mari? Sospecho que no.

Lo supe hace un mes y medio con la misma certeza que lo sé ahora.

Sasha me tironea del brazo.

–Es nuestro turno.

Me concentro en lo que veo frente a mí y me doy cuenta de que Chloe y Brittany nos sacaron varias filas de ventaja.

Sasha y yo avanzamos a paso lento como nos indicaron y, cuando camino por delante de Alex, nos estudiamos lo suficiente para que yo detecte un destello de fastidio en sus rasgos.

Se pasa la lengua por los labios; luego se seca la nuca con un pañuelo.

Tras una exhalación profunda, prolongada, dirige los ojos hacia el lugar que Sasha y yo ocupamos.

Una melodía instrumental comienza, y los invitados se ponen de pie en el momento en que Mari y su padre hacen su entrada acompañados por el murmullo tenue de «oh» y «ah» entremezclado con las exclamaciones ahogadas del gentío.

Sé que Mari detesta que Alex la llame «princesa», pero, sin dudas, en este momento es digna de la realeza.

Lleva el cabello recogido en una cola de caballo alta, y una cascada de rizos, adornados con perlas minúsculas e iridiscentes, se desprende desde la coronilla.

El vestido se ciñe a su figura, un estilo simple que acentúa sus curvas.

La piel reluciente, los labios brillosos y apenas separados; irradia fuerza y elegancia.

Es una imagen de puta madre. Sería perfecta si Luiz no la estuviera tomando de la mano.

No tiene idea de lo que vale su hija, pero igualmente es quien la acompaña.

Controlo cada uno de los movimientos de Mari. Gira lentamente, y abre los ojos cuando descubre el traje ridículo de Manny. Sin quererlo, Alex me hizo un gran regalo. Mari sonríe; luego me mira de reojo.

Trago con fuerza, sostengo a Chocolito en los brazos y dirijo la vista hacia mis zapatos. Estoy aquí. Reprimiendo el deseo de derribar a Alex y tirarlo al suelo. Mari no puede pretender que me quede mirando cómo se une a él. Es lo último que quiero ver en el mundo.

¿Cuánto falta para los votos? Un segundo más de esta farsa ya sería demasiado.

Mari

Aprieto la mano de mi padre; luego entrego el ramo de flores a mi madre, sentada en la primera fila. Abre la boca cuando me inclino y la beso en la frente.

– Obrigada, mãe. Por tudo .

Creo que nunca le agradecí que me haya permitido quedarme en Estados Unidos con mi padre. Tuve tan en cuenta el supuesto sacrificio de mi padre que subestimé lo que ella me obsequió con pesar en su corazón, pero también pensando en lo que era mejor para mí.

–Te quiero mucho. –Me acaricia la mejilla.

Intercambiamos sonrisas y giro hacia Alex, cuyos ojos me contemplan con un afecto ensayado.

–Hola –le digo, con el estómago invadido por mariposas.

–Estás hermosa –responde–. ¿Lista para esto?

–Más que lista –asiento con la cabeza.

Teddy, el celebrante de la boda, ensaya una risita.

–La novia y el novio están ansiosos por empezar –anuncia, jovial–, así que adelante. –Se pone serio y agrega–: Estamos aquí para presenciar la unión de dos almas, la de Marisol Luzia Machado Campos y la de Alejandro Juan Carlos Flores Cordero…

¿En serio estoy haciendo esto?

«Creo que sí».

¿Es lo más escandaloso que hice en mi vida?

«Sí».

¿Javi querrá tanta atención puesta en él?

«Probablemente no».

Ay, Dios, quizás no debería ponerlo en esta situación.

«O quizás sea el gesto que le demuestre que no existe nadie más para mí».

Hago respiraciones cortas y poco profundas para calmar los nervios. Ay, Jesús, llegó la hora.

–Marisol, ¿estás lista para leer tus votos? –pregunta Teddy.

Sacudo la cabeza, incapaz de comprender lo que dice.

–¿Qué?

Se inclina hacia adelante y murmura:

–Los votos, querida. Tienes que leerlos.

–Eh… ¿No vas a preguntar si alguien se opone a la boda?

Teddy junta las cejas y golpea el dedo contra el libro que tiene en la mano.

–Eso ya no forma parte de la ceremonia, querida.

–Pero… –digo, exhalando un suspiro.

–Lo que mi novia trata de decir –susurra Alex– es que ella quiere que preguntes si alguien se opone a la boda.

La mirada de Teddy alterna entre Alex y yo; luego asiente con la cabeza.

–Entiendo. –Se rasca la cabeza–. Déjenme pensar.

–Improvisa algo –le pido–. Por favor.

Teddy sonríe sin ganas y se dirige a los invitados.

–Amigos y seres queridos, Marisol y Alejandro…

–Alex –corrige mi falso novio.

–Ah, sí, claro –asiente Teddy–. Eh, amigos y seres queridos, Marisol y Alex quisieran iniciar su matrimonio con la seguridad de que cuentan con el apoyo pleno de todos los presentes.

Y, como celebrante, tengo un interés especial en que no haya impedimentos para que la boda se concrete.

Así que si alguien conoce algún motivo por el que la novia y el novio no debieran unirse en matrimonio, que hable ahora o calle para siempre.

Me balanceo sobre los pies mientras el murmullo de los invitados crece; luego junto la fuerza para decir lo que tengo en mi corazón.

–¡Yo me opongo! –Lo grito tan fuerte que las palabras retumban en mis oídos.

–Era hora, carajo –musita Sasha.

Algunos ahogan un grito; otros se ríen; hay un «¡Madre de Dios!» por ahí. Pero todos miran más allá, su atención puesta en… Espío sobre mi hombro… ¿Javi?

Alex se inclina hacia mí y me dice al oído:

–Él también se opuso.

Me doy vuelta al instante, la mano contra el pecho, y observo boquiabierta a mi mejor amigo.

–¿Qué está pasando?

Javi cruza su mirada con la mía mientras corre hacia mí.

–Perdón. Me juré que no lo haría. Pero… –frunce el entrecejo– ¿te opusiste a tu propia boda?

Asiento enérgicamente; mis ojos se humedecen con lágrimas de risa.

–Sí.

Su boca hace una mueca, y es lo más hermoso que vi en mi vida.

–¿Siempre debes tener la última palabra? ¿Siempre?

–Por Dios, no puedo creer estar viviendo esto... –Contengo la risa.

Giro hacia mi padre, que está paralizado, con la mandíbula contra el suelo.

La madre de Alex se pone de pie de un salto y, con el índice en el aire, recrimina:

–¡Qué grosera! ¡Qué maleducada! ¡Así no es como se trata a la gente! –Y se marcha, con las hijas por detrás.

Bueno, la señora Cordero en parte tiene razón, pero lo que ignora es que su hijo no está libre de culpa y que le estoy concediendo más gracia de la que merece.

Después de unas zancadas furiosas, la madre de Alex vuelve sobre sus pasos.

–¡Alejandro! ¡Vámonos!

Alex hace una mueca, obediente, y luego me toma la mano.

–Debo hacer mi papel de novio compungido. Hablamos después, ¿sí?

Asiento con la cabeza, pero apenas lo miro porque no puedo despegar los ojos de Javi.

–¿Podemos hablar? –pregunta Javi, y le entrega a Chocolito a Jeremy, quien se aleja caminando hacia atrás–. ¿En privado?

–Eh, señorita Campos –murmura Teddy, el celebrante–, ¿ya no me necesita?

Me sobresalto al escucharlo y sonrío, culposa.

–Te pido perdón, Teddy. Sí, ya no te necesitamos.

–¿Eso es bueno?

–Es fantástico. –Lo abrazo.

–Muy bien. –Me palmea la espalda.

–¡Marisol! –chilla mi padre, iracundo–. ¿Qué significa todo esto?

Libero a Teddy de nuestro abrazo incómodo y quedo cara a cara con mi padre.

–Javi y yo tenemos que hablar. Te veo más tarde.

–¿Más tarde? –Gesticula frenético–. ¿Echaste por la borda la boda por la que pagué una fortuna y me verás más tarde? ¿ Que diabos é isso ?

El torso de Javi me roza la espalda al ubicarse detrás de mí. Esa muestra de apoyo lo es todo. Me dice que no estoy sola, que él estará a mi lado más allá de cómo yo decida manejar la situación. Extiendo el brazo hacia atrás y me aferro a su mano; luego le hablo a mi padre.

–Tú y yo hablaremos cuando pueda hacerlo. Mientras tanto, sería mejor que te preocuparas por tu sucesor. Él es el futuro del estudio, ¿no?

Los ojos de mi padre fulguran desprecio cuando se posan en Javi.

–Lo que te haya dicho es mentira.

–Javi no me dijo nada. –Niego con la cabeza–. Te escuché. En el baño. Escuché sobre tus planes importantes. Quiero que sepas que ya no seré parte, así que haz con ellos lo que quieras.

–Tú… –Me apunta con el dedo.

– Fica quieto , Luiz –interrumpe mi madre–. ¡ Você já disse o suficiente ! –Mi padre aprieta la mandíbula, nos mira a Javi y a mí y se marcha de mal modo.

Mi madre imita su partida tempestuosa, lo que provoca algunas risas en mis amigas. Su expresión de repente se vuelve seria cuando se fija en mí, y la mirada se enternece cuando me toma fuerte de la mano.

–Ve. Ocúpate de ti. –Le guiña un ojo a Javi–. Y de él.

Mis ojos recorren el parque. Una decena de invitados se demoran sobre la alfombra central; otros permanecen en sus asientos.

–Les pido disculpas a todos. –Me acerco. Se me ocurre explicarles por qué eché a perder mi propia boda, pero necesito explicárselo a Javi primero. Así que, entonces, les propongo–: Están sirviendo un refrigerio fantástico en el salón principal. Por favor, vayan y disfrútenlo.

Recojo la falda del vestido y blando el ramo de flores, sin saber qué hacer con él.

–Me lo llevo –dice Brittany, tomándome de la mano libre–. Ya no lo necesitas.

–Gracias –lloriqueo.

–¿Quieres que…? –Sasha se acerca y señala la peineta que sostiene el velo.

–Ah, sí. –Pongo los ojos en blanco–. No me hace falta.

Sonríe mientras me quita el velo.

–Mucho mejor. –Me cobija en sus brazos–. Estuviste bien hoy. Recuerda que siempre estaremos para ti.

–Lo sé –digo, y le aprieto la mano–. Te quiero.

–Yo también te quiero. Ahora móntate a ese hombre y regálate un poco de vitamina D.

Estallo en una carcajada contra su cuello. Cuando me separo de Sasha, hago una respiración profunda, sanadora, y entrelazo mis dedos con los de Javi.

–¿Estás listo?

–Absolutamente.

Todavía queda mucho por conversar, pero es la palabra que necesitaba oír. Su seguridad. Su convicción. Porque yo jamás estuve más segura de que este hombre es mi futuro. Ahora debo averiguar de una vez por todas si él está dispuesto a dar el salto conmigo.