Capítulo Veintiuno
Tate
M ás rápido! Si vas así de despacio no vas a saltar ni el obstáculo más pequeño. Tienes que ir seguro, ¡con fuerza!”
Da igual las veces que le grite lo mismo a Wade, que no escucha. Es como si todo lo que le dijera le entrara por un oído y le saliera por el otro. Aunque, a juzgar por la forma en la que resopla o me hace la peineta sin disimular cada vez que abro la boca, me entiende perfectamente.
Solo hace oídos sordos.
Y se nota que no me hace ni caso porque ya van cuatro veces que Shiny le ha rehusado el primer salto. Él se niega a saltar, su jinete a escuchar y yo a repetir lo mismo ochenta veces.
“¿Hacemos un descanso?”
Como respuesta, recibo un gruñido cansado.
Me subo a la valla blanca mientras Wade desmonta de su caballo, enreda las riendas en la madera y se acerca. Acompañado de un suspiro agotado, me restriego las manos por la cara en un intento de sacudirme la frustración. Llevamos horas con esto y no hemos obtenido ningún resultado.
No sé si es que Wade es un alumno nefasto o es que yo no sirvo para profesor.
“Odio admitirlo, pero el problema soy yo,” dice mi hermano en un murmullo.
Levanto la cabeza de golpe, encontrándome con su expresión tranquila. Nada de ceños fruncidos. Qué extraño…
“¿Cómo?,” pregunto, incrédulo.
Weston resopla con fuerza, apartando la vista.
“No eres un mal profesor, es que no me gusta saltar.”
“¿Entonces por qué me dijiste que sí?”
Se queda en silencio un momento, dándole suaves patadas a un trozo de madera para sacarlo de la pista improvisada.
“Necesitabas ayuda y yo estaba libre,” contesta sin más, encogiéndose de hombros.
Respiro hondo en respuesta. No puedo enfadarme con él por ser un negado en el cross.
Siempre ha sido el primero en ayudarme desde que somos pequeños y ha venido hoy cuando nadie más podía.
O quería … Mi hermana se niega a pisar la tierra cercana a cualquier obstáculo que no tenga calabazas decorándolo encima de un caballo.
Me jode no haber sacado nada del entrenamiento, pero mejor así. Prefiero dejarlo ahora que seguir en el bucle de repetir, fallar, repetir, fallar… como si en algún momento, por pura magia, a Wade se le fuera a dar bien.
“¿Por qué no le pides a otro que te ayude? Estoy seguro de que conoces a más hombres que puedan estar interesados en recibir clases de equitación.” Alza las cejas, mirándome con un brillo diferente, antes de añadir: “O mujeres…”
Pongo los ojos en blanco, pero se me escapa una risa nasal que no puedo controlar.
“Tu Sage está demasiado liada como para venir una tarde,” contesto, encogiéndome de hombros.
Mi hermano me dedica una mirada con la que podría matar y enviar al infierno a cualquiera.
“Es mejor que se mantenga alejada de actividades con riesgo de muerte,” masculla entre dientes. “Ya corre el suficiente peligro con los pobres caballos traumatizados que le llegan a Trust mis pensamientos fluyen sin barreras, confiando sin cuestionarlo.
Y eso es lo que me llama la atención ahora: sin darme cuenta, Julie es la única persona con la que no me he cerrado del todo.
Es la primera en saberlo todo sobre mí, aunque ella todavía no se haya dado cuenta.
La idea de pedirle ayuda con el proyecto de cross ronda en mi cabeza incluso después de terminar de hablar con Wade.
¿Su consejo? Que le eche valor de una vez por todas.
Lo sé. No es precisamente el más indicado para decirlo, teniendo en cuenta que fue prácticamente Sage quien dio el primer paso.
Pero, aunque no me guste admitirlo, sé que tiene razón. Debería decidir qué hacer con esto; todo lo que siento en el pecho. Si seguir como hasta ahora, escondiéndolo detrás de una amistad imposible, o arriesgarme a cruzar una línea que después no va a ser posible borrar.
Imaginar que voy a hacerlo mal, que no voy a estar a la altura de lo que ella siente…
me frena más de lo que me gustaría admitir.
Por eso la idea de continuar dando pasitos pequeños pero lentos y constantes hacia la misma dirección me da cierta calma, porque sé que tarde o temprano me atreveré a saltar al vacío.
Y tendré la certeza de que habrá tierra firme al otro lado.