Cuando brille la escarcha (Almond Valley 2) Capítulo Diecisiete #2
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Capítulo Diecisiete #2

“Y que lo digas, cariño.”

“…necesito diez kilos de patatas, tres de pepinos, berenjenas y calabacines, dos cajas de cerezas, cinco lechugas y dos cebollas.”

“Y yo necesito unas vacaciones…,” murmuro con la vista fija en el ordenador.

“¿No tuviste suficiente siendo Donna and The Dynamos durante todo un fin de semana?”

Alzo la mirada durante dos segundos solo para fulminar a Eli.

“¿Sigo con el pedido o prefieres seguir imaginando cómo me entierras vivo en tu mente?,” pregunta despreocupado.

Hago una mueca y dejo el ordenador de lado.

“¿Por qué quieres tantas cosas?”

Eli se encoge de hombros. “El miércoles tenemos comida familiar.”

“¿Con la familia de tu madre?” Asiente. Al igual que yo, Eli lleva sin saber nada de su padre desde que era un niño. “Nos reunimos un día al mes y vamos rotando de ubicación. Esta vez nos toca ir a casa de su hermano en Windmille, justo al otro lado del río.”

“Tendrás ganas de verlos,” digo con una sonrisa.

Eli se rasca la nuca haciendo una mueca.

“Sí, bueno, quitando que mi tío está medio loco y se pone a discutir con la tele en mitad de la comida y que mi abuela siempre cuenta la misma historia… Podría decirse que sí.” Suelta una risa. “Preferiría comer a solas con mi madre, pero no puedo quejarme; es solo una vez al mes.”

“No hace daño a nadie,” asiento, devolviéndole la sonrisa antes de volver a centrarme en la pantalla del ordenador. “¿Quieres algo más o con esto vas bien?”

Las campanitas que anuncian un nuevo cliente suenan antes de que a Eli le dé tiempo a contestar.

Permanecemos en silencio mientras vemos cómo unas piernas desnudas entran dando tumbos en el local.

Y digo piernas porque es lo único que alcanzamos a ver.

Su cuerpo está cubierto por un montón de cajas.

“¿Hola?,” dicen las cajas con una voz femenina.

“¿Necesitas ayuda?,” me limito a preguntar, observando con el ceño fruncido cómo se tambalea.

“Por favor, que alguien me eche una mano,” suplica, soltando un jadeo que por fin nos hace reaccionar.

Eli y yo corremos hasta ella con los brazos extendidos, preparados para coger las cajas superiores. La expresión angustiada de mi jefa nos recibe nada más quitamos la primera caja. Pesa bastante, y la escucho suspirar de alivio cuando las vamos dejando en el suelo.

Al mirarla, veo que intercala la vista entre Eli y yo varias veces. Su ceño se frunce cuando nuestros ojos conectan, y sus mejillas se tiñen de un intenso rojo al apartar la mirada.

Aprieto los labios para no sonreír, y entrecierro los ojos al verla ahí parada.

“¿Necesitas ayuda con algo más?”

“No, gracias, eso es todo,” contesta a toda prisa. Mira fugazmente a Eli antes de coger una de las cajas y dirigirse hacia la puerta del almacén. “¡Voy a guardar esto!,” exclama con la voz tres tonos más agudos de lo normal.

Lib desaparece tan rápido como llegó, y nos volvemos a quedar solos en la tienda. Regreso a mi sitio tras el mostrador algo aturdida, miro la pantalla del ordenador sin saber muy bien qué estoy buscando, y no tardo ni dos segundos en alzar la vista hacia Eli con el ceño fruncido.

¿Pero este no estaba liado con Alice?

“¿Le has hecho algo?,” pregunto con una mirada acusatoria.

“¿Yo?” Se señala a sí mismo con un dedo y abre los ojos dramáticamente. “Te juro que no he hecho nada, Luli.”

Alzo las cejas. “Y una mierda.”

Eli chasquea la lengua contra el paladar y su expresión se vuelve maliciosa.

“Es el efecto que causo en todas las mujeres, cielo.”

“Asqueroso,” digo, fingiendo una arcada que le arranca una carcajada. “Y muy poco humilde por tu parte.”

“Soy un hombre, Luli. ¿Qué esperabas?”

Touché .

Pongo los ojos en blanco, pero mi sonrisa me delata.

“Nunca había visto a Lib tan nerviosa.”

“¿Crees que le gusto?,” pregunta y hasta suena esperanzado.

“En serio, Eli, hazte mirar lo de la humildad.”

Vuelve a reírse, y se inclina sobre el mostrador para apoyar los antebrazos.

“Lo pregunto en serio, Luli.”

“¡Y yo qué sé!,” exclamo riendo. “No pienso hacer de Celestina, así que no esperes que yo se lo pregunte. Si quieres saber algo de Lib, tendrás que hablar con ella tú solito.”

“Vale,” dice tranquilo.

Y, sin más, se aleja del mostrador y comienza a caminar hacia la puerta trasera. Lo intercepto antes de que le dé tiempo a cruzar el umbral.

“¿A dónde te crees que vas?”

Eli me mira con el ceño fruncido. “Me acabas de decir que si quiero saber algo que hable con ella.”

“Yo- sí- bueno,” balbuceo, parpadeando muchas veces. Eli alza las cejas y me obligo a parar y pensar antes de hablar. “No puedes entrar ahí sin más y exigirle que te diga si le gustas.”

“¿Por qué no?”

“Porque así no es cómo se liga,” contesto como si fuera obvio.

“¿Me vas a decir tú a mí cómo se liga, Julie Bell?,” pregunta cruzándose de brazos con una sonrisa de suficiencia.

“No te atrevas a poner esa estúpida sonrisa conmigo, Elijah. Y sí, te voy a decir yo cómo se liga con Lib .”

“Genial, soy todo oídos.”

“Para empezar, no entres ahí como un orangután y espera al momento oportuno para hablarle. Primero tienes que ver si está ocupada, si tiene un buen día o si está a punto de mandarte a la mierda con la mirada. Y, por favor, no le sueltes lo primero que se te pase por la cabeza. Empieza normal, como una persona civilizada. Un hola , una conversación sencilla… y ya verás por dónde tirar.”

“¿No era que no ibas a contarme nada sobre Lib?,” pregunta, alzando una ceja con una sonrisa satisfecha.

“¡Pues para de hacer eso!,” exclamo, llevándome las manos a la cabeza. “Te estás metiendo en mi mente. ¡Sal ya!”

Eli suelta una fuerte carcajada que le hace inclinar la cabeza hacia atrás, pero termina asintiendo y volviendo a su lugar. Al otro lado del mostrador.

“No pienso hablar más del tema, así que olvídate de mí,” digo, mirándolo con los ojos entrecerrados.

“Está bien, no haré más mi truquito mental.” Alza las manos en señal de rendición.

“¿Podemos seguir con el pedido?,” pregunto, soltando un suspiro. “Eres mi último cliente del día y en cinco minutos se acaba mi turno, así que me encantaría irme a mi casa. Después de esta charla solo quiero encerrarme en mi apartamento y no volver a verte en una temporada.”

“¡Julie, ¿puedes venir un segundo?!,” nos llega la voz amortiguada de Lib desde el otro lado de la pared.

Cierro los ojos un momento.

Sin duda, esta es la peor mañana de mi vida.

Para cuando los vuelvo a abrir, Eli me mira con una enorme sonrisa con la que enseña sus dientes.

“Háblale bien de mí,” dice en un tono anhelante.

Reprimo una risa. “Olvídate. De. Mí.”

“Venga, Luli, me debes un favor.”

“Yo no te debo nada.”

“Te lo suplico.”

Respiro hondo, negando con la cabeza mientras intento mantener la seriedad.

“Ya veremos.”

Y antes de que Eli pueda añadir nada más, la voz de Lib vuelve a colarse desde el almacén.