Cuando Javi ghosteó a Mari Capítulo 28. Mari #2
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Capítulo 28. Mari #2

Nadie habla y, a decir verdad, me siento una mierda por haber arruinado el clima, pero no puedo evitar sentir lo que siento. Lo que ocurrió fue incómodo para mí, y podría asesinar a Javi por armar semejante lío en mi cabeza.

Me dirijo a la playa y me quito el calzado al llegar.

Varias parejas pasan junto a mí, caminando de la mano y disfrutando de su amor.

Quiero lo que esas parejas tienen, pero, a pesar de que el objetivo está al alcance de la mano, no sé si desarrollaré la profundidad que pretendo para ese sentimiento con la rapidez que necesito.

«No, Mari, detente ya mismo. Alex es un tipo maravilloso. No hizo nada para que dudes de él. Debes mantener la cabeza en orden y concentrarte en asegurar el futuro que siempre quisiste».

Hundo los pies en la arena, me dejo caer de trasero y levanto las rodillas para apoyar los codos.

–Hola. –Sasha se arrodilla a mi lado–. ¿No podías elegir otro momento para hacer un berrinche?

–Perdón, Sash –digo, apoyando la cabeza contra su hombro–. Estuve fuera de lugar. Debe de ser el jet lag .

–No tengo nada que perdonarte. Pero no creo que haya sido el jet lag . Fue el juego.

–Sí.

–¿Quieres contarme qué acaba de pasar?

–No –murmuro.

–¿Quieres responder por «sí» si adivino?

–No –murmuro otra vez–. Pero acepto.

–Bien –empieza, peinando la arena con los dedos de la mano izquierda–, algo que Javi dijo te descolocó. Y creo que la persona con la que tuvo el sexo más apasionado de su vida… fuiste tú.

Gruño.

–¡Lo sabía! –El entusiasmo de su respuesta desaloja mi cabeza de su hombro–. Qué prostituta.

–Habla la santa –resoplo.

Da un giro completo, y quedamos frente a frente.

–No me sorprende, en realidad. Hace años que se revolotean. Más de diez, si tenemos en cuenta la época de pregrado. ¿Qué importancia tiene?

–No tiene ninguna importancia.

–Miénteme una vez más y te entierro aquí mismo.

–Está bien. No quiero que tenga importancia, pero la tiene.

–Mari, te casas en, literalmente, semanas. Con alguien que no es el destinatario de esa importancia.

Por su tono de voz sé que no me juzga, sino que está preocupada por mí.

Si intercambiáramos los roles, yo también estaría preocupada por ella.

Pero Sasha no conoce a Javi como yo. Ni comprende cuánto deseo lo que él no puede darme.

Lo que ni siquiera mis padres pudieron darme.

Alex es la persona indicada para mí. No me cabe duda de que juntos tendremos una vida fascinante.

Además, le cae bien a mi padre, lo que es, de por sí, una ventaja.

–Todo saldrá bien, Sasha. Son los nervios por la boda, nada más. Alex y yo somos la dupla perfecta. Mi pareja con Alex tiene sentido.

–¿Alex te ensartó contra una puerta alguna vez?

Me estremezco. Escuchar esas palabras en voz alta es tan… perturbador.

–No, pero creo que no tendría problema si yo se lo pidiera.

–Esa clase de sexo no se pide. Sucede. Porque no te puedes desprender.

– Hmm . –Es todo lo que digo–. Hablando de otro tema, ¿cuál es el problema contigo?

Se echa hacia atrás.

–¿De qué hablas?

–De las píldoras, Sash. ¿Desde cuándo tienes migrañas?

–No tengo migrañas. –Se pasa la lengua por los labios–.

Pero no cuentes nada: tengo fibrilación auricular, un desorden cardíaco.

A mi edad, es probable que se haya originado por estrés.

Es absolutamente controlable, por eso las píldoras.

Es que… cuando dices que tienes un problema en el corazón, los demás se preocupan. Y no quiero que sea una preocupación.

–Como cuando yo no quiero que mi pasado con Javi tenga importancia.

–Exacto.

–No quieres que sea una preocupación, pero lo es.

–Sí.

–Gracias por contarme, aunque tuve que sonsacártelo.

–Lo mismo digo.

–Esta cosa… ¿Qué te impide hacer?

Sasha traga saliva y luego dirige la mirada hacia el mar.

–Beber demasiado. Pero te deseo buena suerte si intentas prohibírmelo.

–No necesito suerte para prohibir nada. Es potestad de la novia.

–Carajo, no me hagas esto, Mari. Si no bebo, no seré divertida, y terminarás reemplazándome por Chloe.

–Chloe es mi amiga, pero tú eres tú. Ella nunca podrá ser tú.

–Se cree una reina por haber costeado este viaje extravagante de dos días. Está creando un ambiente del tipo de La otra chica negra .

–No vi la serie. Pero Chloe no piensa en el dinero. No necesita hacerlo. Es su peor defecto y su mejor virtud. Te aseguro que no lo usa para sacar ventaja con nadie. Además, eso es imposible. Cuando se trata de ti.

–¿Me lo prometes?

–Te lo prometo.

–Bien, porque es una zorra común y corriente, y ya empezaba a dudar de tu gusto.

–Sasha, Chloe no es una zorra.

–Una zorrica , entonces.

–¿Qué es una zorrica ?

–Una zorra rica –aclara, dejando entender, por el tono, que es obvio.

–No suena mucho mejor.

–No se puede embellecer la verdad.

–¿No es que las mujeres debemos apoyar a las mujeres? ¿Dónde quedó eso?

Se inclina hacia atrás y se apoya una mano en el corazón.

–¿En esta época? Mira, estoy totalmente a favor, pero el apoyo hay que ganárselo. Ya no es automático. Algo más: sabes bien que Chloe nos ubicó a Brittany y a mí en la habitación doble porque quiere hacer un trío contigo y con Javi.

Me río. Es Sasha siendo Sasha; nada es inusual cuando se trata de ella.

–Ni siquiera voy a hacer honor a tu especulación con una respuesta.

–Porque, en el fondo, sospechas que es verdad. Pero nos estamos desviando del tema. Ya que corro el riesgo de perder mi condición de mejor amiga, tengo que preguntar: ¿qué pasa entre tú y Javi?

–No pasa nada, Sash. Simplemente me dejó pasmada cuando confesó que el sexo más apasionado que había tenido en su vida había sido conmigo.

–¿Eso te dejó pasmada? ¿Por qué?

–Porque no me lo esperaba.

–Bien, entonces déjame preguntarte otra cosa. Si hubiera descrito un revolcón con otra persona, ¿te habrías sentido peor?

Ay, por Dios, me habría sentido diez veces peor. ¿No es ese el quid de la cuestión?

Sasha se queda mirándome; luego me toma una mano, la cubre con la suya y me da unas palmaditas delicadas.

–Como Britt dijo, será un fin de semana muuuy largo. –Se pone de pie de un salto–. ¡Arriba! Vamos al bar a pedir un trago para ti y algo sin alcohol para mí. Después me vas a explicar cómo es que Javi tuvo el sexo más apasionado contigo y, aun así, llegamos a este punto.

Me aferro de su mano y me pongo de pie con dificultad.

–Sash, no tengo la menor idea de cómo llegamos a este punto.

–Eso es un problema, amiga.

Tiene razón. Lo bueno es que estoy en el lugar perfecto para enterrar la cabeza en la arena.

–Por curiosidad –continúa Sasha, enlazando su brazo con el mío–, ¿cuándo se dio esa travesura?

Bajo la cabeza.

–Hace siete u ocho meses.

Alzo la cabeza, y Sasha tiene los ojos clavados en mí, desorbitados.

–Uy.

Exactamente. ¿Qué más se puede decir?