Capítulo Nueve
Julie
A a mierda los hombres,” sentencia Alice, recolocando la manta de crochet sobre su regazo.
“Pero si me acabas de decir que tienes una cita para ir al Wildflower Waltz el miércoles.”
Mi prima abre la boca, visiblemente ofendida, antes de chasquear la lengua. “Que me hagan llegar al orgasmo no significa que los elegiría por encima de mi vibrador, Julie.”
Me lleva un rato procesar sus palabras, que me dejan boquiabierta.
“A veces una solo necesita una cita divertida para recordar que tiene poder sobre esos seres insufribles.”
“¿Sabes? Me recuerdas mucho a una amiga…,” murmuro con la vista clavada en el atardecer frente a nosotras. Ahora entiendo por qué Lib detesta tanto a Alice…
“¿También tiene un rubio perfecto y odia a los hombres?”
Me paro a pensarlo un segundo, y la miro con una sonrisa ladeada.
“Sí, justo eso.”
Alice asiente burlona, ajena a la verdad en mis palabras.
Llevamos hablando tanto tiempo que, casi sin darnos cuenta, el atardecer nos ha alcanzado.
Desde el porche delantero de la casa de mis tíos se ve el recorrido del sol antes de desaparecer.
Es como si las montañas hubieran pensado en nosotras, dejando a propósito un pequeño espacio entre ellas, justo por donde el sol se desliza.
“Entonces… Tate Weston,” dice Alice, dándome un codazo en el costado mientras me mira con una sonrisa ladeada.
Resoplo con fuerza, escondiendo las manos bajo la manta. “¿Qué pasa con él?” Me hago la loca, evitando a toda costa una conversación inminente.
“Estás loquita por él desde hace como dos años,” sentencia, porque no hay ni rastro de interrogante en su tono.
Me muerdo el interior de las mejillas, calculando a cuántos metros está mi coche para largarme de aquí. Si le lanzo la manta a la cara antes de salir corriendo, puede que me dé tiempo a llegar a mi camioneta en perfectas condiciones.
“Venga, Julie… No te hagas la tonta. Sé perfectamente por qué has venido. Siempre apareces por aquí de un día para otro por lo mismo. Ha pasado algo con él y ahora estás hecha un lío.”
La miro con los labios apretados, sintiéndome fatal al darme cuenta de que tiene toda la razón.
“No te sientas mal,” dice antes de que pueda disculparme. “Somos tu familia, estamos para eso. Pero sería más fácil ayudarte si abrieras esa boquita que tienes y me contaras qué pasa.”
Cierro los ojos un instante, inhalando profundamente, y me giro hacia Alice con una tensa sonrisa.
“Es un idiota,” murmuro con seguridad.
Alice suelta una risa, dándome unas palmaditas en la mano que tengo bajo la manta. “Cuéntame algo que no sepa, cielo.”
“En su momento tuvimos algo. Nada serio, nada a largo plazo, y, mucho menos, nada de romanticismo.” Trago con fuerza, armándome de valor para pronunciar lo que siento. “Pero ahora…” Dejo que las palabras se pierdan con el viento, acobardándome en el último momento.
“Ahora te gusta,” termina Alice por mí.
Asiento lentamente, mirándola con tristeza.
“Sé que, a pesar de no conocer demasiado a Tate, lo que siento por él va más allá del simple deseo. Lo sé porque ahora me pongo nerviosa cuando estamos a solas y, lo peor de todo, es que no me molesto en fingir ser quien no soy. Con él soy transparente, e incluso hago cosas que normalmente guardo solo para mí… Y eso es lo que más miedo me da.”
Me siento extrañamente bien ahora que he exteriorizado lo que pienso, lo que siento, mis dudas, mis temores... todo. Alice me mira con preocupación, como si supiera que mi corazón va a salir dañado sin importar lo que diga a continuación.
“Él no siente lo mismo que yo,” digo encogiéndome de hombros, con la vista clavada en el cielo pintado de rosa. “De todas formas, Tate no quiere nada serio, así que no importa lo que yo sienta.”
“¿Y cómo sabes lo que siente él?,” pregunta con suavidad. “¿Se lo has preguntado o… te lo ha dicho? A veces confundimos lo que alguien muestra con lo que realmente guarda. Y aunque fuera cierto, que él no quiera nada serio no hace que lo que tú sientes valga menos.”
Frunzo el ceño, todavía sin atreverme a mirarla.
“No quiero complicarme más la vida, Alice. Ya tengo suficiente con lo mío.”
“Eso dices,” responde en voz baja, “pero llevas días con la cabeza en otro sitio.”
“No podemos controlar lo que sentimos.” Me tapo los brazos con la manta al sentir la brisa que anuncia una noche fría. “Además, hace mucho que no estamos juntos...” Hago una mueca. “A lo mejor está con otra.”
“Sería idiota si lo hiciera…,” murmura sin mirarme. “A lo mejor está en la misma situación que tú,” añade en el mismo tono. “Pero fíjate en cómo tu cabeza ha ido directa a lo que más te duele.”
Aprieto la manta entre los dedos.
“Es que no me extrañaría.”
“Y, aun así, deseas que no sea cierto.”
“¿Y qué si me estoy preparando para el golpe?,” salto, un poco a la defensiva. “Si duele, duele igual.”
“No exactamente,” murmura. “Una cosa es que algo pase, y otra muy distinta es vivirlo dos veces: primero en tu cabeza y luego, si ocurre, en la realidad.”
Bajo la mirada, siguiendo con el dedo el dibujo en la tela.
“No quiero hacerme ilusiones,” digo en un susurro.
“No se trata de eso,” me dice con ternura. “Se trata de no castigarte antes de tiempo.”
El silencio se estira entre nosotras, roto solo por el sonido de los árboles meciéndose con el viento y el canto lejano de los jilgueros.
Puede que Alice tenga razón, teniendo en cuenta que me estoy comiendo la cabeza con lo que quería Tate hace más de un año.
Tal vez haya cambiado después de todo este tiempo.
Tal vez me dé una oportunidad si se la pido.
Pero también está la posibilidad de que, tal vez , siga queriendo lo mismo. Quizá no ha cambiado nada y preguntarle no haga sino romperme aún más el corazón.
La puerta de la entrada se abre de pronto, y Alice y yo nos giramos hacia ella por el susto. Vemos a Dorian salir a toda prisa con una mochila colgada al hombro.
“¡A ver si tenemos más cuidado!,” le grita su hermana llevándose una mano al pecho. “Casi me provocas un infarto.”
Su hermano se gira hacia nosotras con una mueca de arrepentimiento. “Lo siento, Ali, no sabía que estuvierais ahí.”
“¿Adónde vas con tanta prisa?,” pregunto yo, apoyando los codos en mis piernas, cruzadas sobre el banco.
“Una emergencia en la granja de los Murphy, “ dice sin dejar de caminar hacia su camioneta. “Una de sus vacas se ha puesto de parto, no lo esperábamos hasta dentro de un par de semanas.”
“Pues será mejor que te des prisa,” dice su hermana con cara de asco. Para estar en una granja de ganado, es la única de la familia que no está encantada de vivir rodeada de animales.
“¡Pásatelo bien!,” grito, despidiéndome con una mano, haciendo que Dorian suelte una carcajada y se toque la gorra antes de marcharse.
Retomamos el tema de la cita que tiene Alice en River Cross esta semana. Me cuenta con todo lujo de detalles cómo es el hombre: que si los músculos de sus brazos, que si su espalda ancha como la de un nadador, que si sus ojos verdes como esmeraldas…
“Espera,” la corto antes de que me narre lo que hicieron hace dos noches en su casa. Justo en el momento perfecto. Menos mal .
Alice parpadea con sorpresa, expectante ante mi mueca de confusión.
“No me digas que te estás liando con Eli.”
La veo fruncir el ceño, pero vuelvo a intentarlo.
“Eli Jones.” Nada. “ Elijah Jones.”
“Ahhh,” estira la A durante los segundos suficientes como para replantearme cuán pequeño es este pueblo. “Elijah, sí.”
“No me lo puedo creer,” murmuro, maldiciendo por lo bajo. Me paso las manos por el pelo, provocando que Alice se revuelva incómoda en el banco.
“¿Va todo bien? ¿Lo conoces?,” pregunta insegura. No contesto al instante, lo que le hace soltar un gruñido. “Ay… no me digas que bajo esa faceta suya irresistible es en realidad un completo imbécil.”
Sacudo la cabeza, retorciendo las manos bajo la manta.
“¿Qué ocurre?”
“Es que… Eli es mi mejor amigo.”
“Oh.” Alice se queda unos segundos en silencio. “No sé si tenéis algún pacto raro entre vosotros para no liaros con familiares del otro o amigos… Pero lo entendería perfectamente si no te pareciera bien que esté con él.”
“No es eso.” Vuelvo a negar. “Es que…” Suelto un suspiro, mordiéndome el interior de las mejillas para reprimir una risa. “No quiero que te haga daño. Y tampoco quiero dejar de ser su amiga…. Pero si te parte el corazón, te juro que no va a tener suficiente carretera para correr.”
Alice me mira con los ojos desorbitados antes de soltar una carcajada que resuena por las montañas.
“Oh, cielo, no tienes que preocuparte por mí. Si me va a partir algo no será exactamente el corazón,” dice, lanzándome un guiño. “Sé mandar a la mierda a un hombre yo solita, Julie. Créeme, si se pasa un pelo, seré yo misma quien lo persiga por todo el país.”
“Está bien saberlo.” Lo de perseguirlo, digo, no lo de que Eli le vaya a romper nada a mi prima.
Dios… después de hoy, voy a necesitar un lavado de cerebro.
“Entonces…,” canturrea, poniéndome los pelos de punta con su sonrisa igualita a la de la muñeca Annabelle . “Cuéntame más sobre Elij- Eli .”
Maldigo el día que me hice amiga del hombre más atractivo de todo el maldito pueblo.
“Se me va a hacer tarde, Alice. Tengo que volver a casa,” digo como excusa, sabiendo qué me va a decir a continuación.
“Mañana es domingo, Julie, y sé perfectamente que los domingos no trabajas en la tienda,” dice, haciendo un puchero. “Quédate a dormir. Haremos pijamada como cuando éramos pequeñas en mi antigua habitación.”
Suspiro con fuerza, pero me rindo ante sus ojos de corderito y termino contándole todo lo que sé sobre Eli hasta que la noche cae sobre nosotras. Hablamos sobre la vida y el amor y, no sé ni cómo, terminamos contando desde nuestras citas más surrealistas hasta las más desastrosas.
Las horas pasan como si nada, y no nos damos cuenta de que nos han encendido las luces del porche hasta que Sloane sale para avisarnos de que la cena está lista. Cuando me ve, no se sorprende lo más mínimo de que todavía no me haya ido.