Cruzar la Raya (DC Jake Tanner 4) Capítulo 67
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Capítulo 67

EL COLEGIO DE GENIOS

Y a había amanecido cuando Jake llegó a la urbanización Dunsfield Estate; el cielo lucía un azul incongruentemente alegre dada la escena con la que estaba a punto de encontrarse.

Poner un pie en este complejo era una experiencia nueva para él.

Deambuló por la calle, giró a la izquierda por un callejón, pasó junto a un grupo de agentes que charlaban sobre la jornada de la Champions League de la noche anterior y se acercó al agente de policía a quien le había tocado la ingrata tarea de custodiar el cordón exterior.

Jake, que ya llevaba puesto el traje de forense, firmó en el registro.

Justo cuando se disponía a agacharse bajo la cinta, llegó una furgoneta de noticias.

El equipo de grabación y los reporteros desembarcaron de inmediato del vehículo y montaron sus bártulos en los límites del perímetro.

«Genial», pensó Jake. «Ya están aquí los buitres».

—Buenos días —saludó Brendan por la izquierda de Jake. Estaba junto a Ashley, y ambos parecían un par de vampiros a los que les hubiera pillado el sol.

—Buenos días.

—¿Adónde te fuiste ayer? —preguntó Ashley. Tenía las manos a los lados y permanecía con las piernas pegadas, como un soldadito de juguete en posición de firmes.

—A The Pit.

—¿Viste a nuestro amigo?

—¿A cuál? Conocemos a tantos por su nombre de pila que empiezo a perder la cuenta.

Brendan se unió a la conversación.

—¿A Matheson?

—No apareció. Tan escurridizo como siempre.

—¿Sabes si se ha enterado ya de lo de su hermana?

Jake negó con la cabeza.

—Stephanie lo sabrá. Pero me imagino que ya se habrá enterado. Eso explicaría por qué no dio la cara anoche.

—Me pregunto cuál será su reacción.

Jake se volvió hacia el centro de la urbanización, donde se desarrollaba la mayor parte de la actividad. Luego se giró de nuevo hacia sus colegas.

—Voy a arriesgarme y diré que el asesinato...

—¿Tú crees? —preguntó Ashley.

—No creo que haga falta haberse graduado en el colegio de genios para deducirlo.

Brendan levantó una mano, apaciguando a Jake.

—Haya paz, Tanner —dijo con la mayor diplomacia posible—. Te estás precipitando muchísimo. Para empezar, nadie sabe quién mató a Danielle Matheson. El cuerpo de policía de Kent aún no ha sido capaz de resolver eso.

—Lo dicho —insistió Jake, esta vez dándose golpecitos en la sien—: el colegio de genios.

Toda la urbanización había sido cerrada.

Se estaba escoltando a los residentes fisgones de vuelta a sus casas, mientras estos protestaban y soltaban improperios a los agentes del grupo de apoyo territorial que los alejaban.

El servicio de bomberos, acompañado de sus perros, se encontraba en pleno rastreo de la zona, olfateando en busca de restos de acelerantes.

Y en el centro estaba el motivo por el que todos se encontraban allí.

La escena del crimen en sí tenía peor aspecto que la de Jermaine.

Era como si el cuerpo del fallecido hubiera ardido con más fuerza, más rapidez, de forma más vigorosa y feroz.

El fuego lo había diezmado todo. No había marcas distinguibles ni rasgos perceptibles.

Era como si las llamas lo hubieran derretido todo.

La única prueba de ADN significativa con la que contaban eran los charcos de sangre en el suelo.

—¿Dónde está Darryl? —preguntó Jake, inspeccionando los charcos que empezaban a coagularse.

—Viene de camino —respondió Brendan.

—¿Todavía?

—Mientras tanto, Stephanie está al mando.

Casi como si lo hubieran ensayado, Jake vio aparecer a Stephanie por el rabillo del ojo.

Se preguntó si habría salido de alguna trampilla en el hormigón.

Como siempre, se la veía llena de energía y animada, con los ojos muy abiertos y una sonrisa radiante.

Sin embargo, las dos nubes oscuras bajo sus ojos sugerían que aquello no duraría mucho, que su efervescencia se estaba apagando gradualmente.

—Buenos días —dijo ella, tocando a Jake en el brazo.

—Ponnos al día —respondió él, yendo directo al grano.

—Bueno, como podéis ver, otro más. Se cree que es un varón IC1.

Entre los veintitantos largos y los treinta.

Es demasiado pronto para identificar el cuerpo.

He hablado con los primeros en llegar a la escena y han dicho que recibieron la llamada sobre las cuatro de esta mañana.

No ha sido como la última vez, que tuvimos que esperar una eternidad a que el buen samaritano viniera al rescate.

En su lugar, ha sido uno de los propietarios de la zona.

Dijo que olió algo quemándose fuera. Al acercarse a la ventana, vio el cuerpo ardiendo y llamó.

Fuera quien fuese, ya estaba muerto para cuando llegaron los paramédicos.

—¿Conocía el testigo al fallecido? —preguntó Jake.

—Posiblemente. Pero estamos teniendo problemas para localizar a la persona que llamó. No dio su nombre. Ni dijo dónde vivía. —Stephanie miró hacia el cielo, hacia los bloques de pisos que se alzaban sobre ella—. Podría ser cualquiera de ellos. Como una mota de polvo en el cosmos.

—¿Y ahora qué? —preguntó Ashley, pillando a Jake por sorpresa.

—La prioridad ahora mismo es realizar las encuestas puerta a puerta.

Hablad con todo el mundo y sobre todo. Alguien, en algún lugar, sabe qué ha pasado; solo tenemos que averiguar quién.

Es una zona grande, así que quiero que dividáis los edificios en tres y decidáis entre vosotros quién se queda con qué.

«Muy diplomática», pensó Jake. «Ganándonos al permitirnos tomar nuestras propias decisiones. Me gusta».

En las últimas semanas, Jake había sido testigo cada vez más de la capacidad de Stephanie para ejercer y comportarse como oficial superior de investigación adjunta.

Era un orgullo para el equipo: trabajadora, justa y sin miedo a escuchar las opiniones de los demás; Jake pensaba que algún día sería una buena inspectora jefa.

Pero en este momento ella era la inspectora e iba a hacer que se ganara a pulso ese ascenso.

Si era capaz de aguantarle a él, sería capaz de aguantar cualquier cosa.

—Bueno, si nosotros hacemos eso, ¿qué vas a hacer tú ? —preguntó él—. ¿Tocarte las narices?

Sus pullas no parecieron alterarla.

—Como no tengas cuidado, lo que voy a hacer es plantarte mi bota en el culo. Venga, vamos, a trabajar.