Capítulo Cuatro #3
“No está loco. Solo tiene miedo,” dice, soltando los cubiertos para apoyar los codos en la mesa y posar la barbilla en sus manos entrelazadas.
Me giro hacia ella y me odio internamente por no haberme dado cuenta antes.
Tiene más ojeras que de costumbre, y las arrugas entre sus cejas están más marcadas.
Suspira con fuerza, antes de forzar una sonrisa que no le llega a los ojos.
“Estoy cansada, eso es todo. Ese caballo requiere más paciencia y tiempo que los demás. Algunas tardes se me hacen cuesta arriba al no ver ningún resultado, y el esfuerzo mental me está pasando factura. El pobre está más traumatizado que Mud cuando llegué, así que os podéis imaginar lo frustrante que es la situación…”
“Sage, cielo, si necesitas ayuda, avísame,” digo con dulzura, extendiendo una mano hacia las suyas, dándole un ligero apretón. “Sabes que tengo las tardes libres y que me encanta echarte una mano con los caballos.”
“Estoy bien, os lo prometo,” dice, esbozando una sonrisa agradecida que correspondemos.
“Antes de meterme en este proyecto sabía lo que podía encontrarme, y también era consciente de que iban a haber caballos más difíciles que otros. No imaginaba un camino de rosas; ya sabéis cómo fue con Mud…” Guarda silencio un momento, recordando lo difícil que le resultó acercarse al comienzo al que es ahora su mejor amigo.
“La verdad es que este caso me ha afectado mucho emocionalmente al recordarme tanto a él, y las horas pasan muy lentas en el corral cada vez que trabajamos juntos.”
“Nos ocurre lo mismo cuando vamos a los mercadillos o en los festivales,” asiente Lib con el rostro teñido de preocupación.
“Los minutos parecen horas y el agotamiento mental nos abruma tanto a la media hora como al terminar y recordar que al día siguiente debemos volver. Por eso es importante descansar y despejarse, Sage. Si necesitas ayuda, por favor, avisa a Julie. No dejes que te coma el cansancio o la impotencia.”
“A lo mejor te viene bien tener otro punto de vista, alguien con quien compartir el proceso y poder hablar de ello juntas,” añado.
“Puede que no sepa mucho de caballos ni de la rehabilitación que haces, pero sí sé ayudar a una amiga cuando me necesita. Puedo simplemente estar ahí y hablar contigo cuando lo necesites.”
Sage agacha la cabeza, escondiéndose detrás de su espeso cabello oscuro. Esperamos pacientemente varios segundos hasta que se decide a elevar la vista y lanzarnos una mirada aguada.
“Gracias, Julie,” dice con la voz rota. Se me parte el corazón ver esta parte tan sensible de Sage, verla tan desfasada y agobiada. Vuelve la cabeza hacia Lib, y susurra: “Gracias.”
“No tienes nada que agradecernos, tonta.” Lib hace un puchero, limpiándole con la manga de su chaqueta naranja la solitaria lágrima que recorre su mejilla.
“Somos tus amigas y para eso estamos. En las buenas y en las malas, ¿vale? Te habrás casado con mi hermano, en la salud y en la enfermedad , pero quienes vamos a estar siempre somos nosotras.”
Sage suelta una risa aguada que me destroza y me recompone a la vez, pero no me preocupa. Va a estar bien. Es solo un bache en el camino que estoy segura de que conseguirá escalar o atravesar; encontrará la manera de superarlo y nosotras estaremos para apoyarla.
“Aprovecha y descansa esta noche, Sage.” Lib coge su bolso y revuelve dentro de él hasta que consigue sacar un papel con un logo verde que no reconozco.
“Mi clienta Sonya me dio esto como regalo por un favor que le hice el otro día. Es de su enoteca y tiene varios recorridos para catar sus vinos. Deberías hablar con Wade cuando llegues a casa y tomaros el día libre mañana para ir juntos. Podéis pasar el día allí y así ambos os despejáis. Le enviaré un mensaje para avisarla de que vais.”
“Sería genial. Gracias, Lib.”
Su sonrisa no desaparece cuando la ve teclear a toda velocidad en su móvil. Incluso se ensancha cuando Lib le confirma la reserva. Pero, de repente, abre muchísimo los ojos.
“Mañana…” La voz de Sage se apaga antes de terminar la frase, y veo cómo le lanza una mirada extraña a mi jefa.
“¿Qué pasa…?” Se queda en silencio con el ceño fruncido, pero rápidamente alza las cejas al cielo. “Oh.”
“Sí.” Asiente. “ Oh .”
“¿Qué ocurre?,” pregunto, completamente ajena a la conversación telepática que están manteniendo.
“Hablando de mañana…,” comienza Sage con la boca pequeña, girándose hacia mí con una expresión que no sé si es de disculpa o de pena.
“Oh, no.” Lib contiene el aliento al otro lado de la mesa, pero no desvío la mirada de los ojos grises que me observan fijamente.
“¿Por qué sé que lo que me vas a decir es, sin duda alguna, la peor idea que has tenido en la vida?”
“No me mates.”
“Por favor, Julie, no la mates,” implora la rubia, mirándome con cara de corderito a punto de ir al matadero.
Pero no sé por qué, me da la sensación de que el verdadero corderito soy yo.
“Os voy a matar a las dos como no me digáis ahora mismo qué es lo que me espera mañana.”