Cualquier destino menos contigo Capítulo 68
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Capítulo 68

Dahlia

—Última llamada para los pasajeros del vuelo con destino Nueva York...

Oigo esas palabras como un eco que reverbera entrecortado a través de la megafonía del aeropuerto.

A estas alturas, ya me da igual estar comiéndome las uñas. Se acabó.

¿Por qué me sorprendo? En eso consistía nuestro trato, no hubiera cambiado nada. Lo sabía cuando decidí empezar con todo esto. Sin embargo, no me hubiera imaginado que podría enamorarme de él.

«No es amor», me recuerdo a mí misma. Ha sido mentira.

Pero él no me ha engañado, yo he sido lo suficientemente tonta para esperar más de lo que estaba dispuesto a darme.

Esto no es un cuento de hadas. Yo, desde luego, no soy la princesa que encuentra a su príncipe azul. Nunca he querido serlo, pero ahora tengo envidia de quienes consiguen tener su final feliz.

Mi mirada sigue clavada en las puertas giratorias de la terminal, por donde entran personas una detrás de otra, pero ninguna es él.

Sí, a pesar de todo, sigo esperando que aparezca. Patético.

—Tal vez ha pillado tráfico.

Aunque lo verdaderamente patético es que Taylor y Andrew están aquí para presenciarlo. Cuando he insistido en que no hacía falta que vinieran al aeropuerto, me han dicho que querían despedirse. No entiendo por qué.

Andrew sabía el engaño que había detrás de nuestra puesta en escena. A Taylor, por el contrario, se le ha apagado el brillo que vi en sus ojos cuando la conocí o cuando se refirió a mí como «cuñada». No creo que esté en la lista de sus personas favoritas ahora mismo y aun así ha venido.

Algo se revuelve dentro de mí. Debería darme igual lo que opinen, pero no es así.

—Vendrá —dice Andrew, desviando la mirada, incómodo, hacia algún punto muerto de la terminal—, pero llega tarde, como siempre.

Respiro hondo. Lo único que oigo es el sonido de mi corazón acelerado.

—La próxima vez —mi voz suena tan fría que al principio ni yo misma la reconozco— dile que se compre un puto reloj.

Andrew aprieta sus labios formando una línea recta en su boca, pero asiente.

Solo me despido de ellos con un movimiento de cabeza; sé que no se lo merecen, pero ahora mismo no me importa, nada lo hace.

Si les molesta, no lo muestran, lo último que veo en sus caras antes de girarme son dos sonrisas tristes, lo que me hace sentir peor.

Camino en línea recta, no acelero el paso a pesar de que sé que se acaba el tiempo para subir al avión. Cuando llego, están cerrando la puerta de embarque.

No trato de alcanzar a la azafata, no busco un nuevo vuelo. No hago nada. Solo me siento en uno de los asientos vacíos y espero.

Me doy cuenta de que lo sigo esperando a él.

Por primera vez en mucho tiempo, una lágrima resbala por mi mejilla. No dejo que le siga una segunda. Me quedo ahí durante horas, viendo a otras personas recorrer de un lado a otro la terminal, besarse, reencontrarse. Encontrarse.

Mientras, yo sigo aquí.

Ethan tenía razón. Este es un lugar muy muy solitario.