Cruzar la Raya (DC Jake Tanner 4) Capítulo 27
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Capítulo 27

EL MAYOR PROBLEMA

E l tono de llamada sonó en sus oídos. Ring, ring. Ring, ring. Ring, ring.

Nadie respondió.

—Zorra —masculló Henry entre dientes.

Lo intentó de nuevo. Y esta vez la persona al otro lado de la línea respondió. Al final.

—¿Te he molestado? —preguntó Henry—. Siento que me estás evitando. ¿Algo que haya dicho? ¿Algo que haya hecho?

Rupert Haversham suspiró al otro lado del teléfono—. Sé rápido. No tengo mucho tiempo.

—Lo tienes cuando se trata de mí; soy yo el que paga tu sueldo.

—Y yo soy quien se asegura de que sigas al lado correcto de las rejas.

Henry resopló—. Cuánta agresividad para venir de un tío tan importante con un maletín tan grande. ¿Qué noticias me traes, colega? ¿Cómo lo lleva el pequeño Ricky?

—Bien —respondió Rupert.

No hubo vacilación en su voz, ni rastro de aprensión.

Ni el menor indicio de que estuviera mintiendo o escondiendo algo.

Simplemente no le apetecía nada hablar con Henry.

Los dos se conocían desde hacía años y, en ese tiempo, Henry había aprendido a distinguir la realidad de la ficción en lo que respecta a las cosas que decía Rupert.

Hasta el momento, hablaba como una enciclopedia.

Su relación se parecía mucho a un matrimonio tóxico.

Henry quería más de lo que Rupert podía ofrecerle, y a veces viceversa.

Había discusiones, desacuerdos, pero al final de todo, dependían el uno del otro.

Y eso era lo que hacía que el matrimonio funcionara a su propia y jodida manera.

—¿Está cumpliendo sus promesas? —preguntó Henry.

—Está haciendo todo lo que le digo, no te preocupes. No ha dicho nada. No ha mencionado ningún otro nombre. Ningún detalle. Nada.

—¿A cuánto se enfrenta? —preguntó Henry.

—A cadena perpetua.

Henry silbó, cogió un chicle de un paquete que había en la mesa de centro frente a él y se lo metió en la boca—. ¿No crees que puedas conseguir que se la reduzcan?

—Lo he intentado, pero hay poco margen de maniobra. Puede que le quiten unos años mientras esté dentro si mantiene un buen comportamiento, pero aún falta mucho para eso.

—El chico se ha portado bien conmigo. Me aseguraré de que esté bien cuidado. —Henry se frotó la nariz y se metió otra lámina de chicle en la boca—. ¿Qué pasa con la pasma? ¿Por dónde andan?

El sonido de papeles revolviéndose resonó a través del micrófono—. Estás en todas partes, Henry. Ya lo sabes.

—Qué gracioso. Pero sabes de sobra que no me refería a eso.

—¿Me estás preguntando cuánto saben?

—Bingo.

Rupert soltó una risita. Era una risa altiva y sibilante que a Henry le recordó al último perro que tuvo antes de que lo sacrificaran.

—Me temo que eso te va a costar un extra.

—Y una mierda. ¿Por dónde van? ¿Están investigando a alguien más?

—Relájate. Es como te he dicho, no tienes de qué preocuparte. Ahora mismo, su prioridad es que el caso de Rykard siga su curso legal.

Henry vaciló, con la mirada fija en la pantalla del televisor, viendo cómo los píxeles se mezclaban y se fundían en una sola imagen en movimiento—. ¿Y qué hay de ese otro... Jake Tanner?

—Bueno, ahí tienes tu mayor problema, Henry.

Y que lo digas.

—Dame todo lo que tengas sobre él. Creo que va siendo hora de que alguien le haga una visita.