Capítulo 31. Javi
Ocho meses antes de la boda
Hace un rato largo que Mari está en el baño, y no puedo dejar de pensar si lo único que está haciendo es mirar su reflejo en el espejo y negar con la cabeza.
Eso es lo que debería hacer yo.
Cuando reaparece, completamente vestida, acomodada y tan bella como siempre, resopla.
–Hay algo de todo esto –Mari sacude la mano entre su cuerpo y el mío–, de nosotros, juntos, que no me gusta.
Un dolor se me instala en la boca del estómago.
–¿Qué quieres decir?
Baja el mentón.
–Ni siquiera estoy segura de lo que quiero decir, pero es como si no supiéramos que somos el uno para el otro.
Todo está embarrado y revuelto. Como si estuviéramos haciendo todo mal.
O sea, piénsalo, Javi. Hace unas horas salí con un chico, y acabamos de tener sexo contra una puerta. ¿Qué carajo pasa?
No está equivocada, pero no sé qué decir ni hacer. Es difícil avanzar hacia algo si no sabes cómo llegar. Estoy… estancado.
–Dijimos que siempre daríamos prioridad a nuestra amistad –me recuerda–. Y no es lo que estamos haciendo. Lo que acaba de ocurrir no tiene sentido. Es cuestión de química. De feromonas. De un poco de enojo, quizás. Pero no es algo que evolucione –duda.
–Dilo –la presiono.
–Siento que tampoco estamos evolucionando como personas. ¿No es eso lo importante? ¿De lo que se trata la vida?
Cruzo los brazos sobre el pecho. Me afirmo sobre las piernas.
–En síntesis, no te dejo progresar.
–O soy yo la que no te deja progresar –me corrige con los ojos brillosos.
–No te sigo –repongo con una irritación imposible de disimular.
Me estudia durante un rato largo. Es un silencio incómodo. Un silencio en el que está sin duda sopesando sus palabras. Finalmente, pregunta:
–¿Por qué no aceptaste la oferta de Jeremy?
–¿Qué?
No estoy siendo deliberadamente obtuso; estoy de veras confundido. Hace segundos, estábamos hablando de nuestra amistad enrevesada. Lo que estaba… bien. ¿Y ahora el tema es Jeremy?
–No te hagas el tonto, Javi. Sabes muy bien de qué te hablo. Te ofreció financiar el musical. ¿Por qué no aceptaste enseguida?
–Porque lo que está haciendo es regalarme su dinero. A Jeremy le importa un rábano el musical.
–Pero sí le importas tú. Quiere invertir en ti. ¿A quién le interesa si le importa el musical o no? Acepta la ayuda y haz tu sueño realidad.
–No es tan sencillo. El dinero trae ataduras.
–Sí, por lo general es lo que ocurre con esa clase de dinero. ¿Te pidió que firmaras algo? Podría revisarlo…
–No, no hay contrato.
–¿Qué es lo que te pide a cambio, entonces?
–Que lo mantenga al tanto. Con actualizaciones regulares, por el momento.
Se lleva una mano al pecho y ahoga un alarido.
–¡Qué atrevido!
–Bueno, bueno, ya dejaste tu mensaje en claro. Ahora cierra la boca y reserva un poco de sarcasmo para más tarde.
–Mis provisiones son infinitas.
–No me cabe duda.
Se me queda mirando un momento y, luego, abre grandes los ojos, como si tuviera una especie de epifanía.
–Tienes miedo.
–No seas ridícula.
–Te preocupa fracasar.
–A todos nos preocupa fracasar.
–Es cierto, a la mayoría nos preocupa. Pero no dejamos que esas preocupaciones se interpongan en el camino hacia nuestras metas.
–Ese no es mi caso.
–Entonces, ¿por qué estás siempre –dibuja comillas en el aire– «trabajando en el musical»? Como si fuera literalmente un empleo. Te diré por qué. Porque mientras trabajes en el musical, no serás el tipo que escribió un musical que fue un fiasco.
–No. Porque mientras tanto soy un tipo que actúa y trabaja de barman –protesto.
–Y que está escribiendo un musical que algún día se pondrá en escena. –Levanta cada vez más la voz–. Y no sería tu amiga si no te sacudiera del limbo en el que pareces vivir. Si no te presionara.
–Pero ¿qué pasa si nunca dejo de ser solamente un tipo que actúa y trabaja de barman?
Me levanta el mentón y me mira fijo.
–Nunca serás solamente nada, Javi. Al menos no para mí.
–No eres objetiva.
–No. No me molesta admitirlo. –Se inclina hacia mí–. ¿Quieres ser un tipo que actúa y trabaja de barman?
–No, quiero ser un tipo que escribió un musical que estuvo en cartelera en el circuito no comercial de Broadway.
–En el circuito comercial de Broadway.
–Sin presiones.
–No importa. ¿Qué es lo que te detiene?
–¿Yo mismo?
–Exacto. Así que dile a «yo mismo» que se haga a un lado, carajo.
Creí que conocía todas las facetas de mi amor por Mari, pero esto encendió la clase de amor que surge del alma.
Le pertenezco. Y no es que no quiera estar con ella.
O que no quiera intentarlo. Exactamente lo contrario.
Pero no estoy en una posición en la que sería buena idea seguir esa ruta.
Soy un caos. Un proyecto en desarrollo. Mari es lo máximo.
Y sé que el poder desequilibra las relaciones.
Mis hermanos me enseñaron esa lección una y otra vez: que las personas con influencia o bien la usan para su provecho o sienten que los demás se aprovechan de ellos.
Dudo que Mari caiga en el primer campo, pero sí lo hará en el segundo.
Sospecho que por eso está tan interesada en mi futuro.
Porque Javi, el actor que hace papeles menores y el barman, está bien como amigo; pero Javi, el autor de un musical en el circuito comercial de Broadway –siempre en el circuito comercial, no en el no comercial–, sería una pareja mejor.
Además, existe un obstáculo que podría destruir nuestra relación: su padre.
Convenció a Mari de que le hizo un favor al permitirle quedarse en Estados Unidos con él cuando su madre regresó a Brasil, y todo movimiento de Mari busca que su padre no se arrepienta del supuesto sacrificio.
Pero esa es una conversación que no podemos tener.
Porque Mari necesita el visto bueno de su padre.
Por lo tanto, debo evadir el tema. O hacer lo mismo que Mari: buscar su aprobación, algo que nunca me dará.
–Como sea –dice en voz baja–. Esto no puede volver a pasar.
–Está bien. Tú decides. Ya entendí.
–Somos amigos, Javi –insiste, más decidida–. Sigamos así.
Quiero pedirle a Mari que me espere. Que me dé la posibilidad de ordenarme.
Y también el tiempo para cambiar lo que haga falta y ser digno de ella.
Pero eso no sería justo. En mi cabeza, sin embargo, planeo mis próximos pasos.
Terminaré ese puto musical. Me iré a vivir solo.
Les diré a mis hermanos que se vayan a la mierda.
Bueno, quizás no haga eso último. Pero voy a considerar lo del analista.
Alguien que me ayude a procesar el equipaje que cargo como un ancla.
Entonces, Mari y yo por fin seremos pares.
Entonces, me desplomaré a sus pies. Entonces, su padre se verá forzado a aceptarme.
Mientras tanto, seré el mejor amigo que haya tenido.
Espero que con eso alcance.