Cuando descubras la verdad Capítulo 20
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Capítulo 20

Confesiones

La habitación estaba vacía cuando entré. Necesitaba un segundo para ordenar mínimamente todo lo que se había acumulado en las últimas horas. Pero enseguida llamaron a la puerta.

—¿Sí?

—Soy yo —la voz de Pol.

—Pasa.

—Vengo con noticias.

—¿Qué pasa?

—No te lo vas a creer.

—¿Qué?

Se apoyó en la pared, cruzándose de brazos.

—Acabo de ver a Jana y a Robert en el patio.

—¿Y?

—Movida gorda —respondió—. No sé exactamente qué se han dicho porque estaban lejos, pero… discusión de las buenas.

Se tomó un segundo.

—Robert ha terminado llorando.

No esperaba eso.

—¿Llorando?

—Como un niño pequeño —asintió—. De verdad. Fatal.

No dije nada, pero mi cara me delató. Lo supe en el momento. Porque Pol se quedó mirándome, entrecerrando los ojos.

—Espera un momento… —murmuró.

Mierda.

—¿Por qué no te sorprende? —añadió, apartándose un poco de la pared—. ¿Sabes algo que yo no sé?

Ya no tenía sentido callármelo.

—Pol… —empecé, soltando el aire—. Tengo algo que contarte.

—Vale —dijo, acercándose un poco más—. Me estás asustando. ¿Qué pasa?

Sentí que necesitaba decirlo en voz alta.

—Me he besado con Jana.

Pol se quedó completamente congelado, con la boca abierta.

Parpadeó.

Una vez.

Dos.

Y de repente—

—¿QUÉ?

Di un respingo.

—¡Pol, baja la voz!

—¿QUÉ DICES? —repitió, ahora en un susurro muy poco discreto—. ¿Cómo que te has besado con Jana?

Se llevó las manos a la cabeza, caminando en círculos por la habitación.

—No puede ser… no puede ser… O sea… sí puede ser, porque tiene todo el sentido del mundo, pero—

Se giró hacia mí de golpe.

—¡CUÉNTAMELO TODO!

No pude evitar reírme.

—Relájate un poco, por favor.

—No puedo relajarme —respondió—. Esto es muy fuerte.

Se dejó caer en la cama, mirándome como si fuera a empezar una película.

—Empieza por el principio. Cuándo, cómo, por qué. Todo.

Negué con la cabeza, todavía sonriendo.

—Vale… —respiré hondo—. Todo empezó el día de su cumpleaños.

—¿El de la fiesta de Jana?

—Sí.

—¿Y?

—Después de la fiesta… la llevé a la piscina.

—¿A la piscina?

—Sí.

—¿Pero la piscina no está cerrada?

—Está cerrada.

—¿Entonces?

—Me colé.

—¿Te colaste? —repitió.

—Sí.

—¿Y la llevaste contigo?

—Ajá.

—¿Cómo?

—Con los ojos vendados.

Pol se quedó mirándome como si estuviera hablando con una completa desconocida.

—Ares… —dijo lentamente—. ¿Quién eres tú y qué has hecho con la persona que conocía?

Solté una carcajada.

—Fue una sorpresa.

—¿Y Jana se dejó?

—Sí.

—No me lo creo.

—Te lo prometo.

Negó con la cabeza, incrédulo.

—Esa chica que necesita cerrar la puerta cuatro veces para estar tranquila… ¿se dejó vendar los ojos y colarse en la piscina contigo?

—Sí.

—Estoy flipando.

—Yo también.

Se llevó una mano a la cara, riéndose.

—Vale, vale… sigue.

—Llevé unas cervezas —añadí.

Pol volvió a mirarme de golpe.

—¿Cómo que cervezas?

—Las que cogí de tu habitación.

—¡¿QUÉ?! —dijo, escandalizado—. ¿Esas cervezas?

—Esas cervezas.

—Ares…

—Lo sé.

—Estás completamente loca.

—También lo sé.

Pol negó con la cabeza, pero estaba sonriendo.

—Vale, sigue. Por favor.

Me acomodé un poco en la silla.

—Nos sentamos en el borde de la piscina, empezamos a hablar… a conocernos de verdad.

Bajé un poco la voz.

—Y en algún momento… pasó.

Pol se inclinó hacia delante.

—¿Cómo?

—No sé —respondí, sincera—. Fue… natural. Nos miramos… y ya está.

—¿Y qué sentiste?

La pregunta me pilló desprevenida, pero no tardé en responder.

—Todo.

Pol sonrió.

—Fue… —busqué las palabras—. Muy intenso.

Asintió, como si entendiera perfectamente.

—¿Y luego?

—Luego nada —me encogí de hombros—. Volvimos, y al día siguiente… todo raro.

—Claro.

—Y hoy…

Me quedé un segundo en silencio.

—Hoy ha sido cuando ha explotado todo.

Pol me miró, atento.

—¿Ha pasado algo más?

—Me ha dicho que me quiere. Bueno... no exactamente así. Estábamos discutiendo por haberme cambiado de habitación y simplemente gritó “Te quiero a ti”.

—Vale… —dijo al cabo de unos segundos—. Vale, esto ya es otro nivel.

—Sí.

—¿Y tú?

Sonreí, sin poder evitarlo.

—Yo estoy completamente enamorada de ella.

Pol dejó caer la cabeza hacia atrás en la cama.

—Madre mía…

Se incorporó de golpe.

—Es que esto es muy fuerte.

Señaló hacia la puerta, como si Jana pudiera aparecer en cualquier momento.

—O sea, Jana. La NASA. La de los rituales. La de “todo en su sitio”. La de Robert.

—Esa misma.

—Y ahora está contigo.

—Sí. Bueno... no. Es complicado.

Se quedó mirándome unos segundos y luego sonrió.

—Me encanta.

No pude evitar reírme.

—A mí también.

—Aunque vaya a ser un caos absoluto.

—Eso seguro.

—Pero de los buenos.

Pol seguía mirándome, entusiasmado.

—¿Y tú cómo estás? —preguntó al fin, bajando un poco el tono.

—En una nube… —admití—. O sea, todavía no me lo creo.

Bajé la mirada, jugando con mis manos.

—Es como… demasiado bonito. Y eso me da miedo.

—¿Miedo?

—Sí. Que en cualquier momento se arrepienta. Que esto para ella sea un impulso, algo nuevo… y que luego diga “vale, hasta aquí”.

Suspiré.

—No sé muy bien cómo van a ser los siguientes pasos, ¿sabes? Nunca ha estado con una chica… todo es nuevo para ella. Y eso lo hace todo muy incierto.

Pol me escuchaba sin interrumpir.

—Pero hay una cosa que tengo clarísima —añadí, levantando la mirada—. Quiero estar con ella.

Y decirlo en voz alta hizo que sonara aún más real.

Pol sonrió, sincero.

—Joder, Ares… —murmuró—. Me alegro mucho por ti.

Le devolví la sonrisa.

—Gracias.

Se quedó pensativo.

—Entonces… —dijo—. Lo que he visto antes en el patio con Robert y Jana… ¿era una ruptura?

—Puede ser…

—Si es así… —añadió—. Jana va con todo.

No respondí de inmediato. Solo sonreí, pero por dentro… algo se encendió. Ilusión. Aunque rápidamente la frené.

—No quiero hacerme demasiadas películas. Ya me conozco. Luego el golpe es peor.

—Eres insoportable.

—Lo sé.

—Disfruta un poco, tía.

—Estoy en ello.

—Vale —dijo de repente, girándose hacia mí con cara de cotilleo máximo—. Pregunta importante.

—A ver.

—¿Cómo besa Jana?

—¿En serio?

—En serio.

Negué con la cabeza, pero acabé cediendo.

—Pff… Increíble.

Pol alzó las cejas.

—¿Sí?

—Sí —asentí—. Adictivo. Tiene unos labios… —hice un gesto con la mano—. No sé. Es el mejor beso de mi vida.

Pol soltó un silbido bajo.

—Wow.

—Ya.

—No me esperaba menos, la verdad.

—Eres idiota.

—Pero con criterio.

Nos reímos.

—Oye… —añadió después, bajando un poco la voz otra vez—. Y compartiendo habitación…

Le miré.

—¿Qué?

—¿No habéis… dormido juntas?

—No.

—¿Nada?

—Nada.

Pol abrió los ojos, sorprendido.

—Me muero de ganas —admití, soltando una pequeña risa nerviosa—. Pero… no quiero presionarla.

Se quedó escuchando.

—Me da miedo no gustarle —añadí, más bajo—. Al final… soy su primera chica.

—Ares.

Le miré.

—Le encantas —dijo, sin rodeos—. Se te ve a ti… y se le ve a ella. No te ralles con eso.

—Ya… pero—

—Pero nada —me cortó—. Déjala ir a su ritmo, sí. Pero no te montes películas raras en la cabeza. Confía un poco.

—Lo intentaré.

—Así me gusta.

Él se dejó caer un poco hacia atrás, todavía con esa sonrisa medio incrédula.

—Oye… —dijo de repente—. ¿Y qué pasa con Iris?

Alcé una ceja.

—¿Qué pasa con Iris?

—Pues eso —respondió—. Que acaba de llegar, es guapísima, se te acerca, te toca el collar, te hace ojitos… y tú estás aquí hablando de Jana como si no existiera nadie más en el planeta.

Me reí.

—Ya… A mí también me extraña un poco.

—¿El qué?

—Que alguien como Iris… Pues eso, que en cualquier otra situación...

Pol asintió, como entendiendo perfectamente.

—Pero es que no tengo ojos para nadie más —añadí, más tranquila—. O sea, literalmente.

Se me iluminaron los ojos.

—Estoy muy pillada.

Pol soltó una risa.

—Confirmo.

—¿Y tú qué? —le pregunté—. ¿No te gusta Iris?

—A ver… —empezó—. Claro que me gusta. Es un bombón.

—Normal.

—Pero vamos… —continuó—. Es imposible que se fije en mí.

—¿Por qué?

—Porque sí. Porque es ella y soy yo. No hay mucho más que explicar.

—Qué tontería.

Pol me miró, poco convencido.

—No es ninguna tontería.

—Sí lo es —insistí—. Tienes muchas cualidades.

—¿Ah, sí?

—Sí —respondí, señalándole con el dedo—. Eres divertido, tienes labia, sabes leer a la gente… y, además, cuando quieres, puedes ser bastante encantador.

Pol entrecerró los ojos.

—¿“Cuando quiero”?

—Cuando no estás haciendo el payaso.

—O sea, casi nunca.

—Exacto.

Se rio.

—Gracias por el cumplido.

—Es la verdad —añadí—. Y, además, ya te he visto en acción. Sabes ligar.

Pol alzó una ceja.

—¿Ah, sí?

—Lo de la cocinera no fue casualidad.

—Eso fue puro talento.

—Pues úsalo —repliqué—. Inténtalo con Iris.

Negó con la cabeza, pero estaba sonriendo.

—No sé yo…

—¿Qué pierdes?

—Nada…

—Pues eso.

—Vale… Igual lo intento.

—Así me gusta.

—Es que además tiene ese rollo… —añadió Pol, haciendo un gesto con la mano—. No sé, como de seguridad absoluta. Entra en una habitación y parece que todo gira un poco alrededor suyo.

—Sí… es muy guapa.

—Mucho —remarcó él—. Y sexy. O sea, es que no se puede negar.

—No, no se puede.

—Y encima cae bien —continuó—. Eso es lo peor.

—Totalmente —añadí—. Es de esas personas que dices “vale, además de todo eso, eres simpática… qué injusto”.

—La vida es muy dura.

—Muchísimo.

Y fue justo en ese momento cuando la puerta se abrió. Era Jana. Pol se levantó de la cama casi de un salto.

—Bueno —dijo, aclarando la voz—. Yo creo que… ya he cumplido por hoy.

Señaló hacia la puerta.

—Os dejo.

Pasó por al lado de Jana con una sonrisa rápida, casi de disculpa.

—Hasta luego.

Y salió sin esperar respuesta.

Me giré del todo hacia Jana.

—No te cortes, puedes continuar diciendo lo guapa y sexy que es Iris —dijo.

Me reí

—Estábamos diciendo tonterías

—Claro.

—¿Estás celosa?

—No.

—Ya.

—Que no —insistió, cruzándose de brazos.

—Se te da fatal disimular.

Jana me fulminó con la mirada.

—No estoy celosa —repitió.

Me acerqué un poco más.

—Estás muy guapa cuando estás celosa.

Jana puso los ojos en blanco al instante.

—Eres insufrible.

Sonreí, acercándome un poco más.

—Lo sé.

—He hablado con Robert —dijo.

—¿Sí?

Asintió.

—Le he dejado.

El tiempo se ralentizó un segundo. No por sorpresa absoluta… pero sí por el peso de lo que implicaba. Era real de verdad. No solo palabras.

—Jana… eso es…

No terminé la frase, porque no sabía muy bien cómo hacerlo sin que sonara demasiado grande.

La miré.

—¿Cómo estás?

—Extrañamente bien.

Eso me sorprendió.

—¿Sí?

—Sí. Pensaba que iba a sentirme peor. Más culpable, más… no sé. Pero no. Es algo que necesitaba hacer.

—¿Y él? —pregunté—. ¿Cómo se lo ha tomado?

Jana soltó un pequeño suspiro, como si ya hubiera repasado esa escena varias veces en su cabeza.

—Mal —respondió—. Muy mal. Se ha enfadado. No lo entiende. Y se ha puesto un poco… raro.

—¿Raro cómo?

—No sé… más alterado de lo normal. Ha levantado la voz, se ha acercado demasiado…

—¿Violento? —la corté—. ¿Se ha puesto violento?

—Un poco, pero—

—¿Te ha hecho algo? —pregunté, dando un paso hacia ella—. Porque si es así voy ahora mismo a—

—Ares, tranquila. No ha pasado nada. No me ha hecho nada.

La miré, buscando cualquier señal.

—¿Seguro?

—Seguro. Pero creo que no sabe gestionarlo. Le ha pillado por sorpresa.

—Eso no justifica nada.

—Ya, pero tampoco creo que sea… peligroso.

—Aun así…

—Ares, de verdad. Estoy bien.

—Vale…

Jana esbozó una sonrisa.

—Gracias por ponerte en modo guardaespaldas.

Bufé, medio riéndome.

—No tiene gracia.

—Un poco sí.

Jana se tiró en la cama.

—Ha sido un día muy largo…

Sonreí, apoyándome en la pared.

—Y eso que empezó con una excursión tranquila.

—Lo que daría por un día normal.

—¿Normal, aquí? —alcé una ceja.

—Bueno… —dudó—. Dentro de lo que cabe.

—Deberíamos dormir —dije.

—Sí —asintió ella—. Mejor.