Cuando brille la escarcha (Almond Valley 2) Capítulo Dieciséis #2
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Capítulo Dieciséis #2

Me ato bien a la cintura mi enorme camisa de rayas azules, vuelvo a echarme un poco de crema, me pongo mi gorra blanca favorita y salgo por la terraza para reunirme con mis amigas en la arena.

Lo bueno de haber reservado durante todo un fin de semana una pequeña casa en la costa es que no necesitamos caminar más de dos pasos para llegar a la playa.

Es un paraíso.

“¡Oye, rubia! ¿Dónde te habías metido?”

Sonrío al escuchar el grito de Lib, que se incorpora sobre sus codos y me mira a través de sus enormes gafas de sol. No hay ni rastro de Sage por la arena, pero intuyo que estará dándole una paliza a algún ser invisible del mar.

Es como un gremlin , se convierte en una cría al tocar el agua.

“Estaba recogiendo la habitación y haciendo la maleta. No pensé que me fuera a llevar tanto, pero parecía que hubiera pasado un tornado.”

“Sí, el tornado Sage,” dice con un resoplido. “Esa mujer no sabe lo que es una percha."

Extiendo mi toalla a su lado medio riendo antes de tumbarme de espaldas.

“No quiero irme,” balbuceo con los ojos cerrados.

Lib suelta una pequeña risa. “Ni tú ni nadie, Julie. Trasladaría la tienda aquí solo para poder tocar la arena todos los días al salir del trabajo.”

“Mi sueño,” murmuro con un suspiro.

Hemos tenido la pequeña playa para nosotras solas durante todo el fin de semana.

Descubrimos que este sitio es una cala diminuta enmarcada por dos enormes acantilados y la única casa cercana es la nuestra.

El pueblo está a varios kilómetros y durante el trayecto de ida nos fijamos en que hay decenas de playas como esta a lo largo de toda la costa.

Como oasis ocultos en medio del bosque.

“¿A qué hora es el tren?,” pregunta Lib con voz adormecida.

“A las seis,” contesto en el mismo tono.

Vinimos en tren porque era o pasar un par de horas dentro de un vagón o hacernos seis horas de coche. Wade nos acercó a la estación, y hoy nos recogerá en Windstone.

“¿Y qué vamos a hacer durante el tiempo que nos queda?”

Abro un ojo para mirarla confundida.

“Limitarnos a respirar… y decepcionar a nuestras familias en silencio.”

Estos dos días no hemos hecho otra cosa que dormitar en la arena y bañarnos lejos de Sage para evitar sus ahogadillas.

“Ya, pero podríamos innovar, no sé, como hacer-”

Un grito agudo corta a Lib en seco, y yo pego un bote que me hace levantarme del suelo y poner las manos en posición de ataque. No tengo ni idea de pelear, pero ya improvisaré.

Miro a mi amiga con la cara desencajada del terror al recordar que a esta playa no viene nadie, pero ella se limita a mirarme con los labios apretados como si se estuviera aguantando la risa.

“¿Sorpresa?,” murmura con un tono de pregunta que me hace bajar las manos y torcer la boca.

Lib sabe que no me gustan las sorpresas. Ahora mismo mi imaginación no tiene límites, y no me gusta un pelo lo que sea que estén tramando.

Antes de que pueda preguntarle en qué consiste la maldita sorpresa, Sage aparece en mi campo de visión saliendo a toda prisa de la casa. Detrás de ella aparece otra figura con una inconfundible melena rojiza que la delata al instante.

Me quedo clavada en el sitio, viéndolas correr torpemente por la arena con el pelo suelto ondeando a sus espaldas.

“Podría ser una escena eliminada de Los vigilantes de la playa ,” murmura Lib, poniéndose de pie a mi lado.

Inclino la cabeza hacia la izquierda y ella me imita.

“Sí, en la versión parodia, como si fuera Scary Movie .”

Lib entrecierra los ojos, observando la escena como si fuera una experta en cine. “Yo diría más bien versión low cost … con presupuesto de bocata de atún.”

“Auch, eso es un insulto al bocata de atún,” digo cruzándome de brazos.

Lib se ríe, aunque no tarda en sumarse a nuestros gritos cuando nuestras amigas por fin llegan.

“¡Nada que ver con vuestra ruta del infierno por las montañas!,” exclama Rachel, dándonos un abrazo a cada una. “Menos mal que yo sí sé tomar buenas decisiones y me he unido al mejor plan del mundo.”

“Tendrías que haber venido ayer,” dice Sage, haciendo un puchero.

Rachel esboza una sonrisa enorme y mira a su alrededor. “No me importaría venir solo un par de minutos con tal de ver este paraíso.”

“Lo decía por nosotras, pero ahora mismo no te culpo por haberte unido al plan.” Sage le saca la lengua, y se gira hacia nosotras. “Cuando volvamos, Rae se va a quedar toda la semana en Almond Valley,” explica con una sonrisa.

“Por fin me han dado vacaciones en el trabajo.” Asiente. “Me hubiera encantado venir ayer, pero tuve que recuperar un turno de tarde para convencer a mi jefa de que me las merecía,” explica su amiga poniendo los ojos en blanco.

Sage le pregunta sobre el trabajo, pero Rachel ya está dejando su mochila en la arena como si el mar la estuviera llamando desde hace horas.

“No pienso contestar a nada que tenga que ver con pies callosos o columnas torcidas. He venido hasta aquí para ver agua, no para seguir sobreviviendo a la vida de una mujer independizada. Así que, ¿nos bañamos ya o vamos a seguir posponiendo decisiones como adultos funcionales?,” pregunta con una sonrisa ladeada.

Sage se quita las chanclas asintiendo con energía. “Entrar. Definitivamente entrar.”

Nos metemos en el agua lentamente, quejándonos de lo fría que está a cada paso, como si decirlo en voz alta fuera a hacer que cambie.

Nos miramos entre risas, con esa mezcla de sufrimiento exagerado y emoción contenida, hasta que alguna da el siguiente paso y las demás la seguimos sin pensarlo demasiado.

Lib es la primera en sumergirse y castañear los dientes cuando sale a la superficie con las trenzas empapadas. “¿Por qué no hemos venido aquí antes?”

“Porque la idiota de Julie se había guardado su cuaderno de viajes para ella solita.”

“¡Pero si ni siquiera viajé!,” exclamo, golpeando el agua para salpicarla.

“¿Tienes un cuaderno de viaje?,” pregunta Rachel con curiosidad, ignorando olímpicamente el chapuzón que le acaba de caer en la espalda por la mala puntería de Sage, que pretendía devolverme el golpe.

“Sí, pero… es una tontería,” admito avergonzada.

“¡No digas eso! Seguro que es algo súper especial y significa mucho para ti.”

Rachel me sonríe con ternura, y siento cómo mi corazón se ablanda sin remedio. Asiento con una tímida sonrisa y le explico por encima lo que contienen las pocas páginas que he llenado, sin atreverme a darle demasiada importancia.

Con Rachel no tengo la misma confianza que con las otras, así que al principio me cuesta un poco más decirlo en voz alta. Pero, a medida que hablo, me doy cuenta de que no tenía ningún sentido haberlo ocultado durante tanto tiempo. No es nada raro… y compartirlo se siente sorprendentemente bien.

Rachel me promete que lo llenaremos de recuerdos de la playa, de Almond Valley y de River Cross cuando volvamos a casa. Lo dice con seguridad, como si no fuera una posibilidad, sino un plan ya decidido.

Inclino la cabeza con una sonrisa, e imagino las fotos que he hecho estos días cubriendo las páginas que todavía permanecen en blanco: la arena entre los dedos de los pies, Lib y Sage flotando boca arriba en el mar, un atardecer eterno…

Por primera vez, no me pesa que el cuaderno esté casi vacío.

Me gusta pensar que le está esperando algo ahí fuera.

Y, tal vez, a mí también.