Capítulo 15 #3
—Esto. —Hice un gesto entre las dos—.
Ella me miró, sin entender del todo. Y ahí, justo en ese momento, me entró el vértigo, de golpe.
Como si hubiera dado un paso adelante sin mirar y de repente viera el vacío debajo.
¿Qué estaba haciendo? ¿Qué sentido tenía esto?
¿Iba en serio a pedirle explicaciones sobre su novio?
¿Sobre lo de anoche? ¿Quién era yo para eso?
Noté cómo me cerraba y cómo todo lo que había salido en un impulso se recogía otra vez hacia dentro.
—Da igual —dije rápido, apartando la mirada—. Déjalo.
Jana dio un paso hacia mí.
—No, Ares, espera.
—De verdad, no pasa nada.
—Sí pasa —insistió—.
—No tiene sentido.
—Pues dáselo.
La miré un segundo más. Y no sé muy bien de dónde salió, pero salió.
—¡Que eres mi Vicente! —solté de golpe—. ¡Eso pasa!
Jana parpadeó, completamente descolocada.
—¿Qué?
No supe si reírme o si salir corriendo.
—¿Quién es Vicente? —preguntó, todavía más confundida—. ¿Qué dices?
Y entonces me reí. Me entró una risa nerviosa incontrolable.
—Nada, nada… —dije, negando con la cabeza—. De verdad, déjalo.
Me pasé una mano por la cara, intentando recomponerme.
—Olvídalo.
Jana me observaba como si estuviera intentando decidir si acababa de perder completamente la cabeza o si se le estaba escapando algo importante.
—Ares, estas como una cabra.
—En serio —corté, intentando volver a algo más seguro—. Déjalo.
Hice una pequeña pausa y respiré.
—Cuéntame. ¿Qué te ha dicho Robert?
Jana tardó un poco en cambiar el chip. Suspiró, todavía con ese gesto de no entender nada del todo, pero accedió.
—Vale…
Se sentó en la cama otra vez, apoyando las manos a los lados, como si necesitara estabilidad para contar lo que venía.
—Robert me ha dicho que… —empezó— que Marcos no era tan modosito como aparentaba.
—¿Cómo que no?
—Que les pilló bebiendo —explicó—. A él y a los del ala C.
Noté cómo todo encajaba un poco más.
—Y en vez de denunciarlo… —continuó—, les dijo que no diría nada a dirección si le dejaban beber con ellos.
—¿En serio?
—Sí. Y no fue solo un trago —añadió Jana—. Fue… otro. Y otro. Y otro. Acabó bastante mal.
Me apoyé contra la pared, cruzándome de brazos, procesándolo.
—O sea… que el médico ejemplar acabó de fiesta con pacientes y borracho.
—Exacto.
Me quedé en silencio dándole vueltas a lo que acababa de decir.
—Vale… Entonces tenemos esto.
Empecé a caminar por la habitación como si el movimiento me ayudara a ordenar las ideas.
—Había alcohol en la fiesta. Eso seguro. Lo llevaba gente del ala C… Robert entre ellos.
Jana seguía sentada en la cama, escuchando.
—Marcos los pilla —continué—. Y en vez de montar un circo o avisar a dirección… decide unirse. Bebe con ellos. Bastante. Lo suficiente como para que luego aparezca alcohol en su sangre.
Me detuve y me giré hacia ella.
—Hasta aquí… tiene sentido.
Jana asintió.
—Pero entonces… —añadí—. ¿Qué coño pasa después? Porque vale… está borracho. Está desubicado. Quizás se va antes, o se queda más rato… lo que sea. Pero de ahí a acabar muerto en su despacho… —negué con la cabeza—. Hay un salto enorme.
Jana seguía sin decir nada.
—¿A ti Robert te dijo si Marcos se fue con ellos luego a la habitación de Pol?
—No… —respondió—. Solo que bebió.
Asentí, volviendo a lo mío.
—Vale… entonces en algún momento se separa de ellos y ahí es donde todo se vuelve raro. Porque no hay pelea. Nadie ha oído nada claro. Nadie ha visto nada. Y aun así… alguien lo mata. Y no parece algo planeado —continué—. No hay… no sé… no hay esa sensación de “voy a hacer esto”.
Me apoyé contra la pared.
—Parece más… —dudé un segundo—. Más caótico. Más impulsivo.
—Como si algo se hubiera torcido de repente —añadió Jana—. Como si alguien perdiera el control.
—Joder… ¿Pero quién? ¿Y por qué?
Me dejé caer en la silla.
—O se nos está escapando algo muy gordo… o alguien no está contando toda la verdad.
—No sé, Ares, creo que por más vueltas que le demos, no vamos a llegar a ninguna parte.
—Quizás tengas razón.
Pero no me lo creía del todo. Tenía la sensación de tener algo delante que no acababa de ver. Como cuando tienes una palabra en la punta de la lengua, pero no te sale. Y cuanto más la buscas, más se esconde.
—Al final voy a acabar como Ramón… Un par de días más y empiezo a hablar de clones.
—Poco te queda.
El comentario del inspector volvía a mi cabeza de vez en cuando.
“¿Has tenido episodios en los que no recuerdas lo que has hecho?”
Era una molestia de fondo, como una piedra en el zapato que no llega a doler, pero tampoco te deja caminar del todo normal.
—Voy a intentar no pensar más en esto —dije, sin demasiada convicción.
Sabía que no iba a ser tan fácil. Porque cuando algo se me metía en la cabeza, no solía salir por las buenas.
Pero también sabía que seguir tirando del hilo sin tener nada más solo iba a empeorar las cosas.
Miré la habitación, luego a Jana. Y lo dejé ahí, sin resolver, como todo lo demás.
Y con esa sensación extraña de que, aunque intentara apartarlo, aquello todavía no había terminado.