Cualquier destino menos contigo Capítulo 23
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Capítulo 23

Ethan

DAHLIA «MIDAS» HARRIS, LA CHICA QUE CONVIERTE A TODAS SUS CONQUISTAS EN ORO PURO

Ehtan Adams, influencer de viajes primerizo, se posiciona como uno de los candidatos a los que batir en el concurso de creadores de contenido.

Todo el mundo le sigue la pista a él, pero ¿no es en realidad para buscar a Dahlia Harris?

¿Desaparecerá la popularidad del chico cuando ella pierda el interés como hizo con Wyatt?

Eso no lo sabemos; lo que sí sabemos ¡es que esta pareja nos encanta!

Me lo estoy pasando demasiado bien con nuestro juego. Ni siquiera me ha costado subir la foto con el atún, es increíble. Y sé que lo más increíble será ver la reacción de Dahlia.

De cara al público, ha respondido con emoticonos de peces y corazones. En realidad, no ha tardado ni dos minutos en aporrear con fuerza la puerta de mi apartamento en busca de explicaciones.

Ni la mejor de mis sonrisas me libra de la bofetada que me tenía preparada.

—No vuelvas a subir una foto sin mi permiso.

—Venga, flor, si lo está petando. Nunca he tenido tantos likes en una foto.

—No te despistes mañana: puede que te ahogue.

—Estoy deseando montarme en ese barco —contesto a modo de despedida mientras ella abandona a toda prisa mi puerta para meterse por la suya, justo al lado.

No es mentira. Estoy disfrutando mucho de este destino y pienso seguir haciéndolo al máximo los dos días que nos quedan en la isla. Mañana, a primera hora, tenemos un barco esperándonos en una de las entradas del hotel para pasar el día en alta mar.

Mi rutina es la misma de siempre, aunque esta vez el café me sabe más amargo y el sol sale acompañado de nubes que no están por la labor de enseñarme aquello que busco.

Lo cierto es que, lo que empezó como una especie de búsqueda del tesoro, se ha convertido en una rutina que disfruto. A veces ni me importa que no ocurra, otras ni siquiera estoy seguro de lo que estoy buscando. Ni que exista, ya puestos.

Andrew a veces está muy loco, pero yo siempre lo he seguido en sus locuras.

Él era el de las ideas descabelladas y yo, el niño con tantas ganas de complacerlo que estaba dispuesto a tirarse a la piscina sin mirar primero que hubiera agua.

Y, en el fondo, lo sigo haciendo; esto no es más que otra prueba de ello.

Esta mañana incluso vuelvo a presenciar el despertar de Dahlia a todo volumen con la misma canción, los mismos movimientos... Parece que ella también tiene su propia rutina y, joder, no puedo evitar volver a quedarme mirando.

He observado mucho a Dahlia Harris durante este viaje y, al mismo tiempo, una parte de mí siente que es la primera vez que la ve.

Nunca he prestado demasiada atención a su perfil; siendo sinceros, ni siquiera nos caíamos bien —siendo más sinceros aún, ahora malamente nos soportamos—.

Simplemente no me imaginaba a una de las modelos más famosas y mejor pagadas del planeta bailar dándolo todo una canción de pop-soul por las mañanas, despeinada y con un conjunto de ropa interior desparejado y que parece suave.

Es una chica que parece que lo tiene siempre todo controlado y que el resto solo somos títeres en su función, pero en este pequeño momento del día está desinhibida, libre. Creo que por eso no puedo dejar de mirarla. Y, aunque no me doy cuenta, estoy sonriendo.

Hasta ahora.

—¿Qué haces, imbécil? —Me saca de mis pensamientos el grito que proviene de esa silueta que hace un minuto se estaba moviendo de un lado a otro y ahora está quieta a unos metros de mí—. ¡Pervertido!

Y, a continuación, cierra con fuerza la ventana, seguida de las cortinas. Ya no se oye música.

Sí, definitivamente, hoy voy a morir ahogado.

«Y lo peor es que seguro que sabe cómo hacer que parezca un accidente».

Me río ante mi propio pensamiento. Más o menos.

Llevamos un par de horas en el barco y esto es un auténtico muermo. El yate nos ha recogido en la zona del puerto a la hora prevista y recorremos las millas de las costas que visitamos estos últimos días. Las vistas son absolutamente espectaculares, eso sí.

El destino final de la ruta es Sarakiniko, probablemente el lugar más instagrameable de toda la isla, según Dahlia. Es un paisaje impresionante, con enormes rocas blancas volcánicas sobresaliendo del mar y formando cuevas que me muero de ganas de explorar.

Al menos hasta que me han dicho que no era posible.

—¿No podemos adentrarnos más en las rocas para bucear?

Hasta me he traído mi propio equipo de snorkel .

—Lo siento, no es seguro. Solo los locales están tan locos para ir más adentro.

Eso se traduce en largas horas sobre un barco en alta mar sin hacer ninguna otra cosa que no sea beber, comer y tomar el sol. Mi estómago se está cansando de que esté recurriendo a las dos primeras cada poco tiempo.

Aprovecho para meterme en la parte de abajo del yate y adelantar trabajo editando vídeos. Dahlia ya ha subido muchas fotos de hoy. Yo voy por detrás.

No me ha dirigido más que miradas asesinas todo el día, ni una sola palabra. Aunque no puedo evitar que esta situación me resulte graciosa, sé que le debo explicaciones, o más bien una disculpa, pues no hay excusa para justificar por qué la estaba mirando pasmado mientras bailaba en su apartamento.

Dios, cada vez que lo repito en mi cabeza suena peor; sí que parezco un pervertido.

Pero mi madre siempre dice que las palabras a veces no bastan y que hay que acompañarlas con acciones. Y, como yo siempre he sido un niño obediente, decido ponerlo en práctica y empezar a dar forma a la idea que se me acaba de ocurrir.

En realidad, es un regalo para los dos, el plan perfecto para despedir la isla, dado que mañana es nuestro último día aquí. Tal vez hasta nos sirva para grabar algún vídeo juntos para continuar con nuestro otro juego.

Solo espero que ella sepa interpretarlo como una disculpa y no como un ataque más en nuestra guerrilla de trincheras.