Cualquier destino menos contigo Capítulo 66
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Capítulo 66

Dahlia

¡EXCLUSIVA!

TODO ES MENTIRA

LOS INFLUENCERS DAHLIA HARRIS E ETHAN ADAMS HAN ESTADO FINGIENDO SU ROMANCE TODO ESTE TIEMPO

Una servilleta desvela las «reglas» de la relación entre Dahlia e Ethan

Parece que no es oro todo lo que reluce…

No he apartado la mirada del teléfono durante las últimas dos horas. Ethan tampoco.

Llevo demasiados años trabajando en esto para saber que en estos casos nunca, pero nunca, debes buscar tu nombre en Google.

Lo hago de todas formas.

Estamos por todo internet, incluso el canal de noticias nacional más visto del país ha lanzado un titular sobre nosotros y nuestro «presunto» pacto.

No hay pruebas. Solo la estúpida servilleta que no sé cómo fuimos tan tontos de no tirar, o puede que ese hubiera sido el problema.

Ahora, tenemos a todas las cadenas de televisión, periodistas y paparazi delante de nuestra puerta —de la puerta de Ethan—, mientras yo sigo ignorando las llamadas de Maia cada cinco minutos e Ethan, los golpes de sus padres y Taylor —la más insistente de todos— al otro lado. Lo suyo está siendo más complicado.

Ninguno de los dos ha dicho ni una palabra. Supongo que ambos sabemos que la hemos cagado sin necesidad de verbalizarlo. Nuestro error fue pensar que podíamos salirnos con la nuestra. Si esto ya tenía fecha de caducidad, acaba de adelantarse.

«Lo último que le falta a esta farsa es un anillo». Sé que lo ha dicho sin pensar, pero sus palabras todavía resuenan en mi cabeza.

No sé por qué he reaccionado así al ver la sortija. El pasado de Ethan no es de mi incumbencia. Su futuro, por supuesto, tampoco.

«¡Te ibas a casar con ella!».

«¡Y tú estabas comprometida con Wyatt! ¿Qué tiene de diferente?».

Claro que era diferente. Porque, una vez más, he vuelto a sentirme una farsante. Porque yo soy una experta fingiendo, lo llevo haciendo toda mi vida, pero Ethan no. Si estuvo a punto de casarse con Abby... era porque la quería. La quería tanto como para querer pasar el resto de su vida con ella.

Claro que estoy celosa. Conmigo jamás se han quedado, jamás han querido hacerlo. Estoy tan celosa que me duele el pecho al pensar que a mí no me han querido así; que yo nunca he querido así. Y no sé si sabría hacerlo bien siquiera.

Estoy demasiado rota. Él me ha ayudado a aceptar las grietas, incluso he llegado a pensar que no eran tan malas si alguien como Ethan podía ver algo bueno en mí, pero...

«Farsa».

—Tenemos que hacer algo —habla finalmente en un tono tan bajo que al principio me cuesta oírlo, como si estuviera en un lugar lejano.

Niego con la cabeza.

—Lo único que tienen son rumores y especulaciones. Si lo dejamos estar, pasará.

Quiero decirle que todo irá bien , pero no sé qué es lo que realmente engloba esa palabra ahora mismo. ¿Que yo me vaya y él se quede aquí? ¿Que todo vuelva a ser como antes?

No parece que esté bien. Nada lo parece.

Nuestros móviles suenan de nuevo. Oímos a Taylor balbucear a través de la puerta lo que creo que son, en su mayoría, palabras malsonantes.

—No creo que ellos vayan a dejarlo estar, Dahlia.

Gira la cabeza hacia la puerta. La pelirroja no se ha movido de ahí desde que ha salido la primera noticia, dejándonos sin escapatoria.

Ethan no le ha permitido entrar y no lo culpo, yo tampoco podría enfrentarla ahora mismo.

—Pues digamos la verdad, que... —«Que esto empezó como un juego y terminó siendo algo real». Pero no termino la frase, porque él me interrumpe antes.

—¿Decirles qué, Dahlia? —No me llama «flor»—. ¿Que todo ha sido una mentira inventada para nuestro propio beneficio?

No es solo mi orgullo el que se rompe en pedazos.

«Mentira».

Eso es lo que ha sido siempre.

He sido una estúpida.

Me quedo callada, sin saber qué decir. He bajado mis barreras y me están haciendo daño. Yo lo he permitido.

—Debes demostrar que no te importa y te dejarán en paz.

—Para ti es fácil decirlo —responde mientras se levanta de la esquina en la que estaba escondido.

—¿Qué significa eso?

—Que no tienes a nadie de quien preocuparte. Yo tengo a toda mi familia al otro lado de la puerta pidiendo explicaciones y las cámaras han seguido a Andrew hasta casi tirarlo de su silla.

«No tienes a nadie».

—No todos podemos actuar como si nada nos importara. —Me mira directamente a los ojos y eso lo hace peor.

No está enfadado, su voz solo suena cansada. Por eso sé que no lo ha dicho para herirme, sino porque lo piensa de verdad, lo que hace que el golpe duela más.

Está inquietantemente tranquilo, a pesar de que hace apenas unos minutos no podía respirar por un ataque de ansiedad.

Ha sido el único momento en el que me ha dejado acercarme a él. Tocarlo.

El agujero que tengo en el pecho se hace más grande, y cada una de sus palabras me desestabiliza, pero, por supuesto, no lo demuestro. Porque él lo ha dicho: fingir es lo que mejor sé hacer.

Eso, y devolver el golpe.

—Es curioso, no recuerdo que hacer esto fuera idea mía. —Mi voz se vuelve fría.

—No es que lo hayas pasado mal, precisamente. —La suya es acusadora.

—Eso debería decirte yo a ti —contraataco—. Tú tenías más que ganar que yo.

—También que perder.

—¿Crees que yo no estoy perdiendo con esto? —Sé entonces que está pensando en mi influencia, mis contratos y mis números, pero no es a eso a lo que me refiero.

En absoluto.

—Tú al final te vas a ir. ¡Yo no puedo huir de esto como haces tú con los problemas! —grita.

Ya me he abierto demasiado con él y estoy pagando las consecuencias. Si ahora le muestro lo que hay... me destruirá.

Porque no me corresponderá. No me elegirá.

Irónicamente, de los dos, yo soy la única que se olvidó de seguir fingiendo.

—No sé de qué te quejas, ¿no querías una excusa para acallar tu conciencia y poder esconderte en tu pueblucho? ¡Enhorabuena, ya la tienes!

Yo también levanto el tono de voz, sin importarme que su familia pueda estar —está seguramente— escuchándonos detrás de la puerta.

Ethan coge aire lentamente, luego resopla. No aparta la mirada de mí, el mar detrás de sus ojos que ahora amenaza con ahogarme. Pasamos varios segundos en silencio, desafiándonos a asestar el siguiente golpe.

Veo exactamente el momento en el que se rinde.

—¿Qué vamos a hacer? —pregunta, agotado.

Se ha rendido conmigo.

—Olvidar todo esto y seguir cada uno su camino, como deberíamos haber hecho desde el principio.

—¿Así que a partir de ahora vamos a fingir que no ha pasado nada entre nosotros?

Tardo unos segundos en contestar. Podría retirar todo lo que he dicho y confesar la verdad. Tal vez así podríamos arreglarlo, volver atrás.

Pero no lo hago. Solo complicaría las cosas para él. Y yo no valgo la pena.

—Al contrario, ya podemos dejar de hacerlo.

Sé que he asestado el golpe final cuando se queda callado.

Desvío la mirada, tengo que hacerlo. Porque, si sigo mirándolo, no podré mentirle otra vez. Y debo hacer esto por los dos.

Porque, al final, sigo siendo una experta en convertirme en la Reina del Hielo y fingir que nada me importa. Y lo he hecho una vez más. Por él.

«Farsa». «Mentira». «No tienes a nadie».

Esto iba a acabar de todas formas. Tenía que elegir y yo se lo he puesto fácil.

Al fin y al cabo, nunca nadie ha tenido ningún motivo para elegirme a mí.

Solo yo oigo mi corazón romperse.