Cruzar la Raya (DC Jake Tanner 4) Capítulo 41
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Capítulo 41

ALGO CONCRETO

J ake se dirigió al laboratorio de la policía científica en cuanto terminó la llamada con Ashley.

Era evidente que algo fallaba en el informe forense y tenía la intención de averiguar por qué se había omitido la hebilla del cinturón.

Si alguien estaba saboteando su investigación, quería saberlo.

No sería la primera vez y sería un ingenuo si pensara que no podría volver a ocurrir.

El laboratorio de la científica estaba situado en la parte trasera de Bow Green, conectado por un pequeño pasillo al que solo tenían acceso personas autorizadas.

Se detuvo ante las puertas, pulsó el timbre y, tras una breve espera, entró.

Inmediatamente a su derecha había un escritorio donde debía identificarse.

Lo hizo, mostró su placa, explicó el motivo de su visita y luego atravesó otro juego de puertas.

Otro obstáculo más. El lugar estaba mejor custodiado que la propia comisaría.

Durante los siguientes minutos, deambuló por el edificio hasta que encontró una pequeña sección en la tercera planta asignada específicamente a Sandy Matthews, una de las especialistas sénior del cuerpo.

Ella y su equipo disponían de un laboratorio propio donde se encargaban de realizar las investigaciones preliminares y preparar las pruebas antes de enviarlas a un laboratorio externo para un examen forense más exhaustivo.

Si algo le iba a pasar a las pruebas, sería aquí.

Jake se detuvo ante otra puerta y llamó, jadeando como un perro. Le perturbaba lo poco que estaba en forma.

Unos segundos después, apareció una técnica forense.

Jake la reconoció como la que había recogido la hebilla del cinturón junto al cadáver de Jermaine Gordon.

Durante un momento, Jake la miró con la boca abierta.

No se parecía en nada a lo que había imaginado.

La primera vez que la vio, se escondía tras el anonimato de su traje forense blanco y azul.

Ahora vestía ropa informal con una bata blanca de laboratorio que le colgaba holgada de los hombros.

Era más baja de lo que Jake recordaba y tenía el pelo de un rojo intenso, algo que ni siquiera había notado la primera vez.

Su nariz y sus mejillas estaban salpicadas de pecas marrones y, por un instante, Jake se preguntó si ella y Brendan serían parientes. El parecido era asombroso.

—¿Dígame? —dijo Natalie con una ceja arqueada—. ¿Puedo ayudarle?

Su voz hizo que Jake reaccionara. —Usted está investigando la Operación Deadwood, ¿verdad?

Ella dio un paso atrás, con cautela. —¿Qué pasa con eso?

—He notado algunos errores...

—¿ Errores ? —dijo la palabra como si no existiera en su vocabulario.

—La vi recoger una hebilla de cinturón en la escena del crimen, pero no se menciona en el informe. ¿Qué ha pasado con ella?

—¿Una hebilla? ¿Cómo que no se menciona? La envié a examinar.

—¿Está segura?

La mujer lanzó a Jake una mirada como preguntando: «¿Está cuestionando mi memoria?».

—Entonces, ¿por qué no figura en el informe?

—No lo sé. Lo siento. —Negó con la cabeza y dejó que la puerta se abriera del todo.

Jake dio un paso adelante y cruzó el umbral. Escudriñó la numerosa maquinaria que ocupaba las paredes y las filas de mesas en el centro. No lo había notado antes, pero había un ligero zumbido de fondo.

—Ha dicho que preparó todo para enviarlo al laboratorio externo, ¿no? —preguntó Jake.

—Sí.

—¿Cuándo fue?

Ella rebuscó en su memoria un momento. —Ni idea. Justo después de volver de la escena del crimen. El mismo día.

—¿Cuándo exactamente?

Ella soltó un bufido y luego buscó entre un montón de documentos junto a su ordenador. —A la hora de comer. Lo registré a la una y veintiocho.

La mitad del cerebro de Jake registraba la información, la otra recreaba el escenario tal y como había ocurrido. No sabía qué parte de él estaba escuchando.

—Así que la recogió, la trajo aquí para la investigación preliminar y luego la guardó en algún estante.

—Más o menos.

—¿Y cuándo se enviaron todas las pruebas al laboratorio externo?

Volvió a consultar sus notas y luego señaló con el dedo una firma y un sello de tiempo al final de un documento. —Las pruebas salieron por la noche, a las siete y trece.

—¿Y no recuerda si esa pieza formaba parte de las pruebas enviadas?

Ella se encogió de hombros. —Ese día vi muchísimos números de referencia. Era tarde. Estaba cansada. Puede que estuviera ahí y se me pasara por alto. No estoy segura.

La cantidad de errores menores y evitables que él mismo había cometido trabajando horas extra y durmiendo poco era vergonzosa, y muy posiblemente superaba el número de artículos de prueba que ella tuviera guardados en alguna parte.

Difícilmente podía culparla por ello. El cansancio y la fatiga mental eran una especie de epidemia en el servicio.

Era casi un requisito previo, un trabajo que parecía hecho a medida de insomnes y personas sin vida personal ni social.

—¿Podría hacerme un favor? —preguntó él.

—¿Averiguar qué pasó con ella?

—Sí, por favor. Es importante.

Ella puso los ojos en blanco. —Siempre lo es.

—¿Cuánto va a tardar?

Se encogió de hombros con timidez. —Puedo tenerlo para mañana por la tarde.

—Le doy hasta mañana por la mañana.

Jake le guiñó un ojo, pero ella ni se inmutó.

Él le dio las gracias, salió y, mientras regresaba a Bow Green, dejó que su mente divagara.

Para él estaba claro que, en algún momento de ese margen de seis horas entre la una y las siete de la tarde, la prueba había cobrado conciencia propia y había salido del edificio por su propio pie.

Eso, o alguien había robado lo único que potencialmente conectaba a otro asesino con el crimen; alguien que trabajaba codo con codo con El Cónclave, Henry Matheson y Rykard Delawney para intentar encubrir el asesinato. La única pregunta era quién.

Jake tenía un nombre en mente, una corazonada, pero aún no podía estar seguro. No hasta que tuviera algo concreto.