Capítulo 40
HANDY MAN SCRAP SERVICES
A shley estaba empezando a amar su nuevo trabajo.
A sus nuevos compañeros. La emoción de todo aquello.
El subidón de adrenalina sin precedentes que conllevaba descubrir la verdad tras la muerte de Jermaine Gordon.
Era adictivo, y ella era una yonqui de ese tipo de cosas, lo había sido incluso cuando era una bobby de patrulla, y cada vez quería más.
Resolver crímenes y meter a gente entre rejas era su dosis.
Los últimos veinte minutos habían sido el tiempo más largo que había pasado conociendo a Brendan.
No estaba mal. Era un tipo bastante majo.
Un poco misógino, pero bien. Lo primero que notó en él fue su voz.
De habla suave e intrigante. Escuchaba cada una de sus palabras con atención.
Y su acento. Le encantaba el acento irlandés.
La forma en que arrastraban las erres, cómo pronunciaban las zetas.
Mmm. Denso y pesado como un café cremoso.
Si pudiera casarse con cualquier acento del mundo, sería con ese.
Se dirigían hacia un almacén remoto en los muelles de Tilbury.
El informe en el que Brendan había indagado sobre qué fabricantes creaban las botellas de plástico utilizadas para las drogas de Henry Matheson había dado un resultado positivo.
Se había establecido como empresa en el Registro Mercantil allá por el año 2000 antes de ser dada de baja.
Más tarde, el nombre del negocio había cambiado a Handy Man Scrap Services.
Y, para sorpresa de nadie, el propietario del negocio era un tal Henry Matheson.
—¿A cuánto estamos? —preguntó Ashley.
—A diez minutos. Quince como mucho —Brendan tamborileaba un ritmo silencioso sobre el volante.
Tiempo suficiente.
Ashley sacó su teléfono y abrió sus correos electrónicos.
Algo en su interior le decía que debía seguir adelante, mantener la investigación activa, en el primer plano de su mente.
Como la mula de carga que era, estaba dedicada en cuerpo y alma al trabajo.
Cuando no estaba trabajando, se sentía culpable por ello.
Y cuando estaba trabajando, siempre sentía que había más por hacer.
Otro informe que redactar. Otra declaración que revisar.
Otra diligencia que iniciar. Probablemente era una de las razones por las que estaba soltera y vivía sola.
Pasaba más tiempo pensando en criminales que en cualquier otra persona, incluida ella misma.
Algunos decían que no era sano, pero era lo que la hacía feliz.
Y a veces había que sacrificar una cosa por la otra.
Pero se consolaba con la idea de que algún día ambas facetas se unirían y experimentaría un nuevo tipo de felicidad.
Se desplazó por su bandeja de entrada, analizando los correos que había allí. La mayoría eran basura, gente enviando avisos de informes y presionando a otros en el departamento por papeleo atrasado.
Pero entonces, uno le llamó la atención.
Echó un vistazo al correo, con los ojos recorriendo las palabras en la pantalla. Cuando terminó, abrió su agenda, buscó el número de móvil de Jake y marcó.
—Aquí el detective Tanner.
—Soy Ashley. ¿Tienes un momento?
Jake confirmó que sí.
—¿Has visto ya los informes patológicos y forenses?
—No.
Al fin, algo que ella sabía y Jake no.
—El patólogo encontró hematomas e inflamación en el cuerpo de Jermaine, lo que sugiere que fue golpeado antes de ser quemado, aunque nunca se encontró el arma.
—¿Hay alguna mención a la hebilla de un cinturón en alguno de los informes?
—No.
—¿Ninguna en absoluto?
—Ninguna que yo haya visto. ¿Por qué? ¿Debería haberla?
—No importa. Déjamelo a mí. ¿Alguna mención a ADN encontrado en el cuerpo de Jermaine?
—Las quemaduras lo destruyeron todo. Las huellas dactilares de Gordon no sobrevivieron, así que sería un milagro que lo hicieran las de otra persona.
—¿Y pelos? ¿Se ha descubierto alguno en el cuerpo?
Ashley negó con la cabeza y luego se dio cuenta de que estaba hablando por teléfono. —Nada en el informe.
—Vale. ¿Dónde estás?
—¿No te lo ha dicho Stephanie?
—Si lo hubiera hecho, no te habría preguntado.
Controla esos aires, Jake.
—Brendan ha encontrado un almacén que suministra las botellas de plástico modificadas. Estamos de camino allí ahora mismo.
—Llámame si me necesitas. Buen trabajo.
Ashley le creyó cuando lo dijo. A pesar de la incapacidad de Jake para confiar y trabajar bien con los demás, sabía que tenía buena intención.
Después de oír hablar de su pasado en el departamento y su exposición a la corrupción, era natural que desconfiara de los demás.
Pero algo le decía que, poco a poco, estaba empezando a ceder.
Ashley colgó, se guardó el teléfono en el bolsillo y esperó pacientemente a que llegaran.
Tardaron cinco minutos más de lo que Brendan había calculado.
Entraron en el parque de distribución donde se encontraba Handy Man Scrap Services, atravesaron el asfalto lleno de baches y gravilla, y giraron hacia las instalaciones.
Al bajar del coche, Ashley observó su entorno.
Desolado. Silencioso. Ni un solo coche ni trabajador a la vista.
—Quizá estén todos dentro —dijo, pensando en voz alta.
—O se han ido a casa por hoy.
Ashley consultó su reloj. —Apenas son las tres y cincuenta.
—Pero son las cinco en algún lugar del mundo.
La zona de recepción dentro del almacén era angosta y le recordó a Ashley a su local de comida para llevar.
Había apenas un metro y medio de moqueta que separaba el mostrador de la puerta principal, y sentada tras la mesa había una mujer joven con grandes aros en las orejas.
Tenía un piercing en la nariz y llevaba unas gafas de montura telescópica tan anchas que parecía que podía ver hasta la luna.
—¿Puedo ayudarles? —comenzó, abriendo la boca y revelando un trozo de chicle a medio masticar—. ¿Se han perdido o algo?
—No exactamente. Nos preguntábamos si podíamos echar un vistazo por aquí. ¿Está el propie…?
—El propie… propie…
—El dueño —terminó Brendan por ella.
—Ah… —ella vaciló—. Lo siento. Acaba de salir. ¿Puedo ayudar en algo?
—¿Cuál es la naturaleza del negocio? —preguntó Ashley.
—¿Perdona?
—¿Qué es lo que hacen aquí? —repitió Ashley. Se notaba que esto iba a ser difícil—. ¿A qué se dedica la empresa?
—Creo que se han equivocado de sitio. —Se ajustó las gafas más arriba sobre la nariz.
—No lo creo.
—¿Hay algún problema o algo?
Ashley levantó la orden judicial por encima del mostrador. —Este documento significa que podemos registrar todo este edificio. También significa que podemos incautar cualquier propiedad si tenemos motivos para creer que tiene alguna relación con un delito.
Al instante, la chica se lanzó a por el teléfono, marcó los números y se llevó el auricular a la oreja, claramente superada por la situación.
—Sí, claro, no hay problema —dijo Brendan con sarcasmo—. Puede llamar a quien necesite.
La chica no dijo nada mientras esperaba a que la persona al otro lado de la línea respondiera. A los pocos segundos, lo hicieron.
—¿Hola? Soy yo. Escucha, tenemos un problema aquí abajo. ¿Puedes bajar? No… preferiría… preferiría no decirlo. Sí, lo es. Lo intenté, pero… Claro. Vale.
Colgó el teléfono de golpe.
—¿Quién era?
—Mi jefe. Estará aquí pronto.
—No hace falta. Podemos hacer todo lo que necesitamos sin él.