Cuando florezcan los almendros (Almond Valley 1) Capítulo Diecinueve #3
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Capítulo Diecinueve #3

Definitivamente, yo no usaría las palabras buena y chica para definirla. Utilizaría algo como impulsiva y abstraída . Pero no le llevo la contraria, sino que asiento y hago un ruido afirmativo sin abrir la boca.

“Me sorprende lo rápido que habéis terminado el trabajo,” continúa diciendo, con la cabeza debajo de la vaca. “El año pasado Luke y tú tardasteis mucho más, y eso que con Sage habéis tenido una semana menos.”

Vuelvo a asentir aunque no pueda verme.

“Teníamos prisa.”

“Y todos estos años también,” dice, soltando una risa. “Y nunca habíais terminado tan pronto. Los chicos tienen experiencia con el ganado y trabajabais todo el día. Supongo que Sage también tendrá mucha experiencia si lo habéis logrado yendo solo por las tardes.”

Trago con fuerza, apretando la mandíbula antes de murmurar: “Era la primera vez que Sage trabajaba con ganado.”

Mi confesión hace que Dorian levante la cabeza con los ojos bien abiertos y la mandíbula desencajada .

“¿Me estás diciendo que Sage nunca había hecho esto?”

Asiento, desviando la mirada hacia algún punto detrás de mi amigo.

“¡Tío, eso es una locura!,” exclama sin ocultar su emoción. Sacude la cabeza sin creérselo, y se acerca a su maletín de trabajo con una sonrisa enorme. “No dejes escapar a esa mujer, Wade.”

Resoplo en respuesta, negando con la cabeza y calándome la gorra sobre los ojos.

Pasamos unos minutos en silencio, aunque Dorian todavía tiene la emoción pintada en la cara y murmura cosas para sí. De repente me sorprende al asomarse por un lateral de la vaca para mirarme con los ojos entrecerrados.

“No hace falta que estés aquí supervisándome, ¿sabes? Puedes ir a dar paseos por las praderas como en Sonrisas y Lágrimas con tu Sage.”

Tu Sage.

Mi Sage.

Clavo la vista en mis pies, pensando en todo lo que conlleva esa frase, esa palabra. Siento los ojos de Dorian escudriñándome con intensidad, pero todas mis emociones se reflejan en mi rostro y me conoce lo suficiente como para verlas si le devuelvo la mirada.

“Esto sí que no me lo esperaba…,” murmura para sí, después de soltar una sonora carcajada.

“¿Qué es lo que no te esperabas?”

Hablando del rey de Roma…

Las botas marrones de Sage aparecen a mi lado, y, cuando subo la mirada por sus vaqueros desgastados, la veo por completo. Está apoyando el peso de su cuerpo en una cadera, con los brazos cruzados y una ceja arqueada.

“Nada.”

“Wade me estaba contando lo buena que eres con el ganado.”

Dorian y yo hablamos a la vez, pero, cómo no, Sage se queda con lo que dice el rubio.

“¿Eso ha dicho?” Sus ojos brillan con un destello de malicia, fijos sobre los míos.

“ Sip . Ha admitido que eres la primera con la que hace el trabajo tan rápido. Es un récord imbatible. Felicidades, Sage,” continúa hablando mi supuesto amigo, lanzándole un guiño a ella sin girarse a ver cómo saltan chispas de mis ojos.

“Gracias, Dorian. Es todo un halago viniendo de él,” responde Sage sin apartar sus ojos grises de mí.

Aprieto los labios y ella eleva las cejas, esperando mi confirmación.

“Así es.”

Mi voz es solo un murmullo, apagado por el ruido de la máquina que usa Dorian para hacer sabe Dios qué con el animal.

Pero eso no es impedimento para que Sage me lea los labios, porque esboza lentamente una sonrisa lobuna que me provoca un escalofrío.

Necesito huir de su intensa mirada ahora mismo antes de que le dé por preguntarme más cosas y me haga decirle todo lo que se me está pasando por la cabeza.

Eso solo logrará hacer que su ego aumente descomunalmente, si es que no la asusto, y no estoy mentalizado para aguantar a una Sage con el ego subidito.

“Vamos a trabajar,” farfullo, dándome la vuelta.

Trato de moverme con la mayor naturalidad posible, pero los latidos descontrolados en mi pecho me distraen, haciéndome perder los sentidos. Por eso no me doy cuenta de que Sage me agarra del codo hasta que me gira hacia ella y vuelve a clavar esos ojos huracanados sobre mí.

“¿Así es? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?,” pregunta alzando una ceja, con un brillo diferente en el rostro.

Trago con fuerza, buscando la respuesta correcta .

“Sí,” me obligo a contestar.

Aparto la vista de ella y comienzo a caminar. ¿Hacia dónde? No tengo ni puta idea.

Por el rabillo del ojo veo que su sonrisa no flaquea. Y no sé quién cojones está tomando las decisiones en mi cabeza, porque tengo que contener el impulso de pasar los dedos por sus labios.

“¿Y qué vamos a hacer hoy, jefe?”

Jefe .

Me muerdo el labio inferior con fuerza, recolocándome disimuladamente los pantalones.

Quién me hubiera dicho que una palabra tan simple surtiría ese efecto en mi entrepierna al ser pronunciada por Sage Reid.

Sacudo la cabeza, tratando de ahuyentar las fantasías demasiado apropiadas que se me pasan por la mente.

No me giro para mirarla, pero escucho cómo da varios saltitos para alcanzarme, completamente ajena a la batalla que están librando mi cabeza y mi erección.

No sé si llegaré vivo para la subasta… Solo espero tener la paciencia suficiente para no hacer nada demasiado impulsivo de lo que luego pueda arrepentirme.