Capítulo 76
Dahlia
—No puedes decirme eso.
No reconozco mi propia voz cuando pronuncio esas palabras. Tampoco soy consciente de que mi cuerpo ha bajado del lavabo y ha puesto un espacio entre nosotros que ahora me parece demasiado grande.
«Yo también puedo ser su luz, como él es la mía. No solo soy yo quien quiero quererlo, él también...».
«Farsa». «Mentira». «Como si nada».
—Lo que dijiste en tu casa...
Aquel momento se repite en mi cabeza demasiadas veces, la forma en la que me desnudé con él, no solo en la cama. Se lo mostré todo y él no lo quiso.
—No fue verdad —dice él rápidamente.
—Nada lo fue, ¿no?
Soy una persona orgullosa, pero no fue mi vanidad la que se vio lastimada. Fue mi corazón.
Él resopla y se pasa una mano por su pelo ya revuelto por mi culpa. Vuelve a mirarme fijamente con esos ojos azules y me dejo arrastrar por la tormenta que traen consigo.
Esboza una sonrisa afligida y yo solo quiero recortar la distancia entre nosotros ahora mismo, besarlo y que me haga sentir que por primera vez en mi vida puedo pertenecer a algún sitio. Pero no puedo, porque tengo miedo. Porque no podría soportar que Ethan Adams me rompiera otra vez el corazón.
—Me acojoné, Dahlia.
—¿Porque descubriste que no valía la pena?
—Porque, por primera vez, he encontrado algo a lo que no estoy dispuesto a renunciar.
Nunca he sabido qué hacer con mi vida o adónde pertenecía.
Y todo el mundo parecía tenerlo tan claro que lo hacía peor.
Así que largarme, perderme en el sentido literal, era la excusa perfecta para no admitir lo perdido que estaba realmente.
Hubiera renunciado a todo, a mi herencia o a los viajes, me daba igual.
Pero ¿sabes a lo que jamás hubiera sido capaz de renunciar?
A ti. Y, sin embargo, lo hice. Quisiste luchar por nosotros y yo estaba tan asustado que no me di cuenta.
Te perdí. Y nunca me he sentido tan perdido como ahora.
Es como si en algún momento me hubiera encontrado encontrándote a ti.
Porque el destino que tantas ganas tenía de encontrar. .. ya no es un lugar. Eres tú.
—¿Estás diciendo que...?
—Te quiero, Dahlia Harris. —Esas palabras suenan incluso mejor que en mi cabeza, porque salen de sus labios.
Es la primera vez que me doy cuenta de las ganas que tenía de oírlas. Dos palabras que tienen la fuerza para destruir muros y castillos de hielo.
—Nunca he hecho esto. —Ethan sabe a lo que me refiero: que nunca he entregado a nadie todas las partes de mí.
—Para todo hay una primera vez.
—A veces va a ser difícil quererme. —Porque esa inseguridad se agarra a mí con tanta fuerza que un simple acto de amor no va a hacerla desaparecer.
—A mí nada me ha resultado tan fácil.
Pero Ethan está dispuesto a luchar. A luchar por mí. Y yo también.
Por mí. Por nosotros.
—Tienes respuesta para todo, ¿verdad?
—Bésame ya, por favor.
Entonces sí que por fin rompo la distancia entre nosotros, rodeo su cuello con mis brazos y llevo mis labios hacia los suyos.
Nunca me cansaré del sabor de sus labios ni de cómo su lengua se enreda con la mía amenazando con hacerme perder el control.
Estoy lejos de tener suficiente cuando Ethan se aparta.
—Escucha.
Al principio, no entiendo a lo que se refiere, pero distingo la música que proviene del exterior. La fiesta ya ha comenzado.
Escucho atentamente, porque Ethan tiene razón, no es solo música, es...
—Nuestra canción.
—Baila conmigo —me pide mientras extiende el brazo a modo de invitación.
—Estamos en el baño.
—¿Y qué?
—Que estás loco —digo riendo.
—Por ti. —Cojo su mano y ya no la suelto.
Bailamos nuestra canción en el baño como tantas otras veces, nos besamos y terminamos quedándonos sin aliento. Me parece lo más romántico del mundo.
Entonces creo en esas estúpidas comedias románticas que tanto le gustan a Maia y pienso que yo también puedo tener mi final feliz, al fin y al cabo. Y que me atrevería a ir a cualquier destino con él.