Capítulo 25
Ethan
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Yo: ¿Cuándo he llegado yo tarde?
Casi perdemos el ferri, pero no por mi culpa. Quién iba a decirnos que nos encontraríamos con un rebaño de cabras en mitad de la carretera impidiendo el paso. Tenemos que esperar algo más de una hora hasta que somos capaces de desviarnos para coger un atajo.
Me reiría si no fuera porque Dahlia tiene cara de querer matar a alguien con sus propias manos y yo soy su única opción disponible. Ganas ya me tiene, estoy seguro.
El rodaje para su campaña es a primera hora de la tarde y llegamos justo a tiempo. El mismo equipo de publicidad nos recoge en el puerto y se encarga de nuestro equipaje para llevarnos rumbo al hotel, que tiene su propio acceso privado a una de las calas, donde tendrá lugar la sesión.
La mayor parte del espacio está ocupada por todo el personal allí presente. Nunca me hubiera imaginado que detrás de unas cuantas fotos pudiera haber tantas personas haciendo... tantas cosas. También hay muchos trastos desperdigados.
Dahlia enseguida se mimetiza entre todos ellos, saluda al que supongo que es el fotógrafo y director con un apretón de manos serio y comparten comentarios que no logro oír desde mi posición.
Estoy en medio del vestíbulo del hotel, un complejo grande y moderno en contraste con el exterior de piedra blanca y azul, igual que el resto de las casas.
Santorini. El paisaje más explotado en las postales turísticas.
Por supuesto, mientras ella trabaja, yo pienso aprovechar las escasas horas que estaremos aquí.
—Hola, ¿podría decirme dónde encontrar la oficina de correos? —le pregunto a la recepcionista.
—Está un poco lejos de aquí, pero, si quiere mandar una postal, hay un buzón en el camino que baja hasta la playa.
—Gracias.
Me dispongo a salir a dar una vuelta y alejarme del alboroto que se ha armado alrededor de la zona de rodaje. Son varios los trabajadores que tienen que enfrentarse a muchos curiosos que buscan entrar en esas zonas privadas.
«¿Es verdad que Dahlia Harris está aquí?».
«Yo la he visto hace cinco minutos subiendo en el ascensor».
«¡Necesito una foto con ella!».
Nuestras habitaciones dan directamente a esa pequeña playa, supongo que para facilitar la intimidad y el trabajo.
El caso es que, gracias a eso, el pasillo de esta ala está tranquilo y no me encuentro a nadie en mi camino.
Me cambio la camiseta, húmeda por todo el viaje en ferri, por una camisa de formas geométricas y me pongo un bañador para refrescarme en el mar.
Cuando salgo de la habitación, me encuentro cara a cara con Dahlia.
Tiene el pelo semirrecogido con muchas pinzas, sus ojos parecen más grandes gracias al maquillaje y viste un albornoz de seda desabrochado con el que puedo entrever el conjunto de lencería que lleva puesto.
Supongo que es uno de los modelos de la colección.
«Joder, le queda espectacular; realmente realza su figura. Y sus pechos».
Quiero dejar de mirar, pero mi cerebro tarda en dar la orden unos segundos más de la cuenta, que a ella no le pasan desapercibidos.
—Disfruta de la visita exprés.
—Lo intentaré. Tú no me eches demasiado de menos, flor.
—¿De verdad no puedes parar con ese estúpido nombre?
Cuanto más sé que le molesta, más me gusta usarlo para referirme a ella. Le he cogido cariño.
—En ese caso tendría que cambiar tu nombre en mi lista de contactos.
—¿Me has agregado así en el móvil?
—¿Cómo me tienes tú?
Desliza el dedo por la pantalla de su teléfono antes de girarlo en mi dirección. Suelto una carcajada al ver el nombre.
—Tarzán, ¿en serio? —Ella se encoge de hombros—. ¿Porque estoy cachas? Me siento halagado...
—No —me corta ella, para entonces decir—: Porque más de la mitad del tiempo vas sin camiseta sin motivo aparente, parece que te criaron los monos y siempre vistes trapos.
Sabía que iba a meterse con esta camisa.
—Eso ha sido muy cruel, flor, incluso para ti. —Pongo mi mejor cara de cachorrito triste, pero ni el calentamiento global podría derretir el corazón de esta chica.
—Lo superarás.
—¡Harris! —Un hombre de mediana edad aparece detrás de ella; es ligeramente más bajo y tiene visibles entradas.
La sujeta por la cintura acercándola a él, Dahlia pone de nuevo una distancia cauta entre ellos—.
Te quiero lista en cinco, esto no es otra parada de tus vacaciones, algunos tenemos que trabajar.
Le da un beso en la coronilla antes de irse. Cuando vuelvo a mirar a Dahlia, está rígida y ya no sonríe.
—Nos vemos, ¿vale?
Abro la boca para responder algo, no sé exactamente el qué, pero ya se ha dado la vuelta y no vuelve a mirar atrás, así que yo sigo mi propio camino, listo para enviar una postal especial y zambullirme en otras de las aguas más cristalinas que he visto nunca.
Pero, por algún motivo, parte de mi cabeza se ha quedado en la cala privada del hotel con la sensación de que no tendría que haberme ido.
Hoy nos vamos de Grecia. Creo que es el sitio del mundo con las aguas más cristalinas que he visto en mi vida.
¿Sabías que Spílaio ftysímatos significa cueva que escupe hombres»? Aquí hay una con ese nombre y sé que me vas a llamar loco, pero he entrado. Y Dahlia también.
Seguro que te gustaría todo esto. Me he tirado por uno de los acantilados y he recordado cuando me retabas a saltar al lago desde el puente más alto.
Ojalá estuvieras aquí.
Ojalá estuviéramos los dos juntos.
Te quiero.
Andrew Reid Lake Shore Drive, 23 49423, Holland, Míchigan