Cruzar la Raya (DC Jake Tanner 4) Capítulo 49
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Capítulo 49

AMISTAD

E speraban en el lugar preferido de Lewis, junto al tramo de escaleras que conducía a las veinte plantas de pisos de la torre norte, apoyando los pies contra la pared, con las manos en los bolsillos y la cabeza agachada.

Frente a Lewis había una botella de vodka que rodaba de un lado a otro empujada por el viento que soplaba con fuerza en el túnel.

—¿A qué estamos esperando, tío? —se quejó Reece.

—Espera y ya está, ¿vale? Deja de darme la brasa. Va a venir.

No era del todo inusual que los yonquis llegaran tarde a las citas; en el mejor de los casos solo eran conscientes de un diez por ciento de lo que ocurría a su alrededor, y eso cuando estaban sobrios.

Pero esto no tenía precedentes. Diez minutos se habían convertido en veinte, veinte en treinta y, como ya se acercaba la hora del almuerzo de Lewis, su paciencia se estaba agotando, exacerbada por el leve rugido que le recorría el estómago.

—Igual sigue de juerga —dijo Reece.

—Puede —Lewis no quería dejar traslucir que empezaba a preocuparle que le hubiera pasado algo a su comprador. Y, lo que era más importante, que su comprador estuviera a punto de dejarle tirado, de dejarle mal ante su mejor amigo y de hacerle quedar como un completo imbécil.

Pasaron otros diez minutos y, con ellos, los niveles de tolerancia de Reece llegaron al límite. —Esto está muerto, tronco —se lamentó.

—Déjalo estar. Espera al menos otros cinco minutos.

En cuanto Lewis terminó de hablar, a su izquierda, un grupo de agentes de policía se detuvo al otro lado de la urbanización. Tres en total. Un detective de paisano y dos de uniforme. Salieron disparados de los coches y cruzaron a toda prisa por la torre sur, desapareciendo escaleras arriba.

—¡Joder! Han venido a por m... —Reece no terminó la frase. Agarró a Lewis por los brazos y, antes de que este pudiera reaccionar, Reece salió corriendo del paso subterráneo y desapareció al doblar la esquina; el sonido de sus pasos presos del pánico se alejó rápidamente.

Lewis maldijo entre dientes. Cagón . Salir huyendo como una nena a la mínima señal de la policía.

No había corrido tan rápido cuando lo arrestaron el otro día.

De hecho, se había deshecho en elogios sobre cómo había mantenido su posición y cómo la policía había necesitado tres agentes para reducirlo.

Pero se suponía que todo aquello había terminado, olvidado hasta que tuviera que presentarse en comisaría por su libertad bajo fianza.

Entonces, ¿por qué corría Reece? Quizá era un fantasma además de un cobarde y la policía sí que le había metido el miedo en el cuerpo.

O tal vez había otra razón. Lewis solo había visto a su mejor amigo esprintar así una vez antes.

Hace mucho tiempo, cuando tenían nueve años y merodeaban por las afueras de Shree News; Reece acababa de perder una apuesta y el castigo era asaltar a la siguiente persona que saliera del establecimiento.

Resultó ser una mujer de avanzada edad, que llevaba su compra semanal de comida y artículos para el hogar.

Reece había agarrado a la mujer, la había tirado al suelo y le había arrebatado la compra, todo ello en las inmediaciones de un agente de policía.

Los habían perseguido, pero Reece, con la ventaja de haber nacido y crecido en la calle, habiéndose pasado casi cada hora del día deambulando por las calzadas y conociendo el terreno a la perfección, los había despistado antes incluso de que la persecución hubiera empezado realmente.

No, había algo más. Otro motivo por el que había huido.

Un día en la urbanización era de ritmo frenético.

Vivía mucha gente allí y había mucho que vigilar.

Pero en el último día o dos, Lewis se había distraído con las consecuencias de la muerte de Jermaine Gordon, su discusión con su padre y la propuesta de Frank Graham, y había bajado la guardia.

¿Se le había pasado algo por alto en relación con su mejor amigo?

¿Había algo que Reece no le hubiera contado?

Y entonces Lewis recordó algo que le había oído comentar ayer a uno de los chavales del bloque sur.

Que la red de distribución ya se había establecido en Southend-on-Sea.

Y que había un nuevo campeón en el Marcador.

Lewis giró la cabeza y miró calle arriba buscando a Reece.

Se había ido.

Al igual que su amistad.