Cuando Javi ghosteó a Mari Capítulo 29. Javi
64%

Capítulo 29. Javi

Ocho meses antes de la boda

–¿Qué es la que hay? –lanza mi antiguo compañero de habitación, Jeremy «Slaughter III», poniéndose de pie.

Nos encontramos para almorzar en Spago, un restaurante más Los Ángeles que la misma Los Ángeles, y la aparente y recientemente adquirida facilidad de Jeremy para comunicarse en castellano –en castellano de Puerto Rico, nada más ni nada menos– me vuela la cabeza.

–No me digas –le respondo al darnos un apretón de manos y un abrazo–. ¿Hablas castellano? ¿Desde cuándo?

–Ey, ey, ey. –Extiende los brazos con las palmas hacia adelante–. Busqué en internet esa tontería que acabo de decir. Es lo único que sé, viejo.

–No cambiaste nada –río–. Haces lo mínimo a pesar de que naciste con lo máximo.

–Es un don.

–Que heredaste de tu padre y tu abuelito.

Me mira con una sonrisa complaciente. Un insulto es un cumplido en el mundo de Jeremy.

–No te invité a almorzar para que me fastidiaras. –Hace señas a una camarera.

–Lo sé, lo sé. –Miro alrededor–. ¿Cuándo llegan los demás?

–¿Los demás? –intenta comprender, con el ceño fruncido.

–Me… me dijiste que querías presentarme a inversores potenciales. ¿No era ese el objetivo del viaje? –Cierro los ojos con fuerza y luego los abro, con la mandíbula desencajada–. Jer, dime que no me hiciste venir hasta Los Ángeles para nada.

–Claro que no –se burla–. Tranquilo, viejo.

Antes de que pueda acribillarlo a preguntas, se acerca la camarera, se presenta y pregunta si preferimos agua de grifo o de botella. Jeremy pide agua gasificada.

–De grifo para mí –le digo.

Cuando se aleja, me inclino hacia Jeremy.

–¿Qué pasa, Jer? Me diste nombres. Tanner. Rubenstein. Jones. Hice averiguaciones.

–Es la esencia de lo que hacemos, viejo. –Hace una mueca–. Te dicen que están interesados y después ¡puf!, pasan a otra cosa.

–¿Ni siquiera quieren conocerme?

–Se arrepintieron –explica, encogiendo un solo hombro–. Lo siento.

–¿No podrías haberme dicho esto antes de que me subiera al avión? Tuve que meter mano a mis ahorros para comprar el pasaje.

–No importa.

–¿Cómo que no importa, carajo?

–Quería que vinieras.

–¿Para qué?

–¡Para decirte que quiero financiar tu musical, tonto!

Dejo escapar una exhalación de sorpresa.

–¿Por qué querrías hacer algo así?

Jeremy se inclina hacia adelante, apoya los codos en la mesa y extiende los dedos.

–Eso debería ser obvio: eres brillante, viejo.

Lo sabía cuando estudiábamos juntos y lo sé ahora.

Y la idea es una mina de oro. Pero tienes que terminarlo.

No puedo conseguir financistas si no tengo qué mostrarles.

–Carraspea, como si estuviera sorprendido de todo lo que dijo–. ¿En qué etapa del proceso estás?

–Me falta. Todavía no decidí cuál será el eje central ni escribí las canciones.

–Eso fue lo que dijiste el año pasado. Y el anterior.

–Porque lo hago por vocación y, mientras tanto, tengo cuentas que pagar.

–Pensé que dirías eso. Y es la razón por la que quería verte personalmente.

Para decirte que quiero darte la tranquilidad para que termines el musical.

Quédate a vivir conmigo. Casi nunca estoy en casa.

Puedes escribir, pensar, caminar por la playa, lo que sea que necesites para terminarlo.

Lo único que te pido es que me mantengas al tanto de los progresos.

–No puedo dejar todo y venir a vivir aquí –respondo, aunque ya estoy contemplando la posibilidad.

–Mari predijo que dirías algo por el estilo –ríe.

Frunzo el ceño.

–¿Mari? ¿Están en contacto? ¿Para hablar de mí?

–Nos vimos hace unas semanas. Contraté al estudio de su padre para que me revisara un acuerdo.

–¿Y así surgió esta propuesta?

–Mencioné al pasar que quería que vinieras. Para terminar ese puto musical. –Bebe un sorbo de agua y continúa–: Le pareció una idea fantástica, pero dijo que no ibas a aceptar.

–Porque me conoce bien.

–Oye, no estábamos conspirando. Es una amiga en común, nada más. Y los dos nos preocupamos por ti.

Todo parece absolutamente inocuo, pero de repente siento que la ropa me corta la circulación. No puedo dejar de pensar que quizás me ven como una obra de caridad. Hablaron sobre cómo pincharme el trasero y se les ocurrió este plan.

La camarera regresa para tomar los pedidos e interrumpe mi tren de pensamiento. Tal vez sea lo mejor.

Cuando se va, anuncio:

–De hecho, me reuniré con ella más tarde.

–¿Con Mari?

–Sí. Está saliendo con alguien nuevo. Me voy a encontrar con ellos en un restaurante en Culver City y, después, como soy tan buen amigo, iré a su casa para armarle una biblioteca.

–Sabes que hoy en día se pueden comprar bibliotecas ya armadas, ¿no?

–Es lo que me pidió –aclaro.

–Después de tanto tiempo –suspira–, ¿no te molesta? Ver a Mari con otros hombres, digo.

Me recuesto en el respaldo e inclino la cabeza hacia atrás.

–¿Por qué me molestaría?

–Por Dios, Javi, estás hablando conmigo. Estás muerto por ella desde la primera vez que la viste.

–Somos amigos.

–No lo dudo.

–Es más seguro así.

–¿Para quién?

–Para los dos.

–Qué más da. No estoy aquí para evaluar tu amistad con Mari. Pero me gustaría recibir una invitación a tu boda.

–Eso no va a ocurrir. –Niego con la cabeza.

–¿Estás saliendo con alguien?

–En serio, no. –Me encojo de hombros.

Otra vez esa maldita sonrisa complaciente.

–Caso cerrado, entonces.

–No hay ningún caso, así que ya basta.

–Está bien, está bien. –Finge una rendición, extendiendo los brazos y las palmas hacia adelante–. Oye…prométeme que pensarás lo que te propuse, ¿sí?

Lanzo un soplido y le sonrío. Aunque no puedo evitar discutir con él, Jeremy es un buen tipo.

–Sí, lo pensaré.

A decir verdad, creo que es en lo único que voy a pensar mientras esté aquí. Corrección: también voy a pensar en Mari. Porque eso tampoco puedo evitarlo.

***

YO: Cómo era que se llamaba el tipo?

MARI: Sam

YO: Listo. llego en 10

MARI: Genial. Nos vemos

***

Veinte minutos en la cena y me queda claro que Sam es el rey de los idiotas.

Un pendejo sin igual. Para peor, se la pasa sobándose la nariz; o es alérgico a toda materia orgánica o tiene un problema con la cocaína. En el poco tiempo que estamos aquí, llamó a los camareros chasqueando los dedos, respondió una llamada telefónica en la mesa y le tocó el muslo a Mari.

¿Qué es esto? ¿Por qué Mari sale con alguien así? ¿No se da cuenta de que merece una persona mil veces mejor?

Es bastante atractivo, supongo, pero cuando no es grosero, es insulso. Intento entender qué ve Mari en él. Me… enfurece.

Dirijo la mirada hacia Mari, deseoso de que ella haga lo mismo, pero, de repente, demuestra interés exclusivamente en el menú.

Ahora bien, Mari, por otro lado, está encantadora.

Lleva una camiseta entallada y sin mangas con un escote profundo que permite que la magnífica parte superior de su torso se luzca; la melena despeinada le da un aire despreocupado.

No deja de mordisquearse el labio inferior maquillado con brillo, lo que, por alguna razón, es exasperante.

–Javi –dice Sam, echando hacia atrás sus ondas rubias como si posara para una foto–, Mari me contó que sabes hacer un poco de todo.

Mari por fin levanta la vista del menú y busca la mía; tiene los labios apretados en una línea delgada.

–¿Eso te contó? –le respondo, sin quitarle los ojos de encima a Mari.

–Bueno, sí, dijo que actúas, trabajas como barman, escribes. –Gira la cabeza en dirección a Mari–. ¿Qué dijiste que era? ¿Una obra de teatro o algo así?

–Los datos son correctos. No sé por qué no te mandó mi currículo.

Mari cierra el menú de un golpe. Las narinas se le ensanchan.

Bueno, ¿por qué carajo este tipo se mete en mis asuntos? ¿Y por qué carajo Mari habla con Jeremy de mí?

–¿Dónde se metió la camarera? –pregunta Mari, balanceando la cabeza para divisarla en el comedor enorme.

Me inclino hacia adelante y apoyo las manos entrelazadas sobre la mesa.

–Probablemente esté escondida en la cocina después de que Sam la llamó con un chasquido.

–¿Estás bien? –me pregunta Mari.

–Estoy bien. –Me reclino en la silla.

Sam nos mira a Mari y a mí y traga con fuerza. Hasta él se da cuenta de que esta noche no pinta bien.

Se sienta erguido cuando llega la camarera, sus ojos clavados en ella como si fuera una tabla de rescate.

–¡Ah! ¡Aquí está!

La camarera –Amanda, de acuerdo con su identificación– contempla a Sam, precavida.

–¿Quieren consultar algo sobre el menú?

No es de sorprender que Sam tenga muchas consultas y, mientras las formula una por una, ladeo la cabeza hacia Mari, con las cejas juntas.

Esta cena es una pérdida de tiempo para todos.

Preferiría estar solo con mi amiga. Preferiría ponerme al día con ella.

Preguntarle cómo van las cosas en el estudio, con su madre, con la planta de aloe vera que está cuidando para que se recupere.

Está bien, es probable que también esté molesto porque los inversores potenciales que esperaba conocer dieron un paso al costado antes de que pudiera hablarles de La sala de correo .

Me fastidia no tener buenas noticias para compartir.

Y sí, me duele que Mari nunca haya mencionado que habló de mí con Jeremy.

Un ciclón de pensamientos gira en remolino dentro de mi cabeza, y no voy a ser una buena compañía hasta que se disipe.

Sam pide un pastel de cangrejo. Y Mari, salmón.

–¿Y usted, señor? –me pregunta Amanda.

–¿Puedo pasar directamente al postre? ¿Acelerar esto un poco?

Amanda contiene la risa, y yo le sonrío.

Mari carraspea.

–Para él, filete de ternera, ni muy crudo ni muy cocido, puré de ajo y puntas de espárragos.

–Me parece perfecto. –Le entrego el menú a Amanda–. Justo lo que hubiera elegido.

–Lo sé –retruca Mari, inexpresiva–. Por eso lo pedí.

Bueno, ahora los dos estamos molestos. Es un día de mierda, y ya me harté.

Amanda se escabulle y deja a nuestro trío desastroso rumiando solo.

Si alguien nos lanzara en una isla desierta y la consigna fuera que trabajemos en equipo para sobrevivir, pereceríamos, sin duda.

Miro a Mari, que está inusualmente callada y con el ceño fruncido.

Soy el responsable de su mal humor, carajo.

No es Sam, soy yo. Quizás yo sea el idiota.

Pero puedo enmendar la situación. Por Mari.

–¿De qué te ocupas, Sam?

Esa es la pregunta que tiendo a formular cuando la intención es conocer más de alguien. Mi madre me enseñó que preguntar «¿Cómo te ganas la vida?» resulta grosero.

–Me dedico a las finanzas. –Se recuesta en la silla como si se dispusiera a disertar sobre el tema.

–¿Y qué es exactamente lo que eso implica? –Le doy el gusto.

–Me especializo en inversiones de riesgo.

Así nos conocimos Mari y yo. Ella participaba de un panel sobre las implicancias legales de invertir en empresas emergentes.

–Alza una de las comisuras de los labios cuando su mirada se cruza con la de Mari–.

También hago inversiones por mi cuenta. Son proyectos al margen.

Mayormente en la industria del entretenimiento.

No son musicales ni nada por el estilo, pero no lo descarto.

De inmediato, dirijo la mirada hacia Mari. ¿De eso se trata esta cena? ¿Aceptó esta cita por mi carrera? Eso explica por qué le dedicaría un minuto de su vida a este tipo. Por Dios, no. Tengo que poner fin a esto.

–No será el mío –respondo–. Ya hay otro interesado.

Mari abre grandes los ojos y alza los hombros.

–¿Quién?

–Jeremy.

–Es una noticia fantástica. –Me sonríe de oreja a oreja.

–No sé si voy a aceptar, de todos modos. Tengo que pensarlo.

Mari entrecierra los ojos.

–Pero…

–Aquí tienen –interrumpe Amanda, colocando mi plato frente a mí. Otra camarera se encarga de los de Sam y Mari.

Clavo en Mari una mirada aguda.

–Hablemos de esto después. –Lo que quiere decir que ella y yo hablaremos cuando estemos solos. Por mí, Sam puede ir e invertir en una celebridad–. Ataquemos.

Mari fuerza una sonrisa y asiente con la cabeza.

La conversación no será agradable, pero es obviamente necesaria… y nos la debemos hace rato.