Cuando brille la escarcha (Almond Valley 2) Capítulo Veinticuatro #2
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Capítulo Veinticuatro #2

Llevo mi silla al guadarnés y la cubro con su funda de tela negra antes de hacer lo mismo con la de Julie.

Les paso un agua a los hierros de las cabezadas con la manguera y recojo los protectores de las patas.

Cuando vuelvo al prado, me fijo en que Julie se ha soltado la trenza y su cabello ondea a su espalda.

La observo desde la distancia, embobado en cómo reparte unos trozos de zanahorias entre los dos caballos.

La llamo desde la puerta del cercado y se gira al instante, haciendo que sus ondas doradas se muevan con el viento.

Parece un hada del bosque, acariciando a los caballos con delicadeza, rodeada de árboles y las montañas a su espalda.

“Ven, quiero enseñarte una cosa.”

Me sigue sin pensarlo y sin preguntarme a dónde vamos.

La guío por las cuadras hasta que llegamos a la puerta de mi despacho, ordenado y limpiado esta misma mañana. Me hago a un lado para que ella entre primero, y me sonríe al pasar, provocando que mi corazón se salte un latido, tanto por el gesto como por la cercanía de nuestros cuerpos.

Respira, Tate.

Julie se pasea por el pequeño espacio, observándolo todo con curiosidad, sonriendo al ver los diseños de los obstáculos colgados del corcho en una de las paredes.

“¿Los has dibujado tú?,” pregunta con la vista fija en ellos.

“Sí. Todo lo que hay ahí colgado lo he hecho yo,” asiento.

“Vaya…,” susurra, acercándose más. Desliza los dedos por los papeles con suavidad, como si fueran una reliquia y pudieran romperse con solo tocarlos.

Me apoyo en la puerta cerrada, viendo con una sonrisa tranquila cómo se mueve por mi despacho como si fuera su casa. Julie me mira de vez en cuando, como pidiendo permiso, y yo asiento todas y cada una de las veces.

He decidido rendirme con esta mujer, que mire y coja lo que quiera. Yo ya soy suyo.

No puedo evitar ensanchar la sonrisa cuando se acerca al escritorio. Pasa las manos por encima de la madera hasta topar con mi libreta abierta justo en el centro de la mesa. Doy varios pasos hacia ella, bajando la vista hacia las palabras que Julie está leyendo con una arruga entre las cejas.

Sin pararme a pensar si lo que estoy haciendo contradice mis palabras, extiendo la mano hacia ella, pasando el pulgar por encima de las líneas de su frente.

Desaparecen al momento, relajándose bajo mi suave tacto.

La calidez de su piel envía unas pequeñas descargas eléctricas a todo mi cuerpo.

Sus ojos verdes como olivas se clavan en los míos, y por unos segundos, el mundo desaparece a nuestro alrededor.

Me quedo paralizado cuando Julie inclina la cabeza para atrás y nuestros labios quedan a escasos centímetros de distancia.

Sigo el movimiento de su garganta al tragar, notando la calidez de su aliento contra mi boca.

Tengo la sensación de que es ella quien se va a lanzar y me va a besar, pero de repente pestañea y el hechizo se rompe.

Vuelvo a la realidad con pesadez, como si me sacaran a la fuerza de un sueño demasiado bueno.

Doy un paso atrás sin apartar la vista de ella, encontrándome con sus mejillas ruborizadas.

Sonrío al ver que ahora es Julie quien se ha quedado sin palabras, y espero a que haga la pregunta que lleva rondando su cabecita desde que leyó la última frase de mi lista.

Sentía que estaba en deuda con ella y que debía mostrarle una parte importante de mí después de haber invadido su intimidad al leer su cuaderno de viajes.

“¿Por qué la última cosa de la lista tiene tantos interrogantes?,” pregunta en un hilo de voz. “¿A qué propuesta te refieres, Tate?”

Me siento sobre la mesa, quedando frente a ella.

“Voy a seguir la idea que tuvieron Sage y Rachel para el recorrido de cross.”

“¿Rachel?”

Asiento.

“Cuando volvisteis de las vacaciones en la playa me comentaron que habían pensado que podíamos hacer una inauguración del recorrido. Anunciar las clases de cross para comenzar los entrenamientos y que así la gente conociera más Almond Valley.”

“Es una gran idea,” murmura, asintiendo para que continúe. Toma asiento tras el escritorio, y tengo que respirar hondo y apartar la vista para no pensar en cómo la imagen de Julie sobre mi silla despierta un calor en mi entrepierna.

“He estado pensándolo y creo que sería buena idea hacerla en septiembre. La gente estará de vuelta en River Cross y podremos atraer tanto a los vecinos como a los nuevos habitantes.”

“Me parece fantástico, Tate. Pero, ¿qué tiene que ver todo esto conmigo?”

Aprieto los labios antes de volverme hacia ella, que me mira desconcertada.

“Necesito tu ayuda.” Mis palabras la toman por sorpresa, porque alza las cejas y se señala el pecho. No espero que pregunte lo obvio, sino que asiento y continúo: “Eres experta en promocionar eventos y crear publicidad.”

“Yo no-”

Intenta explicarse pero levanto una mano para cortarla.

“Eres mi mejor y única opción, campanilla. Sé que puedes hacer un gran trabajo y que dará resultados. Estoy seguro de ello.” La veo morderse el labio inferior, y pronuncio una última frase sin poder controlarme: “No te lo pediría si no confiara en ti.”

Julie ladea la cabeza, pensándoselo durante un rato. Por la forma en la que intercala la vista entre la lista y mis ojos, estoy seguro de que va a aceptar. El proyecto de cross le hace tanta ilusión como a mí, y ahora mismo negarse está muy por encima de sus fuerzas.

Si le hubiera preguntado esto mismo hace medio año, probablemente me habría dado una bofetada y me habría mandado a freír espárragos.

Pero ahora es distinto.

Lo veo pintado en su cara antes incluso de que abra la boca.

Pero me sorprende de pronto cuando un brillo diferente transforma su expresión.

Despacio, esboza una sonrisa ladeada.

“¿Y qué me llevo yo por organizar la mejor inauguración de Almond Valley?”

Reprimo una sonrisa apretando la mandíbula.

“Es que todavía no te he hecho la propuesta que está apuntada en mi lista, cariño.”

Su boca se abre pero ningún sonido sale de ella, así que me tomo la libertad de liberar mi sonrisa.

“Cinco meses,” anuncio. Me mira ojiplática, entendiendo entre cero y nada.

“Yo seré tu profesor de cross y tú mi alumna ejemplar. Tienes cinco meses para convertirte en una experta en la disciplina. Y no te preocupes, porque durante ese tiempo te ayudaré a organizar el primer concurso de cross en Almond Valley. Será el debut de ambos.”

Hago una pausa, observándola.

“Y voy a asegurarme de que sea tu primer oro, cariño.”