Cuando brille la escarcha (Almond Valley 2) Capítulo Veinticinco #2
80%

Capítulo Veinticinco #2

Sage llega con tres jarras llenas hasta arriba de un líquido dorado con hielo. Estamos solas en la mesa junto a la ventana, pero en cualquier momento llegará nuestra rubia con trenzas.

“¿Y esto?,” pregunto, oliendo la bebida.

“Sidra moderna,” contesta con una sonrisa. “Theo dice que acaba de llegarle y que está buenísima.” Se sienta frente a mí antes de darle un buen trago. “Pruébala.”

Hago lo que me pide sin rechistar, alzando las cejas al percibir un inesperado sabor dulzón.

Tengo que contenerme para no seguir bebiendo; no quiero emborracharme hoy.

Mañana tengo entrenamiento con Tate por la mañana temprano, así que mi plan de hoy consiste en tomarme un par de bebidas con mis amigas y volver a casa para acostarme pronto.

“Está buenísima,” asiento, mirando la jarra de cerca.

Pero parece que esta tarde no solo voy a estar solo con mis amigas. Vuelvo la vista hacia Sage después de dejar el vaso sobre la mesa, pero una cabellera rubia me hace mirar por encima de su hombro. Y me quedo boquiabierta.

Sage se gira en el asiento con el ceño fruncido al verme paralizada. No tarda ni un segundo en fijarse en lo mismo que yo.

“No me jodas,” murmura con la voz cargada de diversión.

Vemos cómo Lib se acerca a nosotras con una sonrisa ladeada. Mantiene la vista clavada en mí mientras se abre paso por el local, pero yo no puedo apartar la mirada de su mano. Porque no viene sola. Y sus manos están entrelazadas.

Me va a dar un parraque .

La inesperada pareja se queda de pie delante de nuestra mesa. Un extraño silencio nos envuelve, y parece que queremos romperlo pero nadie parece saber cómo. Sage carraspea, incómoda, y Lib cambia el peso de un pie al otro.

“Buenas tardes, preciosas,” nos sorprende hablando la voz masculina al lado de nuestra amiga de cabello trenzado.

Desvío la vista de mi amiga hacia él, cada vez más horrorizada. Porque se trata de Eli. Mi amigo Eli. Que, por si fuera poco aparecer de la mano con mi amiga, me mira con una sonrisa arrogante que me hace querer arrancársela de un golpetazo.

¿En qué momento ha ocurrido esto?

¿En qué momento he conseguido que ocurriera esto?

“¿Qué hay?,” les dice Sage, dándome una patada por debajo de la mesa para recordarme que tengo que respirar.

No sé en qué momento he dejado de hacerlo, pero cuando cojo aire me siento viva de nuevo, como si hubiera estado horas bajo tierra.

“Dicen que hoy es el día más caluroso del año, y eso que ya estamos terminando agosto. Menos mal que hemos entrado, porque hace un calor insoportable ahí fuera,” contesta Lib, pero no aparta la vista de mí.

“Hacía tiempo que el calor no era tan agobiante a estas horas,” asiente Sage. “¿Queréis sentaros?,” pregunta, señalando los bancos donde estamos acomodadas.

“Claro,” dice Eli, empujándome para sentarse en el mismo lado que yo. Me dejo mover sin oponer resistencia, demasiado concentrada en seguir respirando.

Los escucho hablar, pero no soy capaz de entender lo que dicen.

Es como si estuvieran hablando un idioma que no conozco.

Un camarero se acerca minutos más tarde para traerle una cerveza a Eli, y reanudan la conversación cuando se va, ajenos a mi estado de shock.

Sigo sin enterarme de lo que hablan, demasiado concentrada intentando comprender en qué momento ha ocurrido esto.

Hace tan solo unas semanas, Lib decía que nunca había tenido una cita. Y ahora tiene pareja. Que no es nada más y nada menos que mi amigo. Elijah Jones. Que, si mal no recuerdo, también estuvo con mi prima Alice hace varios meses.

Ay, madre. Si Lib se entera me mata.

“¿Alguien me puede explicar qué está ocurriendo?”

Todos se quedan en silencio, sorprendidos por mi pregunta.

Es Eli quien me da un codazo en el costado para que lo mire, y frunzo el ceño al ver que su sonrisa burlona no ha desaparecido.

“Lib y yo estamos saliendo, gracias a ti .”

“¿Cómo que gracias a mí?,” pregunto soltando una carcajada carente de alegría.

“Tú me dijiste cómo acercarme a ella.” Se encoge de hombros, dejándome con la boca abierta. “Yo solo seguí tus instrucciones.”

“Supongo que me conoces mejor que nadie,” añade mi amiga desde el otro lado de la mesa, guiñándome un ojo.

Miro cómo aprieta los labios para no reírse. Debe ser muy graciosa mi cara de puro horror.

“No debisteis empezar a salir hace mucho,” dice Sage, mirándolos con una sonrisa amable. “La última vez que os vimos juntos Lib apenas era capaz de mirarte sin ponerse colorada.”

Eli se ríe a mi lado.

“Aún lo sigue haciendo,” contesta mi supuesto amigo, provocando ese mismo efecto en las mejillas de Lib. “Fue ese día cuando comenzó todo. Yo solo estaba intentando averiguar si Lib estaba teniendo un día bueno o malo para lanzarme.”

“Y supongo que tú se lo mejoraste,” adivina Sage con una pícara sonrisa.

Lib asiente. “Después de que huyerais, estuvimos varias horas hablando y nos enteramos de que sentíamos lo mismo.”

“Ay, madre,” solo soy capaz de murmurar.

“Eso es lo que digo yo cada vez que-”

“¿Queréis algo más de beber?,” pregunto pegando un chillido, antes de que Lib termine la frase, varias octavas más agudas de lo normal.

“Estamos bien, Julie, gracias,” dice Eli, dándome unas palmadas en la pierna para tranquilizarme, pero solo consigue el efecto contrario.

Eli cuenta los consejos que le di aquel día en The Green Basket, consiguiendo que mi horror se transforme en vergüenza. Entierro la cara en mis manos mientras apoyo los codos sobre la mesa, deseando que deje de hablar.

No es tan terrible que estos dos salgan juntos. En realidad, es lo que estaba deseando. A pesar de mis intentos por molestar a Eli, hice lo que me pidió y le hablé bien a Lib sobre él.

Pero me ha tomado por sorpresa, eso es todo. Y supongo que, en el fondo, también los envidio. Han tenido el valor de admitir lo que sienten y tomar una decisión juntos.

“Bromas aparte.” Lib tuerce la boca antes de volverse hacia mí algo más seria. “Queremos saber qué opinas. Eli es tu amigo desde hace años, y yo soy tu jefa, aunque, por encima de todo, tu amiga. No quiero que esto resulte incómodo para ti.”

Se señala a ella y a Eli con la mano. Intercalo la vista entre los dos, apretando los labios mientras le doy vueltas a la cabeza.

“Bueno, a ver…,” titubeo un instante, tratando de poner en orden la explosión de emociones que estoy sintiendo.

“Tengo que confesar que la noticia me ha pillado desprevenida.” Mi voz es temblorosa e insegura.

No siento incomodidad ante la idea de que estén juntos, pero me pone un poco nerviosa que me estén mirando con tanta expectación.

“No me esperaba que fuera a ocurrir tan pronto,” admito.

“Pero en verdad es lo que todos imaginábamos que sucedería. Incluso lo estábamos deseando.”

Miro a Sage como pidiendo refuerzos. No sé qué estoy diciendo y temo cagarla. Sonrío para mis adentros al ver que asiente una vez, continuando por mí.

“Lo que Julie quiere decir es que se alegra mucho de que hayáis hecho caso a vuestros corazones y estéis juntos.”

Escucho cómo Lib suelta el aire de sus pulmones con fuerza. El cuerpo de Eli se relaja a mi lado, y me pasa un brazo por los hombros para darme un abrazo ladeado.

“Tenía miedo de que me dieras una patada en los huevos,” admite en un susurro cerca de mi oído para que solo yo lo escuche.

“Aún estoy a tiempo…”

Mi cuerpo se sacude por su risa, y yo también me permito relajarme.

Mi mente divaga, recordando las palabras de Sage: «hacer caso a vuestros corazones».

La frase vuelve una y otra vez a mi mente, como un eco suave que no sé si me consuela o me inquieta.

Porque… ¿y si fuera tan sencillo? ¿Y si el nudo que siento en el pecho no fuera más que la respuesta que llevo semanas evitando escuchar?

Hacer caso al corazón implica arriesgarse, dejar de esconderse detrás de excusas y medias verdades. Implica admitir lo que, no muy en el fondo, desearía que alguien me dijera de vuelta.

Observo a Eli y a Lib en silencio.

¿Confesarse es tan fácil como parece?

Puede que Tate no me corresponda, pero… ¿y si sí lo hace?

“Julie también piensa que si queréis darle detalles de vuestra vida sexual que, por ella, encantada,” añade la pelinegra, cortando los enredos en mi cabeza de golpe.

Cuando proceso sus palabras, no me queda otra que inclinarme sobre la mesa para darle un golpetazo en el brazo, a la vez que se gana escuchar un grito horrorizado de Lib en el oído.

Eli es el único que se ríe con ella, pero no le dura mucho, porque recibe a su vez una patada por debajo de la mesa de parte de Lib. El hombre de la mesa hace una mueca de dolor y se rasca la zona golpeada.

Sage se ríe, recostándose contra el respaldo.

“Creo que ha sido una mala idea incluirte en nuestra familia,” dice con una sonrisa maliciosa.

No podría estar más de acuerdo…

Pero Eli parece ajeno a su sentencia, sonriendo como quien acaba de ganar el mejor premio de la feria.

Respiro hondo, me siento en la silla y cuento los trancos antes de prepararme para el salto.

Uno, dos, tres… ¡arriba!

Apoyo las puntas de los pies en los estribos y me inclino hacia delante para alzarme sobre el cuello del caballo. Disfruto durante unos segundos demasiado cortos de la sensación de estar volando.

Cuando sus patas delanteras golpean el agua, levantando una lluvia de gotas que empapan mis pantalones marrones, echo el cuerpo hacia atrás y vuelvo a sentarme.

Retomamos el galope, y me concentro en acompañar a Dante con las caderas sin presionarlo demasiado.

Llevamos una buena velocidad; si aceleramos, será difícil medir bien la distancia del siguiente obstáculo.