Cualquier destino menos contigo Capítulo 16
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Capítulo 16

Dahlia

Normas para nuestra relación falsa:

Darnos la mano en público.

Dahlia está fuera de la liga de Ethan.

Hablar al oído, ofrece la intimidad que queremos mostrar.

Que Dahlia reconozca que Ethan es divertido.

Que Dahlia siga a Ethan en redes sociales.

Besos fortuitos cuando miren las cámaras (no en los labios)

Subir fotos juntos.

Si nos miramos mucho, la gente pensará que estamos enamorados.

Agarrar a Dahlia de la cintura.

Revolver el pelo a Ethan.

Pintalabios de Dahlia (opcional)

No necesitamos conocernos, solo fingir que sí.

La bola da vueltas a toda velocidad por la ruleta, de la misma manera que pensamientos estúpidos se arremolinan en mi cabeza.

Apuesto mis fichas —anteriormente de Ethan— a pares rojos. En la siguiente partida, me arriesgo con los impares negros. En ambas jugadas, me llevo el dinero de vuelta conmigo.

Noto la mirada de Ethan clavada en mí desde el otro lado del tablero de este nuevo juego de azar. Trato de disimular que no tengo las pulsaciones disparadas.

—¿Impresionado?

Se encoge de hombros y reduce el espacio entre nosotros para situarse detrás de la silla en la que estoy sentada. No deja de observar el tablero.

—Ya sabes lo que dicen: afortunada en el juego...

—Eso es un golpe muy bajo, incluso para ti.

Ethan Adams se está burlando de mi vida amorosa. Yo soy la que ha caído bajo. Aunque nunca pienso admitirlo en voz alta.

—Venga, Dahlia. —Es una de las primeras veces que lo oigo llamarme por mi nombre y no por ese estúpido apelativo—. Hasta yo puedo admitir que alguien como Wyatt no te llega ni a la suela de los zapatos, y no precisamente los de tacón.

Su comentario me pilla desprevenida de la misma forma que los anteriores, pero logro recomponerme antes de que pueda darse cuenta de que mis manos han empezado a temblar.

No quiero a Wyatt en esta conversación, no en este momento.

He disfrutado demasiado de la ausencia mediática de mi exprometido en los últimos días. Por primera vez, no me han perseguido como si yo fuera la X de una especie de mapa del tesoro. Esta vez van en busca de otra cosa. Algo que yo puedo controlar.

—Si esta es tu idea de un cumplido, hacerme la pelota no te servirá de nada. Sigo pensando que es una locura.

Ethan eleva las cejas. Está sonriendo. Yo lo miro, confundida.

—Has dicho que es una locura, no que sea una mala idea.

Pongo los ojos en blanco, porque tiene razón. A estas alturas, debido al cansancio acumulado o al vino que proporciona gratuitamente el casino a los jugadores, puede que ambas, no me parece una mala idea. Ni siquiera una locura.

Ser el foco de atención, aunque puede no parecerlo, resulta agotador.

Como figura pública, la gente cree que tiene derecho a hablar de ti, a juzgarte.

Lo hacen a todas horas, sobre cualquier cosa.

Yo he sido protagonista continua de sus atenciones y no tengo ganas de seguir siéndolo.

.. Pero, si no puedo evitarlo, al menos quiero ser quien elige.

Maia tiene razón, la gente no sabe dejarlo estar. Le encanta ser cómplice de un secreto a voces, imaginar personajes y escenarios que no existen solo para llenar su aburrida existencia. Esta vez, nos ha tocado a nosotros ser los protagonistas. Y puedo usarlo a mi favor.

Porque todo esto no es más que una mentira. Y, precisamente por eso, es seguro.

He respondido a todas las preguntas de los paparazi como si nada y con seguridad porque no significaba nada. He comprobado por mí misma el resultado de tenernos como factores en la ecuación.

La gente solo ve lo que quiere ver y yo solo quiero que miren a otra parte.

Puedo aguantar a Ethan Adams durante estas semanas, o eso creo. Tampoco tengo otro remedio. Lo mínimo es sacar alguna ventaja de ello.

«¿Y si, con esto, los dos pudiéramos conseguir lo que queremos?».

Estoy harta de actuar como niños pequeños a los que obligan a jugar juntos en el patio del colegio. Pero si quieren que juguemos, entonces...