Cuando Javi ghosteó a Mari Capítulo 24. Mari
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Capítulo 24. Mari

Dos años y dos meses antes de la boda

Quizás Javi tenga razón. Quizás estemos destinados a ser solo amigos. Pero ¿cómo vamos a desandar las últimas doce horas y simular que no tocamos cada centímetro de nuestros cuerpos? ¿Y por qué contemplo aún la posibilidad de darle a este hombre un minuto más de mi tiempo?

Porque me gusta, por eso. Porque recuerdo al chico que me compró helado cuando rompí con un novio.

Porque la versión adulta de Javi no es perfecta, pero es dulce, gentil y ridículamente sexy, y la combinación de todo eso resulta muy atractiva.

Y también porque mi relación con Javi es como una mancha de tinta en un currículo por lo demás impecable.

Como si me esforzara por lograr un objetivo y no lo consiguiera. Eso no puede seguir así.

Me masajeo las sienes; el café hirviente que tanto ansiaba se enfrió hasta convertirse en una versión inferior, tibia.

Un chico blanco y apuesto, de cabello oscuro y ojos incluso más oscuros, se acerca a la mesa.

–¿Puedo? –pregunta, señalando la azucarera.

–Claro –respondo distraída.

–Te la devuelvo sin problema. No quiero que te quedes sin azúcar.

Alzo los ojos. Está ubicado en un ángulo que impide que Javi le vea el rostro y, después de que me guiña un ojo, me doy cuenta de que eligió esa posición adrede para coquetear conmigo. No estoy de humor, pero quiero molestar a Javi. Cuando se va, le digo:

–Qué bombón.

–Qué imbécil –acota apático–. Coqueteó contigo sin saber si yo era tu novio.

–No lo eres.

–Ese no es el punto. –Javi se da vuelta y mira de mal modo al chico, que está sentado a unas mesas de distancia–. Además, tiene tres azucareras en la mesa, así que parece que no piensa irse sin al menos un número de teléfono. O quizás tres.

¿Cómo puede ser tan observador? Yo hubiera supuesto que las había dejado el camarero por equivocación. Aprieto los labios y dejo escapar lentamente un soplido.

–Para peor –apunta con el índice al aire–, hay una marca de bronceado en el lugar donde debería ir su anillo de bodas.

Ay, Dios, ya es suficiente. Mi cabeza cuelga, y los hombros se curvan.

No, no soy yo la que debería sentirse abatida; estos tipos se pueden ir bien a la mierda. Con un resoplido, me yergo y digo a viva voz, para que el supuesto donjuán escuche:

–¿Se pusieron de acuerdo para hacer este número y demostrar lo terribles que pueden ser los hombres?

El tipo se deja caer en su asiento y nos da la espalda.

Las cejas de Javi se elevan hasta tocar el nacimiento del cabello.

–¿Qué hice yo?

–Hace veinte minutos que estás sentado aquí. ¿O actuar como un fantasma es la esencia de tu personalidad?

–Me lo merecía –sentencio.

–Ya lo creo.

Por Dios, soy un desastre. «¿Dónde está tu orgullo, Mari? ¿Dónde cuernos quedó tu actitud de chica mala?». Bueno, basta. Quiero ser amiga de este hombre hoy y por siempre. Y, gracias a él, sé cómo hacerlo.

Enderezo los hombros, hago una inhalación purificadora y apoyo las manos unidas sobre la mesa.

–¿Que seamos amigos, dices?

–Sí –confirma Javi–. Como antes.

–Antes de que salieras expulsado de mi vida.

–Si tengo que cumplir una penitencia, está bien. Es justo.

–No tengo nada drástico en mente.

–Pero tienes algo.

–Desde ya. Siempre tengo algo en mente.

–Dilo. –Javi me mira de reojo.

–Quiero que cumplamos nuestro pacto.

Las cejas se le unen en el medio.

–¿Qué pacto?

–El pacto que hicimos cuando estudiábamos juntos. El de dar el visto bueno, o no, a las citas amorosas del otro. ¿Te acuerdas?

–Sí, me acuerdo. Éramos dos criaturas, y tú estabas borracha como una cuba.

–Y lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Vamos, Javi, sigue siendo una buena idea. Soy un desastre para elegir chicos, y necesito a alguien que me ayude a tamizar toda la porquería hasta encontrar una gema como novio. Y tú…

–Yo también soy un desastre, eso seguro –completa–. Pero no llego a entender cómo puedes ayudarme tú a mí.

–Bien, sígueme un momento. ¿Qué pasó con la última chica con la que saliste?

–Eh –suspira–, resulta que quería conocer a mis hermanos a través de mí. En cuanto la invité a conocer a la familia, se abalanzó sobre Manny. Fue muy incómodo.

–Uy, cuánto lo siento.

–Tampoco fue tan tremendo. –Se encoge de hombros–. No era nada serio.

–Bueno, ahí es donde entraría yo. Puedo hacer las preguntas ríspidas, las que la persona con la que estás saliendo jamás te respondería con sinceridad si tú las hicieras.

–¿Y cómo sería eso?

–A ver, conversaría informalmente con ella. Algo así como «Javi es fantástico, pero ¿conoces a los hermanos? Dos bombones. Y exitosos. Es decir, Javi es un divino y todo eso, pero sus hermanos cantan, tienen dinero y…».

–Bueno, bueno, no hace falta que te involucres tanto con el personaje. –Javi se inclina hacia adelante y apoya un codo sobre la mesa–. Digamos que estoy cautelosamente evaluando la idea de hacer honor al pacto. ¿Cómo lo haríamos?

–La respuesta sería pulgar para arriba o pulgar para abajo. Se aprueba o se desaprueba. Si tú desapruebas a alguien, yo respeto tu opinión y sigo mi camino. A decir verdad, me deslumbro fácilmente con los labios y los penes gruesos.

Javi sonríe de oreja a oreja.

«¿Ves, Mari? Ahora sí está bien. Esto es lo que hacen los amigos platónicos».

–Pero si un chico recibe un pulgar para arriba –continúo–, te suprimo de la ecuación, y solo quedamos yo… y él.

–¿Y cuánto tiempo lo haríamos?

–El tiempo que nos resulte útil.

Se endereza y asiente con la cabeza.

–No sé si deberíamos ser totalmente literales con respecto al pacto. A ver, ¿qué pasaría si te opones a que salga con alguien por razones ridículas?

Me siento más erguida y cruzo los brazos sobre el pecho. Es mi momento, carajo. Hace años que me vengo preparando para esto.

–Los contratos, mi amigo, se basan en la buena fe, y este pacto no sería diferente. Mi obligación consistiría en dar lo mejor de mí para ayudarte a que no cometas un error; y tu obligación sería idéntica a la mía.

–¿Y si no quiero salir con la persona?

–No sales. El pacto rige solo si quieres salir.

–Siento que hay un detalle que está faltando. Un detalle importante que puedes usar en mi contra en cualquier momento.

–¿Por qué haría algo así?

–No lo sé. ¿Alguna vez hiciste un pacto similar con Sasha o con Brittany?

–No, por Dios. Son tan inservibles como yo. Mira, lo maravilloso de esto es que apunta al corazón del problema: nuestra tendencia a perder la objetividad cuando empezamos a salir con alguien nuevo. ¿Te acuerdas que siempre pensaste que Rob tenía intenciones nefastas?

–No creo haber usado la palabra «nefastas». Parece sacada de una clase de Lengua.

–El punto es que estaba tan embelesada con él que no advertí las señales de peligro. Un observador imparcial ve cosas que seguro una pasa por alto.

–Como una chica que lo que verdaderamente busca es salir con uno de mis hermanos.

–O como un chico que sale con varias mujeres a la vez y les asegura a todas que es la única.

Echa la cabeza hacia atrás con el ceño fruncido.

–¿Eso te pasó a ti?

–Sí –confieso, y recuerdo al imbécil que me hizo perder el tiempo cuando estudiaba Derecho.

–Si pudiera evitar que vivas una experiencia así, el pacto valdría la pena. Pero ¿cómo lo llevaríamos a cabo? Me refiero a la parte práctica. Quiero decir, yo vivo aquí, y tú… al otro lado del país.

–Bueno, puedo viajar seguido para hacer trabajo de campo cuando lo necesites. Además, están las plataformas, las videollamadas y todo eso. De hecho, con la mayoría de las personas en mi vida me comunico a través de una pantalla. Somos inteligentes. Ya encontraremos la forma de resolverlo.

–¿En serio somos inteligentes? ¿Y llegamos a estos extremos para que nuestra vida sentimental no se descarrile?

A ver, Javi no tiene por qué saber que lograr que mi vida sentimental no se descarrile no es la razón principal por la que quiero honrar el pacto. También es porque busco ceñir a Javi al terreno de la amistad, y este pacto garantizará que sea así.

–Como siempre, le das demasiadas vueltas. Será positivo para los dos, te lo prometo. –Le extiendo la mano–. ¿Y? ¿Qué me dices? ¿Te intriga lo suficiente como para, al menos, hacer el intento?

Se me queda mirando por unos instantes.

–Sí. Me intriga lo suficiente como para aceptar la propuesta durante un período de prueba.

Sellamos el acuerdo con un apretón de manos, y la sensación es alentadora. Un amigo no permite que su amigo salga con una basura. Y, aunque ver a Javi con otras mujeres va a ser duro, esa es exactamente la llamada de atención que necesito.