Cuando Javi ghosteó a Mari Capítulo 43. Javi
91%

Capítulo 43. Javi

En la actualidad

Me aferro al lavabo, inclino la cabeza y respiro hondo. El bistec estaba exquisito, pero el estómago me da vueltas. No es por la comida; es que me estoy abalanzando hacia lo inevitable.

Falta solamente un día y, aunque estoy convencido de que Alex es un idiota, no hizo hasta ahora nada que lo descalifique.

¿Lo elegiría para Mari? No. Pero eso no es sorpresa.

No elegiría a nadie para Mari… excepto a mí.

¿Es razón suficiente para echar a perder esta boda?

Claro que no. Además, Mari me dijo con términos en absoluto ambiguos que no quiere eso.

Alzo la cabeza y contemplo mi reflejo en el espejo. Soy un tipo aceptable, y me esperan cosas importantes. Lo presiento. Mi amistad con Mari perdurará; le guste a Alex o no. Eso debería bastar.

El ruido del agua que corre dirige mi atención a la persona que sale del cubículo.

Por Dios. Ahora no.

Luiz me saluda con una inclinación de cabeza y luego se lava las manos en silencio.

Cuando finalmente habla, lo hace en voz baja, pero en un tono ríspido.

–Creí que teníamos un acuerdo. Pero estás aquí, metiéndote en todo y causando problemas.

Podría intentar justificarme; explicarle que Alex es el origen verdadero de los sabotajes del fin de semana, pero ¿para qué? Luiz no me soporta, y nada de lo que yo diga calmará sus ánimos. Yo soy el que no encaja en su mundo diseñado a la perfección. Yo soy el intruso.

–Mari me pidió que viniera y, por si necesita que se lo recuerde, este fin de semana es de ella. De ellos.

–¿Qué es lo próximo que vas a hacer, entonces? –Echa chispas por los ojos–. ¿Levantar la mano cuando el celebrante pregunte si alguien se opone a la boda?

–No lo había planeado –respondo y, para fastidiarlo, alzo los hombros y agrego–: Pero uno nunca sabe lo que puede suceder.

–A decir verdad, nunca haría nada para arruinar un día tan importante para Mari.

Si es valioso para ella, es valioso para mí.

Por supuesto que mi deseo era hallar una razón que demostrara que Alex no es la pareja perfecta para ella, pero soy lo bastante hombre para dar un paso al costado.

Parece que mi comentario al pasar enfurece a Luiz. Me toma con fuerza del brazo y me obliga a girar para quedar frente a él apuntándome con el dedo.

–¡ Me escute, filho da puta !

Doy un paso atrás y alzo las manos.

–Tranquilo, Luiz. Era una broma. Por Dios. Jamás haría…

–Mejor que sea una broma –interrumpe, mirándose en el espejo para acomodarse el blazer –. Lo importante de esta boda no son solamente Mari y Alex. Se trata de nuestra familia. De mi legado.

–¿Legado? ¿Sabe si Mari quiere tener hijos?

Busca mis ojos en el reflejo y pone los suyos en blanco.

–No hablo de esa clase de legado. Hablo del estudio.

Del futuro de Mari. Del futuro de Alex. Ellos dirigirán el estudio algún día.

Alex apaciguará su corazón blando. Tomará las decisiones antipáticas.

Hará lo que hubiese hecho yo. Ella lo necesita.

Y cuando Mari esté lista para tener hijos, Alex se pondrá al frente.

Así deberían ser las cosas. Así las planeé yo.

–¿Mari sabe esto? –lo interpelo con el ceño fruncido–. ¿Sabe que diagramó su vida? ¿Que piensa cederle el estudio a su esposo? ¿Que pretende que postergue su carrera por los hijos, quiera o no tenerlos?

–Pronto lo sabrá. Es lo mismo que hizo su madre.

–Fíjese cuál fue el resultado –murmuro entre dientes.

–No creas que me conoces a mí o a mi exesposa –agrega con una mueca–. No tienes idea. Lo único que importa ahora es que Alex sabe cuál es su papel, sabe lo que está en juego. Hace años que lo estoy preparando.

Por Dios, esto está podrido por todos lados.

¿Mari pensará lo mismo que yo? ¿Estará satisfecha con las migajas que su padre intenta repartirle?

Ella dedicó toda la vida al estudio. Proyecta expandirlo.

Quiere convertirlo en un lugar en el que los dueños de empresas pequeñas también puedan prosperar.

¿Luiz siquiera contempla esos objetivos?

Vuelve a girar para quedar frente a mí.

–Déjame darte un consejo: si quieres permanecer en la vida de mi hija, mañana cierra la boca y sonríe. Esto es mucho más grande que tú o que el cuento de hadas que habita en tu mente ociosa.

–¿Es una amenaza? –pregunto, entrecerrando los ojos–. ¿Qué pasa si le cuento todo a Mari?

–Le romperías el corazón, y lo sabes –responde, apático–. ¿En serio quieres eso? Además, si la boda no ocurre, ¿sabes quién heredará el estudio de todos modos?

Por Dios. Detesto a este hombre a nivel molecular.

–Alex quedaría al frente.

–Es lo lógico. Él es el futuro; tiene una visión amplia del negocio.

–Pero ¿para qué la boda, entonces?

–No te preocupes por eso –vocifera–. No soy un villano tonto para revelar todos mis secretos.

–Más o menos…

Me fulmina con la mirada, la mandíbula tensa.

–¿Sabes qué? Si me hubieras hecho caso años atrás y te hubieras alejado de Mari como te pedí, hoy no estarías aquí. Considérate dichoso de que te hayan invitado y sal de mi camino.

Con los puños cerrados a los costados, no dudo en enfrentarlo.

–Hice bien en no hacerle caso antes y hago bien en no hacerle caso ahora. Siempre pensó que yo no era bueno para Mari, pero se equivoca. Soy bueno para ella. ¿Sabe por qué? Porque, para mí, su felicidad es la prioridad. Siempre. ¿Usted puede decir lo mismo?

La tensión entre nosotros es como la cuerda de un arco segundos antes de romperse.

Nos miramos fijo y en silencio, hasta que nos sorprende el vaivén de la puerta del baño al abrirse y las conversaciones de las personas en el salón.

Luiz se recompone enseguida y adopta una sonrisa muy falsa. Pero nadie entra.

Por Dios, si Mari supiera lo que su padre tramó, se sentiría dolida, devastada, desilusionada.

Su mundo jamás sería igual. Pero si ella quiere casarse con Alex, y Alex quiere casarse con ella, ¿qué puedo hacer?

¿Cómo podría romper sus ilusiones? No soy el mismo de hace ocho años, cuando Luiz me arrinconó en la recepción de un edificio.

No. Esta vez pelearía por Mari. Pero ¿ella desea que haga eso?

¿No me guardaría rencor? No sé qué pensar, qué hacer.

Estoy paralizado. Y eso, supongo, es exactamente el objetivo de Luiz.

–¿Quedó claro? –pregunta Luiz.

Una vez más, me enfrento a la disyuntiva de elegir entre lo que es mejor para la persona por la que haría lo que fuese en este mundo y lo que me haría feliz a mí. Al fin y al cabo, siempre se trató de ella. Lo central siempre fue ella. Después de una pausa larga de silencio, asiento con la cabeza.

–Sí, quedó claro.

Luiz sale del baño con paso firme, y yo me quedo mirando mi reflejo en el espejo y preguntándome si hago lo correcto. Mierda, esta angustia me va a carcomer por dentro. Debería saberlo. Lo mismo ocurrió la última vez.