Capítulo Dieciocho #3
Julie está desternillándose de la risa en silencio frente a mí, y Lib no parece estar pasándoselo peor, pues se sacude con tanta fuerza intentando contener las carcajadas que mueve el banco donde estamos sentadas.
Los dos hombres con la misma forma de ojos y los mismos labios gruesos nos miran con las cejas levantadas. Uno de ellos con una sonrisa divertida y el otro con la mandíbula apretada.
No hace falta decir quién es quién…
“¿Vais a estar mucho más tiempo por aquí?,” vuelve a hablar Tate.
Me encojo de hombros, respondiendo por todas. “No tenemos ninguna prisa.”
“¿Y cómo vais a volver?”
“En coche,” contesto de nuevo, lanzándole una mirada como si dijera: ¿No es obvio?
“¿Habiendo bebido más de cinco cervezas cada una?”
“¡Eh, yo las he tomado con limón!,” exclama Julie levantando un dedo.
“Estoy deseando ver cómo le dices esas mismas palabras a la policía cuando te paren por conducir borracha,” dice Lib riendo, dándole unas palmaditas en la mano a su amiga.
Ambos hermanos esperan con las cejas alzadas a que terminemos de reírnos, pero su expresión no hace más que aumentar nuestro momento de histeria colectiva.
Soy la primera en calmarse y, mientras mis amigas y Tate se ríen, Weston desvía la mirada del ventanal para clavarla en mí.
“Me marcho,” gesticula, sin emitir sonido.
Asiento una vez, tomando esta oportunidad como el momento perfecto para volver a casa y no acabar teniendo un accidente en la carretera porque a Julie se le ha metido entre ceja y ceja que quiere conducir borracha.
Nuestra casa ni siquiera la queda de camino …
“Os llevo a casa,” anuncia Tate, dando una palmada.
“No necesito que me lleves,” dice Julie. De no ser por la manera en la que arrastra las palabras, la firmeza en su voz hubiera surtido algún efecto.
“Venga, Julie, no puedes conducir así.” Lib se tambalea cuando se levanta del banco, y se agarra a la mesa soltando una risita.
“Prefiero ir caminando a que me lleve tu hermano,” sentencia, elevando la cabeza con seguridad.
Lib se ríe con fuerza, y Tate se pone a discutir con Julie sobre cómo debería o no volver a casa, qué es lo mejor para su salud y los riesgos que hay por ir andando a estas horas. Ella le espeta que no es su novio y que no es quién para opinar sobre lo que hace o deja de hacer.
Punto para Julie.
La cabeza me da vueltas y me está comenzando a doler, así que, movida por la repentina necesidad de meterme en la cama y dormir la mona, decido poner fin a esta locura.
“Nosotros la llevaremos,” digo elevando la voz para que me escuchen. Todos se giran para mirarme con el ceño fruncido, y Wade me lanza una mirada que no entiendo.
Creo que el alcohol está comenzando a afectarme al cerebro, porque no sabría decir si se está preguntando cuál es la forma más rápida de arrancarme la cabeza o la ropa.
“No te importa, ¿no?,” pregunto en su dirección, intentando disimular el rubor que cubre mis mejillas rascándome la nariz.
Parece pensárselo un segundo, pero termina negando con la cabeza sin apartar sus ojos de mí.
“No hay problema,” murmura con la voz ronca.
“Pero…,” comienza Julie titubeante, intercalando la mirada entre los hermanos. “Puedo ir con Ta-”
“Te llevamos nosotros, Julie,” la corta Wade con voz grave a su espalda. No da tiempo a que rechiste, porque se da la vuelta para salir del local .
“Avisa cuando llegues a casa,” le digo a Lib antes de darle un abrazo, repitiendo el gesto con su hermano.
“¡Y tú bebe agua!” Escucho cómo grita ella a mis espaldas, pero no me giro para comprobar si le habla a Julie o a mí, concentrada en la tarea de perseguir a Wade por el aparcamiento hasta alcanzarlo.
“Gracias,” murmuro cuando llego a su altura, caminando con dificultad en línea recta y dando pequeños saltitos para ir a su ritmo. Wade asiente en respuesta, sin girar el rostro hacia mí.
La mala iluminación del aparcamiento proyecta sombras sobre su cara, marcándole aún más los rasgos y oscureciendo sus ojos. Hoy no lleva ni gorra ni sombrero, y el pelo rapado le da un aspecto más serio, más duro.
Me quedo mirándolo sin decir nada, como atrapada. Siempre supe que era atractivo, pero no tanto como para que, al verlo así, se me revuelva el estómago y sienta esa presión incómoda y repentina en el bajo vientre.
“¿Entras o vas a seguir mirándome así un rato más?”
Espero que los dos nos llevemos este recuerdo a la tumba, porque no pienso hablar jamás de esto.
Con la cara encendida y la vista clavada en el suelo, subo a la camioneta de Wade sin decir palabra.
No sé cuánto tiempo he estado mirándolo desde el otro lado del vehículo, porque cuando me giro hacia el asiento trasero, me encuentro con Julie con la boca entreabierta y los ojos cerrados, roncando ligeramente.
Suelto una pequeña risa y me giro hacia la ventana, deseando llegar a casa cuanto antes y no volver a establecer contacto visual, físico ni verbal con Wade. Porque una cosa es quedarme ensimismada con cara de ameba estando sobria… pero otra es hacerlo con alcohol corriendo por mis venas.
Y me conozco lo suficiente como para saber que, cuando babeo por alguien estando borracha, no sé poner cara de póquer.