Capítulo 31
CRUZAR LA LÍNEA
—¿Cuál es tu perro favorito? —preguntó Jake.
—¿Perdona? —respondió Stephanie, bajándose los prismáticos de la cara y girándose para mirarlo.
—Los perros. ¿Te gustan?
—Tengo uno.
—¿Grande o pequeño?
—Un teckel.
—¿Un perro salchicha? Yo siempre he querido un pastor alemán. Algo grande y que imponga. Algo que pueda proteger a los niños cuando yo no esté o si estamos en un parque o algo así.
—Cómprate uno, entonces. ¿O es que Elizabeth no te deja?
Jake negó con la cabeza. —Demasiado caro. No podemos permitirnos tener uno todavía. Nuestra economía sigue hecha una mierda.
—¿Todavía?
—Curiosamente, estas cosas no desaparecen de la noche a la mañana.
Ojalá lo hicieran.
—¿Algo que declarar ante el Departamento de Asuntos Profesionales?
Jake le dedicó una mirada de pocos amigos. No le hizo gracia la pregunta, ni la insinuación que conllevaba.
—Sabes que no.
—Solo digo que te iría mejor si lo hicieras.
—¿Me estás investigando?
Los labios de Stephanie se separaron lentamente, como una grieta que divide la tierra en dos. —¿Qué se supone que significa eso?
—Nada.
—No, sigue. Si tienes algo que decir...
Jake inspiró, contuvo el aliento y luego exhaló profundamente. —Sé que fuiste tú, Steph, la que nos chivó lo de Ashley y yo la otra noche. ¿Qué pasó? ¿Viste mi coche y pensaste lo peor? ¿Qué te tiene haciendo Darryl? ¿Vigilándome? Asegurándose de que no me pase de la raya.
—La raya está ahí por un motivo.
—Creo que eso lo sé mejor que la mayoría.
—Jake negó con la cabeza. Aquellas palabras le confirmaron todo lo que necesitaba saber.
Ahora ella era los ojos y los oídos de la oficina.
Algo a tener en cuenta para el futuro. —Sabes, nunca me habría esperado eso de ti, la verdad.
De Brendan o de cualquier otro, tal vez. Pero de ti no.
—Solo busco lo mejor para...
Jake desvió la mirada rápidamente hacia el retrovisor exterior. Un destello que había visto de reojo lo había distraído. Y entonces lo reconoció. El Range Rover negro. Los cristales tintados. La matrícula sin registrar.
RG00 HM1.
—Son ellos —dijo, hundiéndose en el asiento mientras el coche avanzaba hacia ellos.
—¿Quiénes?
—El Range Rover. Los tipos que me seguían.
El vehículo pasó por su lado y sus faros LED iluminaron toda la calle como si de un pequeño sol se tratara. Luego giró a la izquierda en el cruce que tenían delante y desapareció.
—Síguelos —dijo Jake, esperando que la urgencia de su voz fuera suficiente para que Stephanie reaccionara.
—No podemos... se supone que tenemos que...
—Síguelos. Ahora. Algo me dice que quien conduce ese trasto no es un futbolista ni su mujer. Son Matheson y sus chicos.
—No deberíamos irnos. ¿Y si pasa algo? —Stephanie acercó la mano a la llave de contacto, dudando, sopesando si arrancaba o no.
—Tal vez sea hora de cruzar la línea.
Ella le lanzó una mirada cargada de veneno.
—Pasará algo seguro si no los seguimos —le dijo él—. Confía en mí.
Stephanie suspiró y giró la llave en el contacto. —¿Tú no pides poco, verdad?