Capítulo Dieciocho #2
Las únicas que vamos a sentir dolor físico somos mi compañera de asiento y yo. Mañana tendré agujetas de tanto reír. Y probablemente acabe con moratones de la paliza que nos dará Julie cuando se le pase la vergüenza y acabe harta de escuchar nuestras burlas.
“No puedo…,” murmura Lib sin aliento, secándose las lágrimas de sus mejillas antes de soltar otra carcajada al ver la cara desencajada por la vergüenza de su amiga.
Sin duda, no me esperaba este giro en los acontecimientos, sobre todo teniendo en cuenta que en el poco tiempo que llevo aquí apenas he visto a Julie y Tate juntos. Juraría que nunca los he visto mantener una conversación más allá de un educado “buenos días” y “adiós”.
“Ya es suficiente, ¿no?” La voz baja y titubeante de Julie acalla nuestras risas de golpe.
Tiene las mejillas sonrojadas, los labios apretados y sus ojos suplican piedad. La cara de perrito abandonado parece funcionar con nosotras, porque suspiramos y asentimos a la vez.
Lib carraspea varias veces y bebe un trago de su cuarto botellín de la noche.
“Perdona, Julie, ha sido una noticia realmente reveladora e inesperada,” dice con la voz ronca de tanto reír.
Su amiga resopla, apartándose de la cara los mechones ondulados de su cabello.
“No es que pretendiera ocultároslo, simplemente no sabía cómo decirlo sin provocaros esta reacción.”
“Creo que hubiéramos reaccionado de la misma manera aquí que trabajando o a punto de tirarnos por un puente,” digo entre parpadeos rápidos, quitándome las gafas para intentar contener las lágrimas que amenazan con salir por estar aguantándome la risa.
“Vaya desastre…”
“¿Desastre por qué?”
“Eso digo yo, si mi hermano no tiene nada de malo, ¿no?” Lib nos mira expectantes, y tengo que desviar la vista al techo unos segundos para no reírme en su cara.
Nuestra amiga no parece estar pasándolo muy bien, porque no se ríe ni reacciona, sino que mira a Lib a la espera. Estoy intentando ser una buena amiga, pero la reencarnación de Pipi Calzaslargas me lo está poniendo muy difícil.
Le doy un codazo y le lanzo una mirada significativa para que diga algo.
“Va en serio, Julie,” comienza después de resoplar y golpearme de vuelta. “No tiene nada de malo haber estado con Tate —independientemente de que sea mi hermano y tenga las neuronas justas para sobrevivir al día a día.”
“¿No te parece mal que haya estado con él? ”
“A ver, sí…” Eleva ambas cejas y me mira de reojo.
“¡Pero no en el sentido que tú crees!,” se apresura a añadir al ver cómo el color desaparece del rostro de Julie.
“Me parece mal que hayas caído en su juego. Mi hermano es un idiota que, como has dejado bien claro delante de todo el local: «es un mujeriego descerebrado que solo piensa en sí mismo». Siempre fue así y siempre lo será. Ese tipo de hombres nunca cambia, Julie. Así que si quieres pasártelo bien, ve a por ello, tíratelo las veces que quieras. Pero si quieres una relación sal de ahí antes de que te rompa el corazón.”
Ninguna habla en los siguientes segundos, Julie asimilando sus palabras, Lib terminando de beber su cerveza y yo sorprendida por la naturalidad con la que mi amiga ha demostrado su preocupación.
No estoy acostumbrada a la pasividad, sino más a la agresivo-pasividad o agresividad a secas, así que vuelvo a sorprenderme al comprobar que el discurso de Lib no esconde ningún mensaje oculto amenazante.
Es sincera cuando dice que no quiere que su amiga sufra ningún daño.
Y ese sentimiento me parece tan puro como anhelante.
Siento que mi pecho se comprime al darme cuenta de que nunca nadie se ha preocupado tanto por mí como Lib ha demostrado por Julie.
“Solo pasó una vez, hace unas semanas…,” dice Julie, jugando con la etiqueta de su botellín de cerveza con limón.
“La verdad es que no sé qué es lo que quiero. Me gusta pasármelo bien y no sentir la presión de estar atada a nadie, pero a la vez anhelo esa conexión romántica con otra persona.” Suspira con fuerza, volviendo la vista a nosotras.
“De una cosa estoy segura, y es que no quiero volver a estar con Tate,” asegura con firmeza, mirando a Lib con seriedad.
“No hace falta que jures, Julie,” dice ella, soltando una risita. “Pero si termina rompiéndote el corazón, seré la primera en decir «Te lo dije» . ” La señala con un dedo. “Y también seré la primera que le parta las piernas a mi hermano.”
“Yo también me apunto,” añado, levantando una mano.
“Acepto las consecuencias. Os aseguro que no va a pasar.”
“No prometas nada, Julie. Nunca digas nunca.”
Me llevo el botellín a los labios antes de dar un largo trago, y mis palabras parecen surtir algún efecto en ella porque asiente y vuelve la vista a la ventana.
El resto de la noche trascurre entre risas, anécdotas del trabajo y quejas hacia los hombres. La historia de mi ex, Tom, sale a flote en algún momento, y mis amigas prometen partirle las piernas a él también si alguna vez lo ven.
“Y hablando de romances tórridos entre mis hermanos…,” comienza Lib con un tono juguetón.
Sujeta el botellín con las dos manos como si le fuera la vida en ello. He perdido el número de cervezas que hemos tomado, pero estamos las tres un poco avispadas.
“Hmm…”
“¿Qué hay entre Weston y tú?”
Trago a duras penas la cerveza que tengo en la boca, tosiendo descontroladamente al sentir cómo el líquido va por el lado que no es.
“Pues…” Tengo que toser más al escuchar mi voz ronca, y clavo la mirada en la pegatina del vidrio que sostengo en mi mano antes de continuar. “Ahora mismo diría que es una relación de jefe y empleada. O de casero y arrendataria.”
Lib suelta un quejido, como si esperase que ocurriera algo más entre nosotros.
“Oh, venga, vamos. No me vengas con el argumento de jefe-empleada. Eso en River Cross no sirve de nada.”
Busco a Julie con la mirada, que me lanza una mirada apenada y gesticula un “lo siento” al darle la razón a Lib.
“Lamento comunicaros que no le confieso mis secretos más profundos ni comparto fluidos con Weston. Más allá del sudor mientras trabajamos… No tenemos nada más que conversaciones banales mientras lo ayudo con el ganado para la su basta.”
“Y comentarios mordaces,” añade Julie con una sonrisa.
“Eso es,” asiento, guiñándole un ojo.
“¿Entonces me estás diciendo que vais a ser el claro ejemplo de los que pelean se desean ?,” pregunta Lib, elevando repetidas veces las cejas.
“Pero tú qué tienes, ¿cinco años?”
“Si te lías con Weston sería perfecto, Sage. Piénsalo. Si le quitaras el palo ese que tiene metido por el culo y le llega hasta la garganta, dejaría de ser tan gilipollas con todo el mundo.”
“No creo que eso funcione así…”
“¡Pues claro que sí!,” exclama, repentinamente entusiasmada con la idea. “Lo seduces, te acuestas con él —que seguro que el sexo no le vendrá nada mal; sabe Dios cuánto tiempo llevará sin acostarse con nadie…—, lo enamoras y él dejará de ver el mundo tan negro.”
“Lib, es la peor idea que has tenido en tu vida,” dice Julie, aguantando la risa.
“Tú calla, que te has acostado con mi otro hermano.”
“Por Dios…,” murmuro, llevándome las manos a la cabeza sin poder contener una risita.
Lib y Julie discuten sobre la fiabilidad del plan, y mis párpados se cierran al sentir el calor emanando de mi pecho por el alcohol. Me siento a gusto y en familia, y daría lo que fuera por quedarme toda la vida en esta burbuja.
“Hablando de la familia Weston…” El susurro de Julie me saca de mi trance. “Se están acercando, chicas.”
Sin atrever a moverme, suelto una carcajada en voz alta, que suena amortiguada por mis manos. Julie me da una patada bajo la mesa en toda la espinilla con demasiada fuerza, y suelto un quejido antes de volver a reírme.
“Sage, ¿estás bien?”
La voz de Tate llega a mis oídos como un murmullo lejano por el ruido del local. Me obligo a levantar la cabeza para mirarlo con los ojos vidriosos por la risa y una sonrisa tonta por las cervezas de más.
“ Muy bien,” asiento arrastrando las palabras, volviendo la vista a mis acompañantes.