Cuando florezcan los almendros (Almond Valley 1) Capítulo Veintitrés #2
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Capítulo Veintitrés #2

Teniendo en cuenta que sería la primera persona que se suba a este caballo, creo que es una decisión importante.

«El primer paso para construir un hogar», como diría Miles.

La simple idea de forjar un vínculo más estrecho con Mud me genera la emoción suficiente como para querer empezar ya con el proceso.

Wade asiente una vez. “¿Te parece bien por la tarde? No sé si habrás domado a algún caballo, pero puedo enseñarte lo básico y te ayudo cuando esté libre.”

“Más o menos,” respondo con una risa, recordando cómo Reid solía obligarme a no pisar el corral cuando trabajaba con Poppy porque no paraba de meterme en medio y le entorpecía la tarea.

“No sé si quiero preguntar, así que te enseñaré lo básico de todas formas. También puedes preguntarle a Tate.” Alzo ambas cejas, sorprendida con el ofrecimiento.

“Es quien se encarga de trabajar con los caballos que llegan al establo,” explica, rodando los ojos, como si él tampoco se creyera que su hermano es funcional en algún ámbito.

“Vale. Suena bien. No la parte de tu hermano,” me apresuro a decir, haciendo que una pequeñísima sonrisa asome en sus labios. “Pero si me veo en una situación de vida o muerte y tú no estás, lo tendré en cuenta. Lo peor que puede pasar es que nos maten a los dos.”

Lo veo morderse el labio inferior y ladear el cuerpo hacia Shiny. No entiendo la manía que tiene de esconder sus sonrisas de mí.

“Háblame cuando quieras. Si es algo rápido no creo que tenga problema en contestarte.”

Apunto ese dato en mi mente como si fuera un tatuaje en mi piel. Wade Weston me ha dado vía libre para mandarle mensajes… Que se atenga a las consecuencias.

“Por cierto, dos cosas…” Cambio de tema, sonriendo al imaginar su reacción.

No contesta, pero se me queda mirando con expectación.

“Mi amiga Rachel de Blackwater tiene vacaciones a finales de verano y he pensado que sería una buena idea que viniera unas semanas de visita. Estaríamos en mi apartamento o fuera y apenas nos ve rías. Lo prometo.”

“¿Se parece a ti?”

Intento sonreír inocentemente, pero el brillo amenazante en los ojos de Wade me distrae y termino diciendo la verdad.

“Podría decirse que sí.”

Suspira con fuerza, pasándose las manos por la cara y murmura:

“Genial… dos Sage Reid en mi propiedad.” Su voz sin emoción casi me hace soltar una carcajada. “Y una es peor que la otra. Voy a tener que mudarme a los establos,” continúa resoplando y maldiciendo por lo bajo.

“No te desesperes, Wade,” digo, intentando no reírme. “Todavía no ha venido y no la conoces.” Me lanza una mirada fulminante y me muerdo el interior de la mejilla. “A lo mejor te pasa como conmigo. Al principio no me soportabas y mira ahora: parece que me toleras un poquito.”

“No me lo recuerdes,” dice entre dientes, echando la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.

Miro sus firmes hombros como una tonta, recorriendo su cuello y los tatuajes de sus brazos con la boca entreabierta. Me tomo la libertad de hacerlo despacio, aprovechando que no está mirando, e imagino cómo debe de ser tocar esos músculos.

“Hay una habitación libre en mi casa, por si queréis usarla,” suelta de pronto. Su voz ronca me toma por sorpresa y se instala justo entre mis piernas.

Aprieto los muslos casi sin darme cuenta. Solo imaginarme durmiendo tan cerca de Wade hace que se me dispare el corazón.

“No creo que la necesitemos, pero gracias de todas formas,” respondo con la voz estrangulada, sintiendo el calor en mis mejillas. Agradezco internamente que todavía no haya abierto los ojos…

“¿Qué era lo otro?”

“¿Perdón?”

“Me has dicho que tenías que decirme dos cosas,” insiste, inclinándose hacia delante para clavar sus ojos verdes en mí con las cejas alzadas.

“Ah, sí, claro,” suelto una risa nerviosa, revolviéndome en mi asiento, rezando para que no se dé cuenta del torbellino de emociones que provoca en mí y me desestabiliza.

“Estoy pensando en mudarme a un apartamento en River Cross,” suelto sin más, encogiéndome de hombros.

Pero parece que a Wade le sienta como una patada en el estómago, porque su boca se transforma en una mueca y frunce el ceño hasta que sus cejas forman una única línea.

“¿Es porque no tienes microondas?”

“¿Qué? ¡No!”

“¿Entonces? ¿No te gusta el apartamento?”

“No, no es eso. El apartamento está genial, es perfecto, de verdad. Es solo… que quiero tener mi propio espacio. Que sea más... ¿yo?”

Me mira con desconfianza, como si fuera un puzle que tiene que descifrar pero tuviera las piezas incorrectas.

“¿Eso es una pregunta?,” dice con una ceja alzada. “Puedes decorarlo como quieras, si es ese el problema.”

Aprieto los labios, sin saber qué decir.

Es cierto que quiero tener mi espacio y mi privacidad, y en el apartamento de Wade lo tengo. No es del todo un problema de decoración, aunque poder comprar lo que quiera es un plus que acaba de darme…

No sé qué es lo que quiero, supongo que tengo que darle otra vuelta.

Vivir con Wade no está tan mal y esto ha sido solo una idea demasiado espontánea e impulsiva.

Tengo vistas a los caballos, al bosque y a sus abdominales por las mañanas cuando va tarde y baja las escaleras poniéndose la camiseta…

Y no nos olvidemos de su trasero perfecto cuando se va a trabajar antes que yo.

“¿Estás pensando en todas las cosas que vas a comprar o es que le has dado al botón de apagado de tu cerebro sin querer?”

Sacudo la cabeza, obligándome a dejar de fantasear con Wade justo cuando lo tengo delante de mis narices. Vuelvo a sonrojarme e intento esconderme detrás de Mud, pero escucho a Wade toser con fuerza al otro lado del corral.

No me hace falta girarme para saber que está sonriendo. Lo siento en la piel, como una corriente tibia que me atraviesa. Y, aunque finjo seguir concentrada en el caballo, no puedo evitar sentir un pinchazo en el pecho al pensar en cómo sería dejar de vivir con él.