Cuando florezcan los almendros (Almond Valley 1) Capítulo Veintiséis #2
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Capítulo Veintiséis #2

La última vez que apoyo el pie en el estribo, me armo de valor y paso la pierna por la montura, dejándome caer muy lentamente sobre el caballo. Se mantiene quieto y relajado, y aprovecho la confianza para soltar un poco las riendas y hacer un ligero movimiento con las caderas hacia delante.

Mud parece entenderme, porque comienza a avanzar al paso.

Una enorme sonrisa cubre mi rostro, y elevo la vista para buscar a Wade.

Está sentado en una de las sillas metálicas, inclinado hacia delante para apoyar los codos en sus piernas y reposar la cabeza sobre sus manos entrelazadas.

Lo veo igual de ilusionado que yo, con una pequeña sonrisa en los labios que ilumina sus ojos con orgullo.

“¿Estás viendo lo mismo que yo?” No puedo evitar preguntar, dándole a Mud unas palmadas en el cuello, intentando no elevar demasiado la voz para que no se asuste y volver a acabar en el suelo.

Wade suelta una risa, y el sonido se graba en mis oídos como uno de esos detalles que no voy a olvidar nunca.

“No cantes victoria todavía,” dice burlón, ladeando la cabeza.

“No la gafes, Wade, está yendo muy bien.” Intento sonar amenazante, pero la sonrisa permanece en mis labios.

Doy varias vueltas al cercado al paso, moviendo las riendas con cuidado para que Mud gire y no se choque contra la valla. Reacciona bien a todas mis señales, y cuando vuelvo a pasar la pierna sobre él para desmontar, se mantiene impasible, incluso gira la cabeza para mirarme con curiosidad.

No puedo ocultar la emoción cuando me giro de nuevo hacia Wade, que ya me está mirando con una sonrisa pintada en los labios.

Es la primera vez que lo veo sonreír de verdad, y el gesto es tan bonito que se me acelera el corazón al instante.

Me dan ganas de quedarme aquí, congelada en este momento, simplemente disfrutando de su mirada y del cariño que transmite.

“¿Has visto?” Asiente, levantándose de la silla. “Ha merecido la pena reventarme los codos,” digo, con una sonrisa ladeada, intentando disimular todas las emociones que despierta en mí.

“Sin duda ha sido gracioso verte caer como un muñeco de trapo.”

“Ja, ja. Desternillante.” Hago una mueca divertida, lo que hace que su sonrisa se ensanche. Me sorprendo pensando que mi nuevo objetivo es conseguir que Wade siga sonriendo.

“Si sigues así, puede que te dé tiempo a ir con Mud al Festival de otoño,” dice, pasando los brazos sobre la valla para apoyarse.

“¿Tú crees?”

“No es mala idea.” Se encoge de hombros. “Pero primero tendrás que trabajar sus miedos, hacerlo a prueba de bombas. No querrás volver a caerte y hacer el ridículo delante de todo el pueblo,” añade en tono burlón, enarcando una ceja.

Pongo los ojos en blanco, pero asiento. “No va a ser fácil.”

“Ya te lo dije. Te vas a dar muchos golpes.”

No puedo evitar pensar si merecerá la pena el dolor, el miedo a no cumplir los objetivos, pero la duda desaparece en cuanto poso la vista en Mud y veo lo relajado que está conmigo.

“Habrá que intentarlo,” murmuro, acariciándole el cuello.

Desensillo con una sonrisa, satisfecha por haber dado un gran paso con Mud.

Recojo la zona, guardo el taburete en su sitio y vuelvo a abrir el corral para que Shiny se acerque a su compañero de prado.

Cuando termino de cepillar su sucio pelaje, voy hacia la valla, donde Wade me ha estado observando en silencio.

“Creo que se me ha ocurrido algo…,” comienzo, acercándome a él con repentino nerviosismo.

“No sé si me gusta esa mirada,” dice, entrecerrando los ojos.

“…para hacer a Mud a prueba de bombas,” explico, dándole un pequeño empujón en el hombro. “Lo ideal sería que dejara de tenerle miedo a la gente, pero, como a ti no te soporta, creo que podríamos empezar por Lib.”

“¿Estás asumiendo que Lib es más soportable que yo?,” pregunta con sorpresa, alzando las cejas.

Ruedo los ojos y me subo a la valla, justo a su lado.

“Es porque es una mujer. Mud no se puede ni acercar a ti, y me dijiste que a Tate tampoco, así que es posible que sea una cuestión de género,” me apresuro a añadir al ver su expresión atónita.

“Eso suena fatal, Sage.”

“Lo sé, pero hay una pequeña probabilidad de que ese sea el problema,” digo, haciendo un mohín intentando convencerlo.

Me mira unos segundos, valorando nuestras posibilidades, que no son muchas. Una de ellas es hacer terapia de choque y que Wade se acerque a pesar de la reacción natural de Mud, pero la descarto al instante. Es impensable.

Y otra es… bueno… No hay otra.

Miro a Wade a la espera de su respuesta, y justo entonces una gota de agua cae en su mejilla.

Levanto una mano, sorprendiéndonos al acercarla a su rostro para secarla, pero otra gota cae en su nariz, y otra, y otra.

Antes de que podamos preverlo, la lluvia nos alcanza en cuestión de segundos.

Permanecemos inmóviles, mirándonos a los ojos, con mi mano alzada entre los dos.

En un arranque repentino, como el propio diluvio, suelto una carcajada que se mezcla con el ruido de la lluvia.

Wade me devuelve la sonrisa, como si acabara de robar el sol solo para él.

No sé por qué no nos movemos, como si estuviéramos atrapados en este instante, solo para mirarnos.

Nos envuelve el repiquetear de las gotas sobre el suelo, el tejado, los caballos…

¡Los caballos! Antes de que me dé tiempo a abrir la boca, Wade se me adelanta.

Parece que me ha leído el pensamiento, porque se sube a la valla y corre hacia Shiny para resguardarlo en el pequeño cobertizo.

Hago lo mismo con Mud, enganchando el ramal en su cabezada a toda prisa y atando una cuerda entre los postes para que no salgan.