Cualquier destino menos contigo Capítulo 45
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Capítulo 45

Ethan

¡EXCLUSIVA!

DAHLIA HARRIS Y FIN MCLEAN SON VISTOS SALIR DE LA FIESTA DE LA MANO… SEA A LO QUE SEA A LO QUE ESTÁN JUGANDO, ¡NOS APUNTAMOS!

¿Pareja nueva o no tan nueva? Sabemos que estos dos tienen historia. Ahora todas las miradas están puestas en si Ethan Adams asistirá al desfile a apoyar a nuestra chica rompecorazones.

Podéis votar cuál es vuestra pareja favorita en nuestra web: ¿Dafinn o Ehatlia?

Dahlia no responde a mi último mensaje. Para colmo, las noticias más recientes que veo antes de aterrizar comparten como protagonistas a los mismos modelos que encabezaron todos los titulares hace tres meses.

Se ha ido de la fiesta. Con Finn McLean. Juntos.

No debería molestarme. Ni importarme.

Pero lo hace. ¿Por qué lo hace? Tal vez porque teníamos unas reglas, joder. Y tampoco conoce tanto a ese tío. ¿Y si resulta ser un psicópata?

Por lo menos voy ganando la encuesta de los shippeos .

Ni siquiera me ha dicho que se va de vuelta al hotel. A no ser que se haya ido a su hotel.

Ese pensamiento todavía me persigue cuando al fin tomamos tierra y bajo del avión para recorrer la terminal hasta la salida con la intención de conseguir un taxi.

Le mando otro mensaje a Dahlia, tampoco obtengo ninguna respuesta. Resoplo y me dirijo a la parada llena de gente. Pero una voz me detiene.

—¿Compartimos taxi? Creo que vamos para el mismo sitio.

Cuando me giro, mi cuerpo reacciona antes que mi cabeza, o tal vez ya la había reconocido sin necesidad de mirarla.

Su espalda está apoyada sobre el vehículo, tiene los brazos cruzados a la altura del pecho y un impresionante vestido negro de aberturas atrevidas se ciñe a su cuerpo. Y, por supuesto, sus labios están pintados de rojo.

Recorto la distancia que nos separa y dejo caer la mochila de mis brazos para que lo siguiente que tenga entre ellos sea a Dahlia. Ella rodea mi cuello y mi cara se hunde en su suave cabello mientras la levanto ligeramente del suelo. Al inspirar, me impregno de ella y su olor.

La he... ¿echado de menos?

—¿Qué haces aquí? —pregunto extrañado.

—Te lo he dicho: la fiesta era aburrida.

Quiero preguntarle por Finn McLean, pero no lo hago. Entonces me doy cuenta de que somos el centro de atención; nos han reconocido y ahora muchas miradas y móviles apuntan hacia nosotros.

Ser consciente del público hace que mi cuerpo se tense y me obligo a separarme de Dahlia. Hemos cumplido con nuestras reglas, aunque no sea en lo que estaba pensando cuando la he visto. Ella también parece querer huir del revuelo que hemos causado con nuestro reencuentro.

Tal vez encabezaremos portadas que desbanquen las de Finn McLean y así no tendré que verle la cara, aunque sea a través de una revista.

Cuando la gente comienza a acercarse y nuestro espacio personal se vuelve más reducido, meto el equipaje en el maletero y Dahlia le hace una señal al taxista, que inmediatamente arranca.

—¿De verdad no llevas bragas debajo del vestido? —bromeo a modo de saludo ahora que estamos solos.

Por suerte, esta vez no me regala una bofetada, sino que levanta las cejas y sonríe.

—Deja volar tu imaginación, Ethan.

—Ese es el problema.

Se le escapa una risa fugaz, pero su expresión cambia rápido y lo veo: nerviosismo. Vacilación. Dahlia es demasiado buena controlando sus emociones a través de su máscara, pero es el brillo en sus ojos el que la delata.

—¿Qué pasa, flor?

Tarda unos segundos en contestar.

—¿Crees que voy guapa?

No sé por qué, la inseguridad que desprende su voz hace que apriete los nudillos.

Incluso en las horas que ha durado el vuelo y con una conexión a internet demasiado inestable, ha sido imposible pasar por alto la figura de Dahlia Harris entrando en la fiesta con ese espectacular vestido negro que ahora tengo delante de mí y del que es difícil apartar la mirada.

—¿Tú lo piensas?

—Me encanta este vestido.

—Entonces el resto de las opiniones no importan, ¿no crees?

Ella asiente con la cabeza y desvía la mirada hacia la ventanilla.

Una especie de espina se queda clavada en mi pecho, como si no hubiera dicho lo correcto o lo que verdaderamente quería decir.

«¿Qué quería decir?».

Cuando el taxi nos deja en la entrada del hotel, todo está en completo silencio. El recepcionista me entrega la tarjeta de mi habitación, Dahlia espera paciente y los dos subimos en el ascensor. Como siempre, mi cuarto está al lado del suyo.

—Debes estar cansado —susurra.

—Y tú debes descansar —respondo.

Pero nos quedamos uno frente al otro unos segundos más. Esta vez, no siento la necesidad de romper el silencio.

—Hasta mañana.

—Buenas noches, flor.

Espero a que se meta en su habitación antes de entrar en la mía. Ni siquiera me molesto en deshacer mi mochila, me quito la ropa hasta quedarme en calzoncillos y me tiro sobre la cama, que amenaza con ser mi billete de alta velocidad al mundo de los sueños.

Pero antes tengo que hacer una cosa. Porque, aunque son las dos de la mañana, las reglas son las reglas.

Es algo que he hecho cientos de veces, pero, por alguna razón, mi corazón late a todo trapo cuando pulso el botón de publicar. Reconozco que soy un cobarde por utilizar una pantalla para decirle las palabras que antes no me he atrevido a pronunciar y que se me han quedado clavadas.

Me quedo mirando la foto unos segundos. Unos minutos.

Al final tardo mucho tiempo en dormirme.