Capítulo 72
Dahlia
T RES SEMANAS DESPUÉS
EL ÉXITO QUE YA SE CONOCE COMO «LA CANCIÓN DE DAHLIA E ETHAN» SE COLOCA EN LO MÁS ALTO DE LAS LISTAS MUNDIALES
YA CONOCEMOS EL DÍA Y LA HORA DE LA GALA DE LOS PREMIOS DE CREADORES DE CONTENIDO ¡¡Y SERÁ LA MÁS EXCLUSIVA HASTA LA FECHA!!
¿YA SE ARREPIENTE?
ETHAN ADAMS HA SIDO VISTO SALIENDO DE UN ESTUDIO DE TATUAJES QUE TAMBIÉN REALIZA ELIMINACIÓN POR LÁSER.
LAS IMÁGENES NOS SEÑALAN LA ZONA Y ES LA MISMA EN LA QUE SE HIZO EL TATUAJE ESCOGIDO POR SU EXNOVIA DAHLIA, POR LO QUE ESTÁ ACABANDO DE BORRAR CUALQUIER RASTRO DE SU RELACIÓN.
«Parece que finalmente sí se arrepiente de uno de sus tatuajes».
Sabía que lo nuestro había sido un error, los dos lo hemos tratado como tal. Yo, ignorándolo, y él, eliminando cualquier rastro de un «nosotros».
Después de este tiempo, su camisa ya no huele a él e Ethan se ha deshecho del único resto que quedaba de mí en su piel.
No sé por qué estoy sorprendida. «Mejor así», me repito una vez más.
Me río en voz baja por la ironía. Había sido la primera cosa de la que Ethan realmente se arrepentía tanto que había tenido la necesidad de borrarme de una vez por todas de su cuerpo en menos de un mes. Seguramente, el tatuaje ni siquiera se le había curado aún.
«¿Le habrá dolido? Espero que sí».
Mentira . Esa palabra empieza a estar demasiado presente en mi vocabulario. Estoy harta.
Estoy en la recepción de las oficinas de una compañía con la que tengo un contrato cerrado.
Le prometí a Maia que no huiría esta vez. Me dijo que me creía, pero, aun así, me ha acompañado en el taxi hasta aquí.
Oigo una cadena de radio a través de la megafonía y tan solo necesito unos acordes para reconocerla al instante. Cada una de las notas se me clava, provocándome dolor de cabeza.
Da igual dónde esté: en el hotel, en el coche, en una fiesta. Suena en todas partes.
Un vídeo nuestro bailando esa canción, grabado por uno de los vecinos de Ethan, se ha viralizado.
Deberíamos haber tenido más cuidado, ser más discretos.
Pero, en su casa, los dos habíamos bajado la guardia y habíamos perdido el control.
Él se sentía seguro en su hogar y yo no tenía ninguno, pero sus brazos habían sido lo más cerca que había estado de encontrarlo.
El caso es que ha pasado de ser nuestra a ser de todos. Y lo odio.
En todos los eventos a los que he acudido, ha sonado. No sé si más de una vez, pues la primera de ellas es mi señal para marcharme de allí sin dar explicaciones.
En una de las fiestas, era la canción que estaba sonando cuando llegué; di media vuelta y no me presenté.
Maia fingió que me echaba la bronca durante cinco minutos. Luego me obligó a ver una comedia romántica que me hizo sentir peor, pero, como sé que le encantan, no dije nada. Estaba harta de que todo el mundo tuviera su final feliz.
Quité la canción como sonido despertador, ahora solo suena un ruido monótono y agudo que la mayoría de las veces no logra sacarme de la cama. Tampoco me levanto a ver el amanecer, pero sí me pregunto si él sigue haciéndolo, a pesar de haber encontrado ya lo que buscaba.
No le dije qué significa encontrar el rayo verde.
Por eso no puedo escuchar esta canción. Porque pienso en él.
Además, me resulta extraña. Porque ya no es lo primero que escucho al despertarme ni la bailo con él.
Ya no canto a todo pulmón el estribillo e Ethan ya no se adelanta para cantar el siguiente verso demasiado pronto.
Ya no damos un salto para la derecha cuando cambia el ritmo, no me cuelgo de su cuello y él no muerde mi labio inferior mientras nos tira de nuevo sobre la cama.
Sí, la canción suena extraña. Ya no puedo terminar de escucharla porque, el resto, sí ha terminado.
—¡He dicho que alguien apague la puñetera música! —No me importa estar gritando ni que tras mis palabras todo el estudio se quede en completo silencio.
Me voy antes de que puedan siquiera ver resbalar la primera de las lágrimas por mi mejilla. No me importa que ahora estén susurrando por lo bajo. No me importa que crean que soy la Reina del Hielo.
Me he pasado sola la mayor parte de mi vida. Me he hecho a la idea; incluso, si lo repito muchas veces, puedo engañarme a mí misma diciéndome que no importa.
Pensé que no necesitaba a nadie, pero entonces lo dejé entrar a él. Entró para ver todas las partes de mí y, cuando creí que podía sentirme completa, se fue dejando un hueco todavía más grande. Ahora hay más grietas.
No dejaré entrar a nadie más. No dejaré que me hagan más daño. No vale la pena. Yo no valgo la pena.
Solo quiero protegerme. Construiré unos muros más altos.
Sé mi papel de memoria, seguiré mostrándolo. No me importa volver a convertirme en la Reina del Hielo si con eso deja de doler.
Al menos han apagado la música.
Nuestra canción ahora suena en todas partes. No lo soporto.