Cuando Javi ghosteó a Mari Capítulo 33. Mari #3
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Capítulo 33. Mari #3

En un extremo del escenario, Javi se frota el rostro. Nuestras miradas se cruzan, y le muestro la lengua. Javi se ríe, y la ansiedad me invade de solo pensar en lo que está a punto de suceder. Además, sí, estoy sacando fotos.

La música es contagiosa –resulta verdaderamente imposible quedarse quieta–, y todos nos sacudimos en nuestros asientos, ejercitando la parte de arriba del cuerpo.

Javi se balancea de un lado a otro, al parecer dispuesto a que lo eliminen rápido.

El hombre del traje de baño minúsculo enseguida intenta asegurarse el primer premio y, para eso, se arranca la camisa y agita las caderas como si estuviera en un videoclip.

La multitud enloquece, y el hombre se regodea.

Estoy lista para decretarlo como campeón cuando aparece ese brillo tan particular en los ojos de Javi, quien me señala y gesticula: «Esto es para ti».

Entonces, se quita la camisa y la arroja al público.

Sasha extiende el brazo sobre mi hombro y lo aprieta.

–Ahhhh, ¡esto es épico!

Es verdad. Pero también me confunde. Javi no disfruta ser el centro de atención, y verlo desinhibirse de esa manera me descoloca.

Chloe respira hondo y abre y cierra los ojos.

–Miren los abdominales de ese hombre.

Eso es precisamente lo que intento no hacer. Por desgracia, es casi imposible concentrarse en otra cosa, en especial cuando se contonea para remarcar su forma y me ofrece una nueva ondulación en la que centrar mi atención cada vez que los contrae.

–¿Alguien está filmando? –pregunta Brittany mientras trata de recobrar el aliento y se seca los ojos con un pañuelo de papel–. Para la posteridad.

–Y el chantaje –agrega Sasha, guiñándome un ojo.

–¿El maestro de ceremonias no debería estar diciendo quiénes quedan fuera? –mascullo.

Por suerte, el maestro de ceremonias se ubica detrás de los participantes y alienta al público a votar alzando la mano.

Dos mujeres blancas, tan pasadas de copas que casi no pueden tenerse en pie, exhiben el dedo del medio a la multitud cuando las eliminan, mientras que Javi y el hombre del traje de baño minúsculo pasan a la ronda siguiente sin problemas, muy probablemente por la intensidad del aplauso de nuestra mesa.

Al rato, otros cuatro bailarines deben abandonar la competencia, lo que, como era predecible, ubica en la final a los dos favoritos desde el principio.

Javi y el hombre del traje de baño minúsculo, quien, según el maestro de ceremonias, se llama Gianni, es jubilado, nació en Italia, creció en Argentina y tiene siete hijos.

Se colocan cada uno en un extremo del escenario para planificar el esfuerzo final que conquistará a la audiencia.

Javi y el maestro de ceremonias juntan las cabezas y les hacen señas a algunas camareras para que se acerquen. ¿Qué está tramando?

Mis ojos quedan atrapados por Gianni, quien hace planchas sobre el escenario con el fin de prepararse para la batalla.

¿Cómo puede estar ocurriendo esto? ¿Javi alguna vez se repondrá tras haber sido derrotado por un septuagenario que usa una especie de tanga literalmente las veinticuatro horas del día?

Preparo el teléfono para filmar la contienda final, pero, cuando Gianni empieza a contorsionarse en el escenario, me doy por vencida.

Las manos me tiemblan, y no logro capturar los momentos de esta batalla desigual; pero, luego, Javi alza las manos, y las camareras con las que había estado conversando suben al escenario con jarras y le lanzan agua.

Javi se menea, mientras se relame y salpica a las mujeres que están más cerca del escenario.

Y eso no es todo: se deja caer al suelo, chapotea con el charco que se formó y se pasa un dedo de izquierda a derecha por los labios, en una recreación del momento icónico en que Tom Holland cantó Umbrella , de Rihanna, en Lip Sync Battle .

La multitud enloquece.

Y así, amigos míos, es cómo se gana un concurso de baile.

Ignoraba que Javi tuviera esa virtud, pero este fin de semana ha sido una caja de sorpresas, ¿no?

–Desfallezco –exagera Sasha, colapsando en la silla y llevándose la mano al corazón.

–Y tengo pruebas en video. –Alzo el teléfono en la mano, triunfante.

–Qué manera de terminar este viaje alucinante –remarca Chloe.

Así fue exactamente: alucinante. A pesar de todo lo que tengo entre manos, siempre puedo contar con mis amigos para evadirme.

Esperamos a que Javi reciba su premio; luego, regresa a la mesa, con el pecho desnudo y jadeando.

–Eso sí que fue sensacional –le digo, dando aplausitos.

Me extiende la champaña sin dejar de mirarme y, después, me guiña un ojo.

–Haría cualquier cosa por ti, Mari.

Algo en la forma de decir esa frase hace mella en mi alegría y devuelve mi mente al modo «dar demasiadas vueltas».

Es cierto que haría cualquier cosa por mí…

ahora. Pero la situación no siempre fue así.

Desapareció de mi vida durante años, y volvimos a estar juntos solamente porque tuvimos un encuentro casual.

Una parte de mí jamás olvidará ese dato.

Supongo que tener buena memoria es una ventaja para mí. Al fin y al cabo, fue lo que me condujo a Alex.