Capítulo 17 Nada de lo que creías es real #5
Hoy desperté y no tenía nada que hacer.
Así que pensé... —una sonrisa pequeña apareció apenas— ¿por qué no eliminar un poco de escoria?
Entonces volvió a mirarlo directamente.
—Y voy a empezar contigo.
La criatura soltó un sonido húmedo.
Algo parecido a una risa.
—Lo confirmo... definitivamente eres estúpido.
Y entonces dio la orden.
—¡Demonios! —la voz retumbó en el sótano—.
¡Acaben con él!
Todo se movió al mismo tiempo.
Las sombras del suelo comenzaron a levantarse.
Las paredes parecieron abrirse apenas.
Respirando.
Retorciéndose.
Formas comenzaron a salir desde todos lados.
Del techo.
Debajo de la mesa.
De rincones donde segundos antes no había nada.
Algunas criaturas avanzaban arrastrándose.
Otras se movían demasiado rápido.
Y algunas ni siquiera parecían tocar realmente el suelo.
Gustavo no retrocedió.
La marca reaccionó inmediatamente.
No con luz.
Con intención.
La sensación recorrió su brazo como presión viva.
El primero se lanzó contra él.
Y no logró tocarlo.
La mano de Gustavo lo atravesó limpiamente.
La criatura se quebró al instante, deshaciéndose como humo rasgado.
El segundo llegó más rápido.
Más agresivo.
Terminó igual.
Pero entonces aparecieron más.
Demasiados.
Moviéndose de formas distintas.
Algunos trepando por las paredes.
Otros deformándose entre las sombras.
Uno logró alcanzarlo.
El impacto fue real.
Doloroso.
Gustavo retrocedió un paso.
Luego otro.
Y aun así siguió peleando.
La marca ardía debajo de la piel.
No como fuego.
Como exigencia.
Como algo pidiéndole más velocidad.
Más precisión.
Más control.
Pero todavía no era suficiente.
Las criaturas comenzaron a rodearlo.
Golpeándolo.
Desgastándolo.
Empujándolo lentamente hacia atrás.
Y por un instante Gustavo realmente creyó que ahí terminaría todo.
Y entonces el aire cambió.
El Ángel apareció.
Y con su presencia todo se ordenó.
Los movimientos dejaron de sentirse caóticos.
El espacio mismo pareció estabilizarse.
Las criaturas comenzaron a caer una tras otra.
Movimiento limpio.
Preciso.
Sin desperdicio.
Sin furia.
Como si la violencia no fuera emoción, sino función.
Los demonios se quebraban apenas el Ángel los tocaba.
Algunos desaparecían antes incluso de alcanzar a reaccionar.
Otros intentaban huir hacia las sombras.
Ninguno lo lograba.
Hasta que finalmente el silencio volvió.
Pesado.
Real.
El sótano quedó inmóvil otra vez.
Solo respiraciones agitadas.
El olor húmedo.
La sangre.
Y entonces el Ángel avanzó hacia el ministro.
Sin prisa.
La presencia del lugar entero pareció tensarse.
Pero justo antes de alcanzarlo algo lo detuvo.
Invisible.
Violento.
Como una presión atravesando el espacio.
La criatura sonrió nuevamente desde el cuerpo deformado.
—Este Ángel no es más fuerte que yo.
Gustavo avanzó sin dudar.
Hasta quedar frente a él.
La respiración todavía pesada.
La marca ardiendo debajo de la piel.
—Sí... —la mirada permaneció fija en aquellos ojos deformes— pero tú no eres más poderoso... —más bajo— que Aquel que nos envió.
Miró rápidamente alrededor.
Y tomó lo primero que encontró.
Un hueso.
Entonces lo clavó hacia arriba.
Directo bajo el mentón.
Atravesando la cabeza.
El sonido fue seco.
Brutal.
La criatura se tensó.
Gustavo sostuvo el hueso unos segundos más.
Sin emoción.
—Cállate.
Ya me aburriste.
El cuerpo cayó pesadamente al suelo.
Sin resistencia.
Y por un momento todo pareció terminar.
O al menos eso quiso creer Gustavo.
Salieron del sótano.
El aire afuera se sentía distinto.
La noche había avanzado.
Y el templo parecía extrañamente normal otra vez, como si nada hubiera ocurrido debajo.
Entonces Gustavo lo vio.
El joven.
Seguía ahí.
A lo lejos.
Esperando.
Observando en silencio.
No parecía asustado.
Solo confundido.
Como alguien que acababa de ver algo imposible, y una parte de él hubiera entendido demasiado rápido.
Gustavo sostuvo la mirada unos segundos.
Y sintió algo familiar.
No en el rostro.
En la forma de mirar.
En la manera incómoda en que parecía percibir cosas que los demás no podían.
—¿Quién es?
El Ángel respondió sin dudar.
—Ya lo dijiste antes.
"No te alcanza la vida para arreglar esto."
El silencio cayó lentamente.
Y entonces Gustavo entendió.
La idea apareció tan rápido que incluso le molestó.
—¿Es... mi reemplazo? —frunció apenas el ceño—.
¿Hablas en serio?
El Ángel no respondió.
Pero esta vez no hacía falta.
Gustavo volvió a mirar al joven.
Y el muchacho apartó la mirada casi de inmediato, como si todavía no supiera qué hacer con todo aquello.
Entonces Gustavo giró lentamente hacia el Ángel.
Entrecerró apenas los ojos.
—Espera... —la sospecha apareció lentamente en su rostro—.
¿Eso fue una sonrisa?
Silencio.
Después una inclinación mínima de cabeza.
Casi imperceptible.
Y Gustavo soltó una pequeña risa cansada.
—Mira nada más... —más bajo— después de todo sí tienes sentido del humor.
El Ángel no respondió.
No hacía falta.
Cuando Gustavo volvió a mirar, ya no estaba.
Permaneció inmóvil unos segundos.
Después comenzó a caminar rumbo a casa.
Y por primera vez desde que todo comenzó, regresó solo.
Sin escuchar ningún comentario sarcástico detrás de él.