Capítulo 33
Dahlia
—¿Cuánto falta?
—No seas crío, tienen que comprobar que todas las tomas han salido bien o si hay que repetir alguna.
Puedo sentir sus nervios desde aquí, su impaciencia. Y lo más importante de todo, sus tripas. Dios mío, no hacen más que rugir descontroladas pidiendo lo que probablemente sean carbohidratos y azúcares. El chico es tan simple que podrías dejarlo en una tienda de caramelos y sería feliz.
Para mi sorpresa, y a pesar de no haber tenido una pausa para comer porque ya íbamos con demasiado retraso en el horario de rodaje, lo ha hecho bien. La mayoría de las fotos son un desastre, pero las que han salido bien son muy buenas. Por lo menos, tiene la genética a su favor.
Sería ridículo negar el atractivo de Ethan, su altura acompañada de un torso musculoso en su justa medida, su piel morena, todavía más desde que comenzó el viaje, que hace destacar aún más su pelo rubio y sus ojos azules, clavados ahora mismo en los míos.
Claros, cristalinos. No solo como un reflejo del mar, sino de él mismo.
—Tierra llamando a Dahlia.
«Mierda, está hablando conmigo». Estaba completamente abstraída. Tal vez yo también necesito un descanso.
—¿Qué?
—Voy a subir a la habitación a despejarme un poco.
—No tardes, seguramente quieran empezar con las últimas grabaciones en el centro de la ciudad tan pronto como acaben de comprobar el material.
Él asiente con la cabeza y enseguida desaparece a través de la puerta de cristal del hotel. Es un edificio impresionante por fuera que conserva su encanto por dentro, el mismo que comparte con la ciudad.
El hotel cuenta con más de cinco plantas de habitaciones con balcones de piedra blanca decorada sobre una fachada de color amarillo claro.
En la planta baja hay una enorme terraza, que por las tardes se encuentra prácticamente vacía, pero que no tardará en llenarse.
Ahí es donde estoy ahora mismo, con los codos apoyados en la barandilla de madera clara, el mar a mis pies y el sonido de las olas rompiendo justo debajo.
A pesar de estar trabajando, por primera vez en mucho tiempo, me siento relajada, me siento. .. yo.
«Me enfada que no sepas lo jodidamente bonita que eres».
A mi mente no solo vienen sus palabras contra mi cuello, sino la cercanía de su cuerpo. Sobre todo, sus labios.
Tengo que dejar de pensar en ello. Su contacto me ha pillado totalmente desprevenida, pero lo he... ¿disfrutado?
Por supuesto, ese es un secreto que me llevaré a la tumba.
Definitivamente, estoy perdiendo la cabeza.
En ese momento, mi móvil comienza a vibrar, sacándome de mis pensamientos. Al ver su nombre en la pantalla, descuelgo. Es la única persona con la que siempre me apetece hablar.
—¿Cómo está mi diva favorita? —La voz de Maia se oye entrecortada al otro lado de la línea, con un gran ruido de fondo.
—¿Dónde estás?
—Tengo una reunión programada a primera hora, acabo de llegar. —«Claro», pienso, la diferencia horaria—. ¿Cómo ha ido la campaña?
—Todavía estamos aquí, creo que solo quieren sacar un par de fotos más en el centro y habremos terminado.
Le dije a Maia que la sesión se pospuso por problemas técnicos, no quise tener que involucrar a Ethan en mi mentira con terceras personas, pero el día de hoy está siendo más soleado que el anterior, así que al final hemos ganado todos.
—¿Qué tal se ha portado Ethan? ¿Lo has visto en ropa interior?
—Digamos que tiene suerte de ser guapo, porque el modelaje se le da de pena.
—Conque guapo, ¿eh?
Pongo los ojos en blanco.
—No empieces.
—Debo vivir mi fantasía a través de ti. No has contestado a la segunda pregunta.
—No quiero darte un motivo más para que te imagines a Ethan Adams en calzoncillos.
—Pero solo soy una chica —dice imitando el acento de Julia Roberts en la famosa película que me ha obligado a ver más de una vez (a pesar de que ella ya la ha visto veintitrés veces, y lleva la cuenta).
Entonces, como si nuestra mención lo hubiese invocado, Ethan aparece a través de las puertas acristaladas que dan a la terraza de su dormitorio y apoya los brazos en la baranda.
No sé cómo he notado su presencia, el caso es que para mí es difícil no sentir a Ethan Adams cuando entra en una habitación; por alguna razón, el ambiente cambia y mi cuerpo lo siente antes que mi mente. Lo cual no tiene ningún sentido.
Creo que es por eso, en parte, por lo que nuestra mutua presencia nos resulta insoportable la mayor parte del tiempo.
Se ha revuelto un poco el pelo y va sin camiseta, solamente los pantalones de la colección y las mismas gafas que ha llevado puestas durante todo el día.
—¿Cómo están las cosas entre vosotros? —La voz de Maia me devuelve a la realidad, pero no aparto la mirada de él.
—Bien, supongo, los dos seguimos de una pieza. —No sé qué más decirle, a pesar de que en nuestra relación ha habido un punto y aparte.
No le he contado a Maia nada de nuestras reglas.
Primero, porque no quiero que me juzgue.
Segundo, porque tendría que explicarle más cosas de las que estoy dispuesta a confesar.
Maia sabe muchas cosas sobre mi vida porque es su trabajo, pero, si no lo fuera, ¿seguiría llamándome para burlarse de mí con Ethan Adams?
Probablemente no. Así que debo mantener las distancias.
Porque yo, por el contrario, no sé cuál es su segundo nombre ni por qué empezó como camarera en Nueva York si lucía un bolso auténtico de Hermès cuando la conocí.
Ella nunca me lo ha contado y yo nunca le he preguntado porque, bueno, trabaja para mí y no quiero invadir su intimidad.
Me gustaría saber si Maia pone en nuestra relación las mismas barreras que yo.
—Lo del aeropuerto...
—Ya está olvidado —la corto antes de que pueda continuar, como si impedir que hable del tema pudiera cambiar el mensaje que sé que tenía que decirme.
—Genial; igualmente, mucha gente creyó que vuestra discusión era una fake new . Con respecto a la sesión de Santorini, han abierto un expediente al director y se han puesto en contacto conmigo para pedir disculpas formales. En los próximos días emitirán un comunicado público.
Eso sí que no me lo esperaba.
—¿Por qué?
—Las declaraciones de Ethan fueron muy contundentes. Otras modelos también han denunciado tratos similares por su parte. Puede que no fuera la manera más inteligente de hacerlo, pero el chico, resolver, resolvió.
Oigo gritos que indican que el equipo está listo para continuar con el rodaje; entre ellos, distingo nuestros nombres.
—Sé que no estás acostumbrada —dice Maia.
—¿A qué?
—A que den la cara por ti.
Tiene razón; nadie, nunca, se pone de mi parte. Pero Ethan lo ha hecho.
De pronto, mi corazón late más rápido de lo que debería.
—Tengo que dejarte; debemos volver al trabajo.
—¿Tú estás bien? —Su pregunta me pilla desprevenida. Por algún motivo me desestabiliza un poco.
—Sí, estoy muy bien —miento y lo hago tan natural que la voz me sale sola, casi consigo engañarme incluso a mí misma—. Ya hablaremos. Un beso.
Cuelgo antes de oír su despedida. Entonces, mi mirada se encuentra de lleno con la de Ethan. ¿Cuánto tiempo lleva mirándome?
Sin guardar el teléfono, marco su número. Responde al primer tono.
—Hola, pervertido.
—Tú me estabas mirando primero.
«¿Se ha dado cuenta?».
Inclino las gafas de sol y las bajo por el puente de mi nariz hasta quedar apoyadas en su parte baja. Él me imita poniendo las suyas sobre su cabeza, quedando atrapadas en su pelo largo. Me guiña un ojo, no puedo evitar reírme.
—¿Disfrutando de las vistas?
—Ya te gustaría —respondo. Detrás de mí, oigo la voz del productor dando instrucciones—. Baja, al parecer hay una sorpresa.
Ethan no hace más preguntas, simplemente sale de la terraza y lo pierdo de vista.
No tarda ni tres minutos en aparecer en el vestíbulo con una camisa (por supuesto, le han dado libertad y ha escogido la más colorida de la colección), peinado y con un calzado que no son chanclas.
Cuando quiere, el chico puede ser formal.
.. o todo lo que se puede llamar «formal» tratándose de él.
—¿Cuál es la sorpresa?
Yo me encojo de hombros, pero el productor entra en escena y no tarda en resolvernos la duda a ambos al mismo tiempo.
Hay un objeto en medio del aparcamiento del hotel cubierto por una sábana blanca. Cuando la levanta, los dos reaccionamos, pero de formas totalmente contrarias.
—¡Esto es la leche!
—Ni. De. Coña.