Capítulo Veintiséis #3
Debería importarme, pero no de la manera que lo hace.
Me hubiera ofrecido a llevarla a casa aunque Lib no hubiera bebido… Puedo llegar a ser muy cabezota, y no hubiera dejado de insistir hasta conseguirlo.
Asiento una vez. “Venga, vamos.”
Nos despedimos de mi hermana con un abrazo antes de poner rumbo hacia el aparcamiento improvisado que pusimos en uno de los campos de ganado.
Encontramos mi camioneta sumidos en un cómodo silencio.
Ninguno de los dos habla, pero tampoco parece que haga falta.
La inauguración ha sido increíble, tanto para los vecinos como para unos posibles patrocinadores de la escuela de cross.
El proyecto ha conquistado a todos los invitados y, con algo de suerte, podré arrancar la escuela la semana que viene.
Varias personas me han dicho que estaban interesadas en entrenar conmigo, así que confío en que todo salga bien.
Arranco la camioneta, bajo las ventanillas y conduzco hacia River Cross con el canto de los grillos de fondo y la luna iluminando la carretera.
Hablamos con orgullo del éxito de la inauguración y las sensaciones desde el punto de vista de cada uno.
Reímos al recordar la incapacidad de Sage para coordinar los pies al bailar, y casi sin darnos cuenta, los quince minutos de trayecto llegan a su fin.
Enfilamos la calle de Julie, pero ella no deja de hablar de los libros a los que se refería mi hermana cuando bailamos juntos. Me hace gracia pero a la vez me pica algo por dentro. Me da cierta envidia que lean ese tipo de historias con la excusa de que no existen hombres así en la realidad.
Porque, si me lo pidiera, yo podría ser perfectamente uno de esos protagonistas sin camiseta.
No consigo que Julie se calle ni siquiera cuando aparco frente a su portal y apago el motor.
Sigue hablando como si no hubiera tenido tiempo para hacerlo durante todo el día, pero yo dejo de escuchar lo que dice.
El botón de silencio parece que solo funciona cuando alargo una mano hacia ella y le aparto con delicadeza los mechones que enmarcan su rostro, rozando su piel apenas un segundo.
Y entonces, por fin, se queda callada.
No sé quién se mueve primero. Solo sé que, de un segundo a otro, la tengo encima y su boca se mueve contra la mía como si llevara todo el día buscándola.
Deslizo las manos por todo su cuerpo, tratando de memorizar cada uno de sus huecos.
No me contento con tocarla por encima de la ropa, pasando la mano por dentro de su camiseta para tocarle la barriga.
Julie jadea contra mi boca, y el sonido me golpea de arriba abajo, haciendo que me endurezca al instante contra la tela de mis vaqueros.
Atrapo su labio inferior entre mis dientes, arrancándole un gemido agudo. Aprovecho que abre la boca para introducir la lengua en ella, y Julie se pega aún más a mí en respuesta. Siento sus pezones endurecidos a través de la tela de su camiseta, y maldigo para mis adentros al obligarme a frenar.
“Debería irme a casa,” digo sin aliento antes de que vuelva a atrapar mi boca en un intenso beso que me nubla los sentidos.
“O no…,” susurra ella, dejando de besarme para enterrar la cara en mi cuello.
Escucho cómo inspira mi aroma, y ese simple gesto me vuelve loco.
Dibuja una línea en mi piel con sus labios, y tengo que contenerme para no dejar escapar un jadeo.
Aprieto la mandíbula con fuerza, armándome de valor para reunir las pocas fuerzas que me quedan para cogerle las manos.
La aparto lo suficiente como para mirarla pero que nuestros cuerpos sigan en contacto.
Tiene un brillo diferente bajo la luz azulada de la luna. El dorado de su pelo tiene un color más intenso, y sus ojos relucen como dos gemas verde oliva, mirándome con deseo.
“Quiero hacerlo bien, campanilla.” La sujeto de los hombros, rozando con las puntas de los dedos la piel erizada de su nuca.
“Primero tenemos que hablar de lo que ocurrió el otro día. Pero no quiero hacerlo hoy. Ha sido un día muy largo y estamos cansados. Lo mejor es que nos vayamos a dormir cada uno en su casa, contentos y orgullosos porque la inauguración de cross ha salido mejor que bien.”
“Ha superado nuestras expectativas,” asiente ella en un susurro con los labios hinchados y brillantes.
Me obligo a volver a mirar sus ojos para no perder el control.
“En el próximo entrenamiento hablaremos de lo ocurrido.”
“Tenemos una conversación pendiente,” murmura, pero no usa un tono de pregunta.
Asiento.
“Te lo prometo.”
Julie suspira con fuerza, rindiéndose bajo mi tacto.
“Está bien. Buenas noches, Tate.”
“Buenas noches, campanilla.”
Le doy un último beso en la frente, posando mis labios unos segundos más de lo necesario. No la pierdo de vista desde que sale de la camioneta, y me mira con esa sonrisa que me desarma al volverse hacia mí, hasta que cruza el portal y desaparece al otro lado.
Y, aun sabiendo que yo la he dejado marchar, me quedo unos segundos más allí, como si en cualquier momento fuera a volver.