Capítulo 46
Dahlia
Cuando entro en la habitación, no me molesto en echar un vistazo para ver dónde están las maletas; ni siquiera voy a necesitarlas, mañana mi vestimenta estará a merced de los diseñadores de Romuald.
Siempre que me alojo aquí estoy en esta suite, desde la que tengo una de las mejores vistas de la ciudad. La segunda de ellas, en mi opinión, después de la Torre Eiffel.
Además, cuenta con un espacio enorme para hacer frente a las decenas de personas que sobre las diez de la mañana entrarán aquí para prepararme para el desfile.
Me deshago del impresionante vestido con tan solo dos movimientos, haciéndolo caer al suelo, sin apenas energías para recogerlo.
«¿Crees que voy guapa?».
He odiado la inseguridad que ha desprendido mi voz. No sé por qué he sentido la necesidad de preguntárselo.
«¿Tú lo piensas?».
«Me encanta este vestido».
En realidad, no he respondido a su pregunta, pero no se ha dado cuenta.
Me enfundo en el pijama de tela fina que reposa encima de la cama, cortesía del hotel. Me desmaquillo y lavo la cara en un tiempo récord y me desplomo sobre el colchón.
«Entonces el resto de las opiniones no importan, ¿no crees?».
¿Es lo que necesitaba oír? Sí.
¿Es todo lo que quería oír? No.
Maldigo esa parte de mí que deseaba que Ethan Adams me llamase «bonita».
Mi cuerpo me pide un descanso y me cuesta mantener los ojos abiertos. Entonces siento el móvil vibrar a tan solo unos centímetros de mi posición, anclándome todavía a la realidad. Estiro el brazo con la intención de silenciarlo, pero la notificación me llama la atención. Levanto las cejas.
Nota mental para mí misma: regañarlo, porque esta es una hora terrible para publicar una foto.
Según nuestro trato, era su turno para subir una foto juntos, que por el número de mensajes en mi bandeja de entrada está causando el efecto deseado.
La gente sigue disfrutando de este espectáculo, creyéndose una historia que nosotros no hemos creado, pero sí estamos alimentando. Y está dando sus frutos.
Yo no he tenido que volver a enfrentarme al incidente de hace unos meses con los medios e Ethan consigue millones de visualizaciones con cada vídeo, posicionándose en uno de los primeros puestos para ganar el premio de su concurso.
Todo está funcionando.
¿Por qué siento entonces esta opresión en el pecho? Tal vez porque sé cómo son las cosas, sé que nunca pueden ir tan bien por mucho tiempo.
Se torcerá. Se acabará.
—Yo lo mato —digo en voz alta al ver la publicación.
Las fotos que ha escogido, que ya cuentan con cinco cifras de likes y miles de comentarios en los primeros minutos, ya las había visto junto a Ethan en el aeropuerto. Son las que nos sacó Omar durante nuestro paseo en globo.
A nuestros comentarios, se unen otros más. Pero en ese momento mis ojos prestan atención por primera vez a la descripción que acompaña a las fotografías: «Las vistas fueron impresionantes, pero el paisaje no era lo más bonito».
La primera de las instantáneas no es una captura del paisaje, sino nuestra.
La única que no había sacado Omar y que yo estoy viendo por primera vez.
Se trata de un selfi, probablemente con el móvil de Ethan, ligeramente borrosa.
Por encima de nuestras cabezas se ve el cielo coloreado de diferentes tonos naranja.
Nuestras pieles brillan con la luz del sol, mi mejilla pegada a la suya, todo mi cuerpo apretado contra el de él.
Mi mirada está puesta en un punto del horizonte y a pesar del miedo.
.. estoy sonriendo. Fue segundos después de atreverme a abrir los ojos, mientras escuchaba mi canción favorita.
Ethan también sonríe, pero él me está mirando a mí.
«El paisaje no era lo más bonito».
Tiro el móvil de nuevo sobre la cama, sin importarme que quede fuera de mi alcance, y giro mi cuerpo ciento ochenta grados, hundiendo la cabeza en la almohada para deshacerme de esta sensación.
Me repito a mí misma que solo está haciendo lo que acordamos hacer, pero aun así no logro frenar mi corazón, que late a gran velocidad.
Tardo mucho tiempo en dormirme.