Cuando Javi ghosteó a Mari Capítulo 40. Mari
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Capítulo 40. Mari

En la actualidad

Chloe, de pie junto a mí, observa a la persona encargada de la degustación de vinos y ahoga un grito.

–Las cosas que le haría.

Le pellizco el hombro. Da un alarido y se frota con dramatismo como si de veras le doliera.

– Mierda , Mari, me lastimaste.

–Compórtate –le digo–. Es un profesional y merece tu respeto.

Lo admira embobada.

–No tengo problemas en arrodillarme a sus pies y tratarlo de «usted». ¿Eso te parece respetuoso?

–Me estás superando –le indica Sasha.

Brittany y yo, las más sensatas de este cuarteto caótico, nos miramos y sacudimos la cabeza.

–Soy Sebastian Price. –Con sus ojos verde pálido y su cabello entrecano, parece un galán maduro. A decir verdad, entiendo por qué Chloe quedó obnubilada–. Mi familia es dueña de la finca Crystal Canyon –prosigue–, y hace poco menos de diez años que soy empresario viñatero y sommelier .

Chloe se me acerca.

–También podría decirle «papito ricachón».

–Basta –susurro.

Sebastian camina por la galería mientras relata la historia del viñedo, asegurándose de entablar contacto visual con las personas que estarán en la boda.

Al menos con quienes vinieron. La madre de Alex prefirió abstenerse, y los hombres, al parecer, están resolviendo modificaciones de último minuto en su atuendo con el sastre que Alex contrató.

Miro el reloj. ¿No deberían haber llegado ya?

No bien esa idea cruza mi mente, Alex sube por el sendero serpenteante que mira al valle. Los miembros de su comitiva, incluido mi padre, trotan detrás de él en fila india. Busco a Javi entre el grupo y suspiro aliviada cuando lo diviso en último lugar.

–Hola –digo a Alex cuando llega junto a mí–. ¿Cómo fue todo?

–Fantástico. –Me besa en la mejilla–. Un problema menor con el traje de Javier, una mancha o algo así, no sé, pero la lavandería ya se está haciendo cargo de eso y estará listo para la ceremonia de mañana.

Le palmeo el pecho.

–Gracias por ocuparte.

–No tienes por qué agradecerme –responde, y me cobija bajo su brazo. Concentra su atención en Sebastian, quien está explicando qué esperar de la degustación de hoy.

–Comenzaremos aquí, en la terraza, donde saborearán nuestros vinos blancos. Dos buenas noticias: la primera es que, aunque técnicamente llamemos a esto una degustación, el anfitrión, Luiz Campos, mejoró la propuesta y serviremos más vino del que por lo general ofrecemos.

Todos aúllan encantados.

–La segunda –continúa Sebastian– es que hubo un pedido de incluir bebidas sin alcohol, y les gustará saber que tenemos varias opciones: dos vinos blancos, un rosado y una cerveza IPA.

Javi levanta la mano.

–¿Sí, caballero?

–¿Cómo es eso? ¿Son vinos de verdad?

Sebastian, de pie con las piernas abiertas, cruza los brazos sobre el pecho. Chloe gime. Luego susurra:

–Jesús, esa pose debería ser ilegal en la zona continental de Estados Unidos.

Brittany apenas contiene la risa.

–Me alegra que haya preguntado –responde Sebastian–.

Los llamamos «vinos desalcoholizados». La uva crece con los métodos vinícolos tradicionales, y luego aplicamos la tecnología de cono giratorio, que extrae el alcohol.

La experiencia de degustación de estos vinos es lo más auténtica posible: la intensidad del aroma, la riqueza del sabor, la exuberancia de las frutas. Pero sin el alcohol.

–Qué maravilla –acota Javi–. Me quedo con esa opción para todo el recorrido.

–Yo también –asiente Sasha.

Sebastian extiende los brazos y nos indica que lo sigamos a la mesa de degustación.

–Siéntense, por favor. En cuanto estén todos alrededor de la mesa, traemos las bebidas.

El grupo se divide en dos; las mujeres se acomodan en una mitad de la mesa y los hombres se instalan en la otra. Extrañamente, Alex no se sienta frente a mí, pero me alegra ver que está conversando con Javi en un extremo.

Javi me descubre mirándolos y me saluda con la mano.

–¡Pórtate bien! –le grito, señalándolo divertida con el dedo.

Justo en ese instante, una decena de camareros descienden sobre nosotros, cada uno con dos bandejas de muestras de vinos, así que no escucho lo que responde.

–¿Para quiénes son las opciones sin alcohol? –pregunta uno de los camareros.

Señalo la cabeza de Sasha con la mano.

–Una por aquí. –Luego hago un gesto hacia el extremo opuesto de la mesa–. Y la otra para el muchacho que está sentado junto al novio.

El camarero deposita parte de las copas frente a Sasha y se dirige rápido en dirección a Javi.

Sebastian nos guía durante la degustación, pero Mirna y Danila vacían sus copas cual maratonistas que arrebatan los vasos de agua que los voluntarios les ofrecen a lo largo del camino.

–Ey, esto está bueno –comenta Sasha–. No se nota que no tiene alcohol. –Levanta una copa frente a mi cara–. Prueba.

Bebo un sorbo y enderezo los hombros.

–Guau, tienes razón, hubiera caído perfectamente en la trampa.

–Sasha –llama Javi desde su rincón en la mesa–, parece de verdad, ¿no es cierto?

–¡Sí! –exclama.

Yo prefiero los tintos, así que apenas bebo unos sorbos de los blancos, en anticipación a lo bueno que vendrá después.

Por ahora, disfruto de que, aparentemente, todos la están pasando bien.

Y, como no hay nada en la agenda hasta la ceremonia de mañana, podemos divertirnos sin preocuparnos por pasarnos de la raya.

Modestia aparte, planifiqué este fin de semana a la perfección.