Cuando florezcan los almendros (Almond Valley 1) Capítulo Veintidós #2
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Capítulo Veintidós #2

Las pequeñas luces que rodean la parte trasera de mi casa se encienden, a pesar de que aún no ha anochecido y el sol sigue iluminando el prado, creando sombras difusas sobre la hierba al esconderse tras los árboles.

Es la primera vez desde que tengo uso de razón que llego a casa sin haber terminado el trabajo del día.

Y es que no logro sacarme de la cabeza a cierta mujer de pelo azabache y ojos grisáceos.

Ayer, después de dejarme claro cómo se imagina mis citas con otras mujeres, cenamos en una mesa apartada de la multitud.

Cuando me confesó que no quería irse a casa ni estar sola, no se me ocurrió mejor idea que cenar con ella en algún sitio.

Y como River Cross solo tiene un bar decente, The Red era nuestra única opción.

No volvimos muy tarde, pero haber ido a trabajar hoy después de haber estado todo el día en la subasta se siente igual que si me hubiera pasado una lija por el cuerpo.

Por otro lado, me corté al colocar un poste esta mañana y el penoso vendaje de mi mano no ayuda a mi paciencia, deshaciéndose cada dos por tres, obligándome a dejar lo que estoy haciendo para volver a anudar la venda.

Por eso cogí mi camioneta, sujetando con fuerza el volante para que la maldita venda no se soltara, y puse rumbo a casa. Y aquí estoy ahora, acariciando a Shiny sentado en la valla que pinté de blanco con mi padre .

Parece que ha pasado una vida entera desde entonces, cuando apenas han sido cuatro años. Pero vaya cuatro años…

Es extraño, pues siento que esta casa guarda más recuerdos que la de mi infancia.

Recuerdo el olor de la madera con la que construí la casa; la risa lejana que compartían mi padre y la abuela Mira después de una discusión absurda; la hierba manchada de gotas blancas porque Lib eligió pintar la valla; el ceño fruncido de concentración que compartí con mi padre al tratar de arreglar el desastre de mi hermana; el tarareo distraído de Tate al colocar las tejas cuando uno de sus grandes miedos es a las alturas; los besos rápidos que mi madre le robaba a mi padre cada vez que lo veía, y la tierna sonrisa que él le regalaba mientras la veía marcharse.

Mi casa es un pozo de recuerdos. La mayoría cálidos y familiares, aunque también abundan los más dolorosos, los que preferiría olvidar. O que nunca hubieran ocurrido.

Shiny me mira desde el otro lado de la valla y me empuja con cuidado el brazo como si me pudiera leer la mente y quisiera cortar el rumbo que están tomando mis pensamientos.

Es curiosa la conexión que se puede forjar con los caballos, tan única y poderosa, como si fuera un vínculo que va más allá de lo que se puede ver a simple vista, algo más profundo y lleno de significado, emociones y valor.

No sé en qué momento dejé de dar paseos con Shiny por las montañas como hace Tate con Raven. Incluso Sage ha hecho alguna ruta sola... ¿Cómo es que me he convertido en el obsesionado del pueblo que solo sabe trabajar? Necesito un descanso del rancho, del ganado y de mi familia…

Con un suspiro lento y cansado, desvío la mirada del pelaje reluciente de mi caballo tordo hacia la esquina del prado, donde el appaloosa lleno de tierra y polvo me mira por el rabillo del ojo como si estuviera pensando en mil y una maneras de asesinarme.

Será desagradecido el muy cascarrabias …

No hay quien se acerque a él. Cada vez que lo intento acariciar, me echa la boca y se gira para morderme o darme una coz.

“Qué voy a hacer contigo…,” murmuro, mirándolo con una mezcla entre lástima y frustración.

Dios sabe lo que ha tenido que pasar con su anterior dueño.

Cualquiera que haya vivido lo mismo que Mud se comportaría igual, o incluso peor.

Pensé que su actitud mejoraría con el tiempo, que se sentiría seguro gracias a Shiny, pero estaba equivocado.

Su miedo a interactuar conmigo sigue estando presente y no da indicios de que vaya a mejorar; al contrario, cada vez que me ve, se aleja al menos tres metros.

Su relincho agudo me hace fruncir el ceño y, al seguir la dirección que toman sus pasos emocionados, veo a Sage acercarse con una pequeña sonrisa en los labios.

“Has acabado pronto,” saluda, caminando hacia mí.

“No había mucho que hacer.” No saber si estabas bien me estaba matando por dentro . “Y necesito descansar un poco.” Me moría de ganas de sentarme a escucharte hablar sin pausa.

“Primera cosa coherente que escucho salir de tu boca, Wade.” Pues menos mal que no me puedes leer el pensamiento… “Estaba empezando a preguntarme si tu cabeza tendría un cerebro dentro o estaría hueca como la de tu hermano.”

Chasqueo la lengua contra el paladar apartando la vista, y escucho cómo suelta una sonora carcajada. Su risa me provoca un cosquilleo que me aturde, pero no tanto como para no advertir cómo se intenta acomodar a mi lado.

“Yo no me sentaría ahí,” digo, mirándola de reojo.

“¿Perdona?”

“A no ser que quieras recibir un mordisco o peor, tendrás que estar al menos a dos postes de distancia.”

Sage se queda clavada en el sitio con la boca entreabierta. Si espera que me ría y le diga que es una broma, la lleva clara.

“¿Va en serio?,” pregunta, soltando una risa seca.

“No he mentido en mi vida,” respondo solemnemente .

“Es increíble,” dice riéndose, pero me hace caso y camina hacia el otro lado del cercado. “¿Algo más que tenga que saber? ¿Son ellos los que mandan aquí? ¿Shiny te ha hecho firmar un contrato para que puedas montarlo todos los días?”

“No, Sage, Shiny no me ha hecho firmar ningún contrato,” repito sus palabras para que vea lo absurdas que suenan, pero no reacciona.

“Es bueno saberlo. Nunca se sabe.” Sonríe con suficiencia, obligándome a cerrar la boca antes de soltar algo que pueda volverse en mi contra.

Se sube a la valla con soltura, sentándose en una de las tablas de madera para sacar los brazos por encima.

Parece que Mud no se lo tiene que pensar demasiado antes de trotar hacia ella relinchando.

Me quedo embelesado con la escena, y mi mano se paraliza sobre el suave pelaje de mi caballo.

Por primera vez, estoy viendo al appaloosa siendo él mismo y no el recuerdo de todos los traumas con los que carga.

Y una idea viene a mi mente.

Sage debería domar a Mud.