Cuando Javi ghosteó a Mari Capítulo 28. Mari
61%

Capítulo 28. Mari

En la actualidad

Yo pedí una despedida de soltera común y corriente, y ellos organizaron esto.

Dos noches en Starfish Oasis, un centro vacacional con todo incluido exclusivo para adultos en Belice.

A un vuelo corto de distancia para todos, Belice podría autodefinirse como el paraíso en la Tierra, y yo estaría de acuerdo.

Me estoy castigando mentalmente por no haber venido antes.

Los cinco –Sasha, Brittany, Chloe, Javi y yo– dejamos el equipaje en las habitaciones (Javi, Chloe y yo compartimos una suite con dos dormitorios, y Sasha y Brittany se alojan en una doble) y ahora estamos recorriendo el lugar para descubrir qué tiene para ofrecer.

Bebidas alcohólicas ilimitadas de la más alta calidad, rajas del culo al aire y hedonismo parecen ser los platos del día.

A la izquierda, un grupo de huéspedes organiza su propia competencia de meneos mientras el personal los mira divertido.

A la derecha, un señor mayor con una cabellera larga y blanca, vestido con un traje de baño minúsculo igual de llamativo, practica planchas al costado de la piscina.

Javi lanza un silbido cuando lo ve.

–Por Dios, quiero esa resistencia cuando llegue a su edad.

–Mejor sería pedir esa resistencia a tu edad –lo burlo.

Sonríe con sorna y abre la boca para responder, pero enseguida la cierra.

Sí, sabio de tu parte, Javi. Porque, aunque tenemos la mejor de las compañías, la relación entre nosotros es variopinta.

Quiero decir, ninguna de mis amigas sabe que Javi y yo hemos tenido sexo.

Muchas veces, si contamos los actos sexuales menores.

Ahora que lo pienso, no deberíamos hacer ninguna alusión a eso.

Sasha olfateará nuestras picardías con la velocidad de un rayo.

Preferiría no pasar estos dos días respondiendo preguntas ni sintiendo que cualquier interacción entre Javi y yo se analiza con un microscopio.

–Yo me conformaría con la melena gloriosa de ese hombre –dice Chloe–. Si hay algo que quisiera probar en mis años dorados, es que me tironeen del cabello durante el sexo. –Dirige la mirada a Javi con una sonrisa seductora–. ¿Te atrae eso?

–Vas a tener que ser más precisa –le sugiere Sasha a Chloe–. ¿De qué cabellos estás hablando? Quiero decir, según la época del año, puedo hacerme trenzas con mi vello púbico.

–Por todos los santos, Sasha –reacciono, arrugando el rostro.

–Será un fin de semana muuuy largo –suspira Brittany.

Arrastro a Sasha, que está muerta de risa.

–Necesitas una celadora.

–Y un bozal –agrega Brittany.

Atravesamos sin prisa el sendero que lleva a la playa privada, un dosel exuberante y frondoso de palmeras que ofrecen la sombra tan necesaria, y me detengo en seco ante la vista impactante del mar iluminado por el sol. Miro a mis amigas; están anonadadas, al igual que yo.

–No nos merecemos esto –declara Brittany.

Sasha la chista para que se calle.

–Habla por ti. –Dibuja un arco con las manos y agrega–: Me merezco esto y mucho más. Vayamos a cambiarnos para la cena. Quiero ser la primera en la fila para la mesa de las entradas.

–¿Tienes miedo de que se acabe la comida? –pregunta Chloe.

–No, no quiero que respiren sobre los platos –explica Sasha.

–Así es –asiento con la cabeza.

–Sabes que las personas que la preparan también respiran sobre la comida, ¿no? –acota Javi.

Sasha le clava los ojos.

–Sal de aquí, Satanás.

–Bueno, bueno. Como invitada de honor, les pido que minimicemos las discusiones tontas y maximicemos el libertinaje.

–La novia ha hablado –anuncia Chloe–. En menos de un mes, se casa con su Príncipe Encantador. Se hará lo que ella pida.

Miro a Javi, cuyo rostro está fijo en una expresión impávida.

–¿Estás bien, Javi?

–¿Qué? Ah, sí. Estoy bien. Un poco cansado, nada más.

–Bueno, quítate ese cansancio, amigo –lo anima Sasha, enganchando su brazo en el de él– , porque esta noche vamos a divulgar nuestros secretos más profundos y oscuros, y nadie se va a salvar de eso.

Los ojos de Javi se dirigen como un rayo hacia los míos.

Bueno, ¿no es un comienzo de fin de semana prometedor?

***

Sasha se aseguró una ubicación de primera, lo bastante cerca del bar como para no hacer esfuerzo para proveernos de tragos y lo bastante lejos del DJ para poder oírnos entre nosotros.

Lo último no es necesariamente lo ideal, ya que tengo la sensación de que, en algún momento de la noche, voy a querer usar la excusa del problema de audición.

Aun así, el aire está pegajoso y dulce, y me siento bien y lánguida, como si una melaza me recorriera el cuerpo y me obligara a desacelerar.

–Bien –anuncia Sasha, cóctel en mano–, les diré cómo funciona el juego.

Sasha, cuyos rizos ensortijados se amontonan en lo alto de su cabeza, lleva puesto un vestido largo color naranja oscuro que roza su cuerpo voluptuoso, y su piel oscura brilla con la luz. Estoy anonadada con su estilo.

–Todos toman una tarjeta –continúa–. Cada tarjeta contiene una pregunta. Pueden responder o pasarle la tarjeta a otra persona que elijan. Pero, y es un gran «pero», la persona a la que le pasen la tarjeta debe hacer una pregunta de verdadero o falso, y es obligatorio responderla.

–¿No podemos beber algo y nada más? –pregunta Chloe.

Sasha apunta hacia arriba con la nariz.

–No.

–Una aclaración. –Brittany levanta el dedo índice.

Sasha la mira, entrecerrando los ojos.

–Sí, amiga. ¿Cuál?

–¿Este juego existe, o inventaste estas tarjetas?

–Las inventé.

–Dios se apiade de nosotros –musita Javi.

–¡Ey! –Sasha le arroja una servilleta de tela–. Ten en cuenta mi esfuerzo. Las hice especialmente para ustedes. –Se inclina hacia adelante y apoya su rostro en mi cuello–. Porque nada es suficiente para Mari.

–Y porque tomaste un poco de más –observo.

–Sí –replica–. ¿Por qué no haces lo mismo?

Bebo un sorbo de mi martini, el trago perfecto para después de cenar.

–Voy de a poco.

Fuerza la vista y señala la playa.

–Si te paras justo ahí, serías como una «ídolo con pies de lodo».

–La arena no es sucia como el lodo –señala Brittany.

–Por Dios, volvamos al juego –se lamenta Sasha a la vez que rebusca en su bolso.

Saca un envase naranja y se echa tres píldoras en la boca.

–¿Qué son? –le pregunto preocupada.

–Pastillas de magnesio. –Se señala la cabeza–. Para las migrañas.

–Ah –respondo.

–Me ofrezco para empezar –dice Chloe, y se recoge el cabello largo y oscuro en un rodete desprolijo.

–Muy bien, muy bien –felicita Sasha, sacudiendo los hombros–. Así me gusta. –Toma el mazo de tarjetas y lo coloca frente a Chloe, que elige una del medio.

–Lee en voz alta –le pide Sasha.

Chloe lee la tarjeta para sí y sonríe.

–Es fácil. La pregunta dice: «¿Alguna vez participaste de un trío?». Y la respuesta es sí, y también de un cuarteto y un quinteto. Con hombres y mujeres.

–Intuyo que este juego va a ser pan comido para Chloe –dice Brittany.

–¿Qué quieres que te diga? –Chloe sonríe, satisfecha–. Atravesé un período de introspección y exploración profundas cuando tenía veintipico.

–Suena como si hubieras atravesado un período de penetración profunda cuando tenías veintipico –sugiere Sasha.

–Eso también. –La sonrisa de Chloe se ensancha.

Todos nos reímos, y Sasha anuncia:

–¡Tu turno, Brittany!

Brittany se pone de pie de un salto; la melena hasta los hombros color caramelo se sacude con el movimiento. Muy contenta, elige una de las tarjetas que Sasha tiene en la mano y lee en voz alta.

–«¿Cuál fue la vez que tuviste el sexo más apasionado?». –Se muerde el labio y gira la cabeza hacia Javi–. Le paso la pregunta a Javi.

–Está bien –se queja–. Nunca tuviste sexo en un lugar público. ¿Verdadero o falso?

–Verdadero –responde Brittany, inflando el pecho–. Ciento por ciento verdadero.

Chloe desliza el dedo por el borde del vaso de cóctel.

–Bien, Javi, ahora cuenta. Y no mientas.

Tomo coraje para lo que sea que vaya a decir. No quiero cuestionar mi mente, pero me es imposible negar que saber sobre las aventuras sexuales de Javi me pone incómoda. No debería ser así, pero lo es. Hago una nota mental para conversarlo con mi analista.

Javi traga saliva.

–El sexo más apasionado lo tuve contra la puerta de una habitación de hotel.

El corazón me late desbocado. ¿Qué va a decir?

–Vamos, Javi –se entusiasma Sasha–. Cuéntanos más.

–Y no omitas ni un solo detalle –agrega Chloe.

–Fue… frenético y especial. La clase de sexo en la que ni siquiera puedes caminar unos pasos hasta la cama; en la que no te quitas toda la ropa porque no ves el momento de hundirte en el otro; la clase de sexo que se vuelve más necesaria que el próximo aliento.

–Javi levanta la vista y descubre que todas lo miran absortas–. Carajo, hablé demasiado.

–No, no –protesta Chloe–. Todavía no dijiste nada.

Javi se encoge de hombros y bebe un sorbo de agua.

–Bueno, eso es lo único que contaré.

Es una proeza sobrehumana hacer que mi rostro se mantenga inexpresivo, simular que no me afecta la descripción que Javi hace del sexo más apasionado que haya vivido…

Una escena de sexo en la que, estoy casi segura, fuimos los protagonistas.

Una ola de calor me envuelve, y me retuerzo en mi asiento.

No me gusta este juego; ocupa mi mente con asuntos totalmente improductivos.

Me caso el mes próximo y no debería estar pensando en escenas de sexo con otra persona. Carraspeo.

–Quiero decir algo, y espero que no me malinterpretes.

–Oh, oh –reacciona Sasha–, seguro lo voy a malinterpretar, entonces.

–Si me conocieras, si me conocieras de veras –le señalo–, sabrías que no quiero desperdiciar estos días juntos hablando de las estupideces que hicimos cuando éramos más jóvenes.

Sasha abre grandes los ojos.

–Creí que era una diversión inofensiva.

Su rostro expresa la misma confusión que siento yo.

–Perdóname. Tienes razón. Es que… –me pongo de pie– no tengo ganas de jugar a esto. No son ustedes, soy yo. Iré a caminar un rato. –Doy un paso hacia adelante y alzo una mano cuando Javi se dispone a acompañarme–. Sola.