Capítulo 44
Dahlia
Tras más de dieciséis horas de espera en el aeropuerto y un vuelo con turbulencias que se me hace eterno, por fin llego a París.
Solo ha aparecido una plaza disponible, así que Ethan se ha quedado en tierra con la promesa de que lo asignarán al próximo vuelo nocturno.
La despedida no ha sido emotiva, más bien incómoda.
Ethan ha posado sus labios sobre mi mejilla (regla número seis) en un beso sonoro que ha despertado los vítores y suspiros del grupo de viajeros que se arremolinaban a nuestro alrededor con sus móviles en alto, listos para subir las fotos a sus redes sociales.
Eran demasiado fáciles de satisfacer, y para nosotros, demasiado fácil fingir. Según Maia, somos trending topic.
Ethan y yo nos veremos en pocas horas, pero eso no ha evitado que sintiese un tirón en el pecho al cruzar la pasarela. Estas semanas juntos han hecho que me acostumbre a su continua presencia. Puede que demasiado.
Durante el vuelo, con cada leve sacudida que ha provocado que mi cuerpo se estremeciera, me he dado cuenta de que echaba de menos su contacto, el roce de sus manos que, de alguna forma, me calma. Lo hizo en el vuelo a Estambul y también mientras sobrevolábamos Capadocia en globo.
Entre la oleada de miradas y flashes que me reciben en la terminal, reconozco una figura diminuta que da saltitos, empuja a varios periodistas sin contemplaciones y se lanza hacia mí para recibirme con un abrazo y mi café favorito.
Tira de mí haciéndonos avanzar entre la multitud sin detenernos y me cuesta seguirle el ritmo. Cuando por fin nos metemos en el coche, el mundo logra recuperar su silencio. Respiro aliviada.
—Quiero que me lo cuentes todo.
Pero quien habla es ella, a una velocidad de vértigo. Casi todas las novedades están relacionadas con Ethan y conmigo, y una sonrisa se dibuja en su cara a medida que me las cuenta.
Maia, probablemente, encabeza nuestro club de fans. La veo demasiado ilusionada por el tema, por mí, y eso solo aumenta el sentimiento de culpa en mi interior, pero no puedo contárselo.
Sé que no lo utilizaría contra mí, pero sí podría mirarme de esa manera inquisidora que a veces me dedica cuando hablamos de The Bachelor .
No podría soportar esa mirada, ni tampoco que se fuera, como seguramente haría.
Se me da bien jugar porque sé cuándo tengo ante mí una apuesta segura.
Y yo no soy una de esas.
—No tenemos tiempo de pasar por el hotel, tienes que vestirte aquí —termina diciendo.
—Qué glamour .
Siento el cuerpo entumecido, mis músculos gritan de dolor y necesito liberar la tensión ejercida sobre ellos durante todo el vuelo.
Pero eso tendré que hacerlo más tarde, ahora nos dirigimos al evento inaugural de la firma para la que desfilo mañana, una de las más prestigiosas de la alta costura. La de Romuald.
Así que me toca ponerme la máscara.
Las celebridades más conocidas del mundo, no solo del sector de la moda, asistirán al desfile, que promete ser uno de los mayores espectáculos del año.
Veo la prenda que me ha traído colgando de uno de los lados de la parte trasera del vehículo.
Un vestido negro con escote corazón que se ajustará a cada centímetro de mi torso para luego caer hasta los tobillos.
Tiene una gran abertura en la pierna que sube hasta algún punto por encima de la cintura, dejando poco a la imaginación y casi ninguna opción de llevar ropa interior. Adoro este vestido.
Vi el potencial que tenía desde que puse los ojos en él y pregunté si podía adaptarlo a mi estilo. Recibí total libertad para hacer un diseño único y exclusivo que estaba segura despertaría el interés de todas las miradas.
Hice un boceto del diseño final en la libreta que llevo siempre conmigo, esa que vio Ethan y preguntó de qué se trataba.
«Si no fuera nada, no estarías sonriendo».
Me obligo a sacar el recuerdo de mi cabeza. Claro que no era nada, estaba muy lejos de serlo. Pero ahora no puedo permitirme pensar en eso, un sueño que se escapa mientras la realidad llama a mi puerta todos los días.
Aceptaron todos los cambios, así que decidí que sería el que luciría en este evento. Sola.
Es la primera vez que me enfrento a las masas sin un brazo que sostenga mi cuerpo a lo largo de las horas, conversaciones y fiestas.
En estos eventos siempre acabo sintiéndome como uno más de los objetos de exposición; la gente se dirige a mí con un discurso de adulación preparado, la petición de una fotografía o una propuesta de negocio.
Muchos ni siquiera esperan mi respuesta; no les interesa lo que tengo que decir, solo quieren mi imagen.
Wyatt sabía qué contestar en todos esos casos, siempre fue mejor que yo relacionándose con los demás. A él lo querían, era fácil quererlo.
Tenía esa mirada juguetona y algún comentario ingenioso preparado en la recámara que lograba desviar la atención y conseguir darme un respiro.
Él asistía a todos los eventos conmigo, aunque siempre fuera para terminar emborrachándose.
Pero no a los desfiles, no si podía evitarlo.
Había dejado claro que tenía la misma opinión que mis padres acerca de la moda, pero la respetaba por mí y supongo que la toleraba mejor cuando consistía en mirar a otras veinte chicas en ropa interior.
El pensamiento me provoca un escalofrío. Él no era así, ¿verdad? Me exhibía ante el resto del mundo orgulloso. Y sabía...; lo sabía todo.
Los mensajes en mi cabeza son contradictorios, pero una parte de mí sigue aferrándose a esa idea, porque, si estaba equivocada, lo que tanto esfuerzo puse en construir no sería sino otra cosa más que estaba hecha pedazos. Otra versión de mí rota.
En ese momento, mi móvil vibra sobre el asiento, despertándome de la vorágine de mis pensamientos.
Ethan el más guapo : ¿Cómo ha ido el vuelo?
Yo: ¿Cuándo has cogido mi teléfono?
Ethan el más guapo : Vas a tener que ser más específica...
Yo: ¿Por qué apareces como "Ethan el más guapo"?
Ethan el más guapo : Vaya, por fin lo admites.
Ethan el más guapo : No te olvides del emoji .
Yo: Eres insufrible . El vuelo bien, supongo. Voy de camino al evento.
Ethan el más guapo : No te lo pases bien sin mí.
Yo: ¿Al final vuelas ahora?
Ethan el más guapo : Estoy embarcando, te mando un mensaje cuando aterrice.
Yo:
Guardo el móvil en el bolso y, al levantar la cabeza, me encuentro con la mirada de Maia acompañada de una sonrisa traviesa.
—Por cierto, ya he reservado...
—No va a ser necesario —la corto mientras acaricio con mis manos el vestido y palpo lo suave que es.
—Pero si me lo pediste hace una semana.
—Las cosas han cambiado —respondo sin más. Ella se gira y damos por concluida la conversación.
Esa es una de las cosas que más me gustan de Maia, que sabe cuándo no quiero responder a sus preguntas y acepta mi silencio como respuesta.
Nos preparamos en un tiempo récord, lo que se traduce en los minutos que le lleva al coche llegar al enorme edificio de estilo renacentista, que ahora está rodeado de cientos de personas apretadas unas junto a otras en la lucha por conseguir un sitio decente que les permita observar a los famosos invitados.
—¿Cómo estoy? —pregunto cuando termino de atrapar mi pelo en una coleta que disimule que he pasado demasiadas horas en un aeropuerto en lugar de en una peluquería.
—Tú eres la única que puede lucir así de bien arreglándose en un coche. Estás asquerosamente preciosa.
Sonrío. A pesar del cansancio acumulado, me siento guapa con este vestido a juego con unos tacones altos de aguja. Como toque final, pinto de rojo mis labios justo antes de que se abra la puerta y enseguida me envuelven las luces procedentes de las cámaras de fotos y móviles de los presentes.
Tengo que cerrar los ojos ante el golpe de claridad que emana de los focos, pero me recupero rápidamente, lista para posar para los cientos de paparazi y fans congregados.
Mi cuerpo recibe demasiados estímulos al mismo tiempo, mis ojos cambian la dirección de su mirada entre unas cámaras y otras, mis oídos captan los gritos tratando de llamar mi atención, preguntas de reporteros y órdenes del equipo de seguridad para que no se acerquen demasiado.
Si no estuviera tan acostumbrada a ello, me sentiría sobrepasada. No siempre disfruto de la atención, al menos no en estos casos, pero he aprendido a soportarla.
La entrada del enorme edificio está ocupada por un número igual o casi mayor de medios de los que hay fuera.
Siento la presencia de Maia detrás de mí, que me dirige discretamente hacia la rueda de prensa. Sé que aquí es donde nuestros caminos se separan. La fiesta sigue un protocolo muy exigente, con una lista de invitados reducida, en la cual no se incluyen agentes ni amistades fuera del mundillo.
—¿Cómo te has preparado para el desfile de mañana?
—¿Consideras que has llegado al pico de tu carrera gracias a Romuald?
—¿Cómo has sobrellevado tu ruptura con Wyatt?
—Has pasado página muy rápido, ¿el secreto es que Ethan es el nuevo dueño de tu corazón?
Las preguntas bombardean mis oídos. La mayoría tienen tres cosas en común. La primera, que no son solamente sobre mí o mi carrera. La segunda, que incluyen el nombre de algún hombre. La última de ellas, que me traen recuerdos de esa noche...
Habíamos ido al evento de inauguración de la nueva tienda de una famosa marca de ropa, Wyatt era mi acompañante.
Mi novio no quería venir, no le gustaba aparecer conmigo en ese tipo de compromisos porque yo era la protagonista.
Pero él me había hecho creer que lo necesitaba como un escudo detrás del que esconderme, aunque eso no detenía los ataques, ni tampoco hacía que dolieran menos. No si venían desde dentro.
Los periodistas me rodearon y me hicieron preguntas. Wyatt se metió en el baño. Nicole había desaparecido y yo me sentía inestable. Lo seguí y follamos en los servicios; fue rápido y frío. Las palabras de Wyatt tras nuestro polvo se habían incrustado en mi cabeza, provocando otra grieta.