Capítulo Veintiocho
Wade
S ujeto la cabezada con la mano derecha y me sitúo entre su cuerpo y su cabeza.
Como cada día, apoyo el pulgar en el hueco sin dientes de su mandíbula.
Cede al instante, abriendo la boca para dejarme colocarle el filete.
Saco con cuidado de debajo de la frontalera el mechón de crines blancas que le cae sobre la frente.
Me alejo un segundo para coger la silla del soporte y se la pongo sobre el lomo después del sudadero amarillo y el salvacruces de borreguillo.
El olor a heno y cuero inunda cada rincón del pequeño cobertizo de mi casa, y me tomo mi tiempo para terminar de ensillar a Shiny.
“¿Vas a vendarlo?,” pregunta Sage a voz en grito desde el otro lado del prado.
“Sí, nunca se sabe qué puede pasar en la ruta del Oak Valley,” contesto en el mismo tono sin girarme.
Escucho su risa a mi espalda, y una calidez inesperada me sube por el pecho. No he dicho nada gracioso, pero me estoy acostumbrando a ese sonido.
Le pongo a Shiny las vendas del mismo color que su sudadero con dificultad.
Llevo toda la vida rodeado de caballos, pero la técnica de vendarlos no es mi fuerte.
Tardo una eternidad en poner las de delante y, para cuando me estoy levantando para ir con las traseras, Sage aparece por mi lado para arrebatármelas de las manos.
“Trae, que estás tardando muchísimo. No quiero llegar tarde a mi primera ruta oficial.”
Mi primera reacción es resoplar y poner los ojos en blanco, pero no tardo en darle la razón, asentir y acercarme a Mud para revisar que todo esté bien.
Gracias al trabajo de meses con Sage, hemos llegado a un acuerdo en el que yo puedo tocarlo y, a cambio, le tengo que dar una chuche por cada caricia.
Reviso que la cincha esté bien apretada, y justo Mud me sorprende haciendo un giro brusco para echarme la boca.
“¿Cuál es tu problema?,” farfullo entre dientes, alejándome de él.
Basta que diga que hemos mejorado nuestra relación para que me deje en evidencia.
“Venga, cascarrabias. Esto ya está,” dice Sage, caminando hacia mí con una sonrisa burlona en los labios.
Bajo la vista hacia su boca, porque, desde que la besé hace semanas, no he podido quitarme de la cabeza su sabor, su olor ni la sensación de su piel desnuda bajo mis manos. Cada vez que la veo, soy incapaz de no mirarle los labios e imaginar que la vuelvo a besar.
Y por eso le he dejado su espacio durante este tiempo.
No estoy seguro de lo que quiere conmigo, más allá de la innegable atracción física que hay, por eso prefiero esperar a que sea ella quien dé el primer paso.
Es una táctica algo inmadura, pero no estoy dispuesto a que las cosas se vuelvan incómodas entre nosotros por admitir en voz alta lo que siento.
Ayer me abrí en canal delante de ella, contando cosas que jamás había pronunciado. Fue liberador. Y que después Sage me contara una pequeña parte de ella, significó mucho para mí. Siento que ahora hay un hilo invisible entre nosotros que nos une y que poco a poco se va haciendo más fuerte.
“¿Te vas a quedar ahí parado todo el día o vas a subir a tu caballo? ”
La voz de Sage me arranca de mi ensoñación. Pestañeo varias veces, tratando de enfocarla, y la veo ya montada en Mud, con una ceja enarcada y una expresión de divertida impaciencia.
He perdido la cuenta de las veces que me he quedado soñando despierto con ella teniéndola justo delante.
Al principio me fastidiaba distraerme así, pero ahora…
resulta incluso agradable. No me gusta la sensación de que me pillen perdido en mis pensamientos con la guardia baja.
Pero si es Sage quien me observa, puede que no me importe. Puede que incluso me guste.
“Vamos,” murmuro, desviando la mirada hacia Shiny.
Revisamos una vez más que lo llevamos todo, listos para la ruta de todo el día y parte de la noche.
Trotamos por el camino de entrada de la propiedad, ahora limpio de ramas y malas hierbas.
Creo que nunca le agradeceré lo suficiente a Sage por el gesto.
Sobre todo por haber convencido a sus amigas para ayudarla.
Todas se implicaron al máximo, consiguiendo un resultado inmejorable.
“Hemos quedado con Julie y Lib en la casa de tu madre en media hora, así que vamos bien de tiempo,” anuncia Sage a mi lado, esbozando una sonrisa de disculpas.
Abro la boca, fingiendo resignación. “Entonces, ¿por qué me has metido prisa?”
“Porque me encanta ver la cara que pones cuando te saco de tus pensamientos,” reconoce en un tono suave, casi tierno.
Aparto la mirada con el ceño fruncido, dándole vueltas a su frase. Si fuera solo una amiga… ¿diría lo mismo? Pero claro, los solo amigos no se besan. ¿Y ese tono? ¿También lo usaría con alguien a quien no ha besado?
Dios… estoy dándole demasiadas vueltas a todo. A cada palabra, cada gesto, cada mirada. Debería simplemente vivir el momento y dejar de analizar hasta el aire que respira.
Si Sage siente algo por mí, me lo hará saber… ¿no?
“Me dice Luke que está también en Almond Valley,” digo en voz alta, leyendo el mensaje que me acaba de llegar. “Viene con su amiga Maisie y con Tate.”
“¿Y Dorian?”
“Es un Thorne.” Me encojo de hombros, como si eso fuera justificación. “Irá con sus hermanos, como todos los años.”
“Pero en la ruta vendrá con nosotros, ¿no?,” pregunta frunciendo el ceño.
“Supongo que este año que no vienen ni mi madre ni Mira, sí,” respondo. “Aunque Dorian sea el veterinario de la familia, solemos mantener las distancias en público. Yo no tengo ningún problema con los Thorne, pero tengo que hacer el teatro.”
“Si te soy sincera, me parece absurda e infantil la disputa que hay entre vuestras familias.”
“Lo es,” asiento, torciendo la boca.
“¿Y no lo es también hacer teatro para que el pueblo se lo crea?,” pregunta de vuelta, alzando una ceja con diversión.
“Sí.” Suelto un resoplido de resignación. “Pero a mis hermanos les parecía divertido seguir con la farsa. Lib no tenía nada que perder, ya que detesta a Evan, y a Tate le encanta el drama familiar.”
Sage se echa a reír, sacudiendo la cabeza y mirándome con los ojos brillantes. “Suena bastante a algo que harían Lib y Tate Weston,” dice, tomándose un segundo para coger aire. “¿Tú te negaste?”
Asiento, y la veo llevarse una mano a la boca para ocultar su sonrisa.
“Les dije que dejaran el teatro para meterse al circo si iban a hacer el payaso.”
Sacude la cabeza, desternillándose de risa a mi lado.
“Eso también suena a algo que diría Wade Weston.”
“Y al final acabé convirtiéndome en un payaso más,” bufo, chocando la lengua contra el paladar.
La atmósfera que nos rodea durante el resto del camino es cálida y ligera.
Además de las pisadas de los caballos sobre la tierra, nos acompaña la risa de Sage, que también es culpable de la calidez que me llena el pecho cada vez que me lanza una mirada con los ojos brillantes o me sonríe con ternura.
Cuando llegamos a la casa principal y nos juntamos con nuestros amigos, aprovecho para despedirme de mi madre y mi abuela, que me regalan una bonita sonrisa, aunque cargada de melancolía.
Coincidimos con el resto del pueblo al llegar a River Cross, y, cuando dan el pistoletazo de salida como si fuera una carrera, avanzamos por los caminos cercanos al río para llegar a Willow Lake.
La mayor parte de padres y ancianos se quedan en esta parada y no avanzan hasta Oak Valley, así que saludo a todas las caras que reconozco.
“¡Pero si es Wade! El Weston más guapo,” exclama una inconfundible voz femenina a mi izquierda.
Hago una mueca, haciendo que a Dorian se le escape una risa, y me disculpo con la mirada antes de girarme hacia ella.
“¿Cómo está, señora Lewis?”
La saludo inclinando la cabeza, haciendo que la gorra con el logo de mi familia me tape los ojos.
“Te he dicho mil veces que me tutees y me llames Florence,” dice con un tono demasiado elevado para la corta distancia que nos separa. Cierro los ojos un segundo, inhalando y apretando la mandíbula.
Espero que se vaya y me deje continuar la conversación que estaba teniendo con Dorian, pero continúa hablando:
“Bueno, ya sabes cómo es River Cross. Es un pueblo muy pequeño… aquí no se pueden tener secretos. A todos nos encanta hablar y preguntar por las vidas de nuestros queridos vecinos. No les hacemos ascos a ninguno,” añade, guiñándole un ojo a Dorian.
“He escuchado por aquí que Wade Weston tiene novia, así que… ¿quién es la afortunada?”
Dorian parece que se atraganta con su propia saliva, tosiendo como si se estuviera muriendo, y a mi se me abre la boca inconscientemente .
“Perdona, señora Lewis, ¿quién dice eso?” Intento que mi voz suene lo más tranquila posible, pero es evidente el ligero temblor por la rabia.
Lo que menos me gusta de vivir en un pueblo tan pequeño es que la privacidad no existe. Que los vecinos tengan la necesidad y obligación de meterse en las vidas ajenas por mero entretenimiento es algo que me pone enfermo.
“Uy, Wade, ya deberías saber que este pueblo no funciona así. Se cuenta el dato, no la fuente,” dice con sorna.
Resoplo con fuerza, volviéndome hacia mi amigo, que parece haber recuperado la compostura. Enarco una ceja al mirarlo, y se encoge de hombros, sin saber quién habrá sido el que ha largado el bulo.
Nadie sabe que Sage y yo nos hemos besado… al menos yo no lo he contado.
La busco entre la gente, y la encuentro hablando animadamente con Luke y Julie, riendo en la otra orilla del lago con una cerveza en la mano.
Como si notara mi atención puesta en ella, levanta la vista de pronto, encontrándose conmigo.
Eleva las cejas y yo respondo entrecerrando los ojos, arrancándole una sonrisa.
Descarto la idea de ir hasta allí a pedirle explicaciones, porque, conociéndola, ella tampoco habrá contado nada sobre nosotros.
“No tengo novia, señora Lewis. Y quien sea que haya dicho esa información, está equivocado,” contesto con educación, sin apartar la vista de Sage.
“¿Estás seguro, Wade?,” insiste, acabando con mi paciencia.