Cruzar la Raya (DC Jake Tanner 4) Capítulo 47
53%

Capítulo 47

PETICIÓN DE COMPARECENCIA

— N o te va a gustar lo que voy a decirte —le dijo Darryl a Jake con un deje de solemnidad en la voz.

Esas no eran las palabras que deseaba oír a primera hora de la mañana.

—¿Qué has hecho ahora? —preguntó Jake sardónicamente mientras entraba en el despacho de Darryl y tomaba asiento frente a él. Ni siquiera había tenido oportunidad de acomodarse y prepararse mentalmente para la montaña de obstáculos que, sin duda, le depararía el día.

—Creo que esta es la primera vez que la culpa no es mía. Y tampoco tuya, lo cual es una novedad.

Bonita pulla para empezar el día. Gracias. Jake la anotó en su marcador mental.

—Solo me gusta mantenerte alerta, jefe. ¿Cuál es el problema, entonces?

Darryl entrelazó los dedos y se inclinó hacia delante, encarnando al rico hombre de negocios que quizá quiso ser de niño. Tenía una ventana a la espalda y la luz que se filtraba por las rendijas de la persiana casi le confería un brillo angelical.

—Se trata del infiltrado en el grupo criminal —empezó Darryl.

Jake se quedó quieto, escuchando con atención.

—Como era de esperar, no podemos introducir uno.

—¿Por qué? —preguntó él, como un niño inquisitivo que necesitara respuestas inmediatas.

—Porque parece ser que ya hay un agente encubierto operando dentro de la estructura de la E11.

—¿Quién?

—Mary Poppins. No lo sé. Ya sabes cómo funcionan las operaciones con fuentes de inteligencia humana encubiertas, ¿verdad?

El término CHIS hacía referencia a las fuentes de inteligencia humana encubiertas y no era más que una forma refinada de decir que alguien trabajaba de incógnito.

Eran un tipo de agentes especiales y solían desplegarse en grupos de delincuencia organizada y células terroristas.

Sus identidades se mantenían en secreto, solo conocidas por un par de personas, y cualquier información se comunicaba a través de su controlador, alguien de rango superior que mantenía una relación estrecha pero discreta con el agente infiltrado.

Jake soltó un bufido. —¿Qué se supone que están haciendo ahí dentro?

Darryl levantó una mano. —Voy a ahorrarte tiempo y a decirte que no sé nada. Así es como funcionan estas cosas. Si tuviera más detalles, te los daría. Todo lo que sé es que ya hay alguien trabajando dentro de la E11, lo que complica nuestra investigación.

—¡Porque están trabajando contra nosotros!

—Eso no lo sabes.

—Existe una cosita llamada intuición. Quizá si siguieras la tuya un poco más, serías capaz de ver lo que hay detrás de las mentiras que te han contado.

Darryl apoyó una palma sobre la mesa y luego flexionó los dedos, de modo que su mano parecía un insecto de cinco patas.

—Estás enfadado —comenzó—. Lo comprendo.

Pero no sirve de nada arremeter contra mí.

He intentado ayudar, pero no ha funcionado.

He estado en tu lugar. Sé lo que es que te digan que no puedes tener algo, sobre todo cuando se trata de algo tan importante como esto.

De hecho, estoy seguro de que yo habría reaccionado de la misma manera.

—Tienes razón, jefe. Lo siento. Es solo que… —Evitando la mirada intensa de Darryl, Jake bajó la vista hacia su regazo. Inhaló, suspiró—. —Es solo que… no tengo excusa. Lo siento.

Lo que Jake sentía de verdad era no poder contarle a Darryl el motivo real por el que estaba tan tenso y alterado.

Que el Cónclave lo estaba cercando. Que la seguridad de su familia y la suya propia corrían peligro.

Que nadie le creería, al igual que no lo habían hecho meses atrás, y que nadie podía hacer nada al respecto.

En lugar de eso, se veía obligado a ocuparse de ello él mismo, a cargar con el peso sobre sus hombros en solitario.

—Acepto las disculpas, Jake. Sé que no es fácil admitir que uno se equivoca, pero te lo agradezco de todos modos.

Jake fingió una sonrisa, luego salió de la habitación y regresó a su escritorio con los hombros caídos. Primero la desaparición de las pruebas y ahora esto.

Antes de que hubiera tenido tiempo de posar las posaderas en el asiento, llegó un aviso desde el otro lado de la oficina por parte de una de las nuevas inspectoras en prácticas a las que Jake no se había molestado en prestar mucha atención.

—Jake, me ha llegado que… —Miró una nota adhesiva pegada a su dedo—. Me ha llegado que Rykard Delawney, el sospechoso detenido por el asesinato de Jermaine Gordon, ha solicitado hablar con usted.

—Estoy ocupado.

No lo estaba.

—Quiere hablar con usted a solas. Dice que hay algo que necesita contarle sobre la investigación. Sin que Rupert Haversham esté presente.