Cruzar la Raya (DC Jake Tanner 4) Capítulo 19
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Capítulo 19

SED CREATIVOS

U na hora más tarde, tras sortear el interminable tráfico de la ciudad, Jake regresó a la oficina desde Wandsworth con un latte de Starbucks y una caja de Nurofen en la mano.

—¿Son para la resaca? —preguntó Brendan cuando entró, señalando las pastillas con la cabeza y con un aspecto cadavérico.

—No —dijo Jake mientras se dejaba caer en su silla de escritorio—. Son para el dolor de cabeza que me va a entrar hoy. Siento que se aproxima uno de los malos. Tú tampoco tienes muy buena cara esta mañana. ¿Quieres una?

La respuesta de Brendan se vio interrumpida por Darryl, que salió de su despacho como un vendaval y cruzó la estancia. No dijo nada, pero no hacía falta. Jake y todos los demás en la oficina sabían hacia dónde se dirigía.

Jake se levantó de un salto, agarrando sus cosas: bolígrafo, bloc, cafeína. Mientras hacía malabarismos con todo, Brendan se inclinó hacia él y le susurró:

—Creo que te voy a aceptar el ofrecimiento, tío. Aunque me parece que vamos a necesitar algo un poco más fuerte.

Soltando una risita, Jake le entregó a Brendan la caja de ibuprofeno y luego se dirigió a la sala de reuniones, donde buscaron asiento al fondo.

—Bien —dijo Darryl, apartando de una patada una bola de papel que le estorbaba—.

En primer lugar, buenos días y bienvenidos.

Espero que algunos de vosotros os sintáis preparados después de la fiesta de anoche.

Me he enterado de todo. Para los que aún no lo sepan, hace doce horas nuestro John Doe pasó a ser Jermaine Gordon, uno de los mayores narcotraficantes de bandas del East London, gracias a la confesión de uno de los hombres del propio Henry Matheson, Rykard Delawney.

El señor Delawney se encuentra actualmente bajo custodia durmiendo sus ocho horas, mientras que nosotros tenemos que usar este tiempo sabiamente para investigar todo lo posible, ya sea para confirmar su declaración o para desmentirla.

Jake levantó la mano.

—Voy a mojarme pronto, jefe, pero para mí que es mentira. Es todo demasiado conveniente. Y nunca en la historia de Henry Matheson y la banda de E11 han hecho algo así.

Darryl se sentó en el borde de una mesa al otro lado de la sala —la mesa del profesor, le gustaba llamarla a Jake— y se cruzó de brazos.

—Me alegra que digas eso, Jake. Me alegra aún más que te hayas molestado en asistir esta mañana.

—¿Señor?

—Tu pequeña excursión de anoche. —Darryl enarcó una ceja y, en ese momento, le recordó a Jake a su padre; solía recibir la misma reacción de su progenitor cada vez que hacía algo que sabía que no debía—. ¿Cómo ha ido?

—Ha estado bien, jefe. —Tragó saliva—. He visto un intercambio de droga. Tres individuos. Un chaval en bicicleta. Varón IC1. Un camello con tatuajes en el cuello, el más destacable un águila. Posiblemente varón IC3. Y luego un tercer hombre, IC1, con un tatuaje en la mano. Un escorpión.

—¿Alguna cara?

Jake negó con la cabeza.

—Solo la del chaval. Parecía tener unos doce años.

—¿Alguna prueba fotográfica?

Jake asintió con entusiasmo. Aquello iba mejor de lo que esperaba. Quizá Darryl no era tan capullo como pensaba.

—Pensaba que nunca me lo preguntaría.

Jake rebuscó en el bolsillo de su americana y sacó una pequeña tarjeta SD de 12 GB. La había cogido directamente de la cámara de Elizabeth con la esperanza de poder transferir las fotos al ordenador del trabajo, pero hasta aquel momento le había costado encontrar el tiempo necesario.

—Están todas aquí, señor.

Darryl se acercó y le quitó la tarjeta de memoria a Jake.

—¿Hay algo más aquí dentro?

—No. Recién sacada del paquete.

—Bien —dijo Darryl mientras partía la tarjeta SD por la mitad.

Jake se puso en pie de un salto.

—¿Pero qué hace? —gritó—. ¡Cuestan treinta libras cada una!

—Lo que has hecho ha sido una temeridad, por no decir una puta estupidez.

Has ido en contra de mis órdenes. Te has puesto en peligro.

Podría haber pasado cualquier cosa. No eres un guerrero solitario con algo que demostrar que puede encargarse de todo por su cuenta, ¿estamos?

No voy a permitir que vuelvas a socavar mi autoridad de esa manera. ¿Entendido?

Jake apretó la mandíbula, rechinó los dientes y se mordió la lengua. Había palabras que quería soltar, pero no era ni el momento ni el lugar. Ni tampoco la idea más inteligente.

—¿Hay dinero en el presupuesto para reponer la tarjeta SD de mi mujer , señor ? —Jake señaló los dos trozos de plástico astillado en el suelo.

No se había dado cuenta, pero su arrebato había provocado que el resto de la oficina se levantara de sus asientos y se asomara, como suricatos saliendo de sus madrigueras.

La expresión de Darryl no cambió.

—Te la pagaré yo personalmente. Como gesto de buena voluntad.

Qué jodidamente generoso por su parte.

Darryl bajó los brazos y se entretuvo con una pelusa de los pantalones.

—Tenemos que empezar desde abajo —dijo cuando todos volvieron a mirar al frente, incapaces de soportar la incomodidad reinante—.

Tenemos que dejar a un lado nuestros prejuicios, levantar cada piedra y averiguar quién más es responsable de la muerte de Jermaine Gordon.

Y si nuestras investigaciones nos llevan a los mismos individuos identificados por Jake, por supuesto que seguiremos esas pistas, pero por ahora quiero que tracemos un perfil de la familia de Jermaine Gordon.

¿Mujer? ¿Hijos? ¿Madre? ¿Padre? ¿Hermano? ¿Hermana? ¿Quién?

La sala se quedó en un silencio sepulcral. Entonces, una tos lo interrumpió.

—¿No es esto simplemente un caso de guerra de territorios? —preguntó uno de los jóvenes inspectores del equipo.

—Normalmente diría que sí —respondió Darryl—, pero cuando tienes a Jermaine Gordon y a Henry Matheson en el mismo cuadro —dos de los mayores traficantes de la ciudad—, las cosas dejan de ser una cuestión de drogas y territorio y pasan a ser personales.

Por eso es importante que investiguemos su situación familiar, sus...

—Ya he empezado con eso, jefe —interrumpió Stephanie.

Jake la miró con sorpresa. Había estado ocupada. ¿Acaso le quedaban energías a alguien más?

—Después del interrogatorio con Rykard, investigué el historial de Jermaine.

No tiene familia. Están todos muertos. Nunca ha tenido hijos, al menos, hasta donde yo he podido averiguar, y el resto de su familia fue asesinada en crímenes de bandas.

Su hermana fue la última en morir, el año pasado.

Apuñalada en el cuello por un yonki. A su madre la atropelló un coche, pero las circunstancias de su muerte fueron algo extrañas y nunca se hizo justicia por ello.

Jermaine sostuvo que fue un golpe personal de Henry, pero nadie le creyó.

Y nadie fue lo bastante valiente para hacer nada al respecto.

—¿Hubo represalias? —preguntó Jake.

Stephanie se giró en su asiento.

—Por lo que he podido ver, Jermaine no hizo nada. Se comportó como si nunca hubiera pasado.

—¿Quizá estaba esperando el momento oportuno?

—Posiblemente. O quizá ya lo ha hecho, Matheson se enteró y decidió dar un paso más allá.

—Todo eso son posibilidades que debemos considerar —dijo Darryl y les dio la espalda. Cogió un rotulador y escribió las palabras FAMILIA y AMIGOS en la pizarra blanca que tenía detrás. Y luego, tras un momento de duda, escribió GUERRA DE BANDAS al lado.

—Estas son las vías que tenemos que explorar. Si no queda nadie vivo en la familia de Jermaine para que nos hable de él, quizá sus amigos puedan hacerlo.

Brendan resopló.

—Sí, seguro que sí. Para estos tipos, la amistad es tan fuerte como la familia.

—Toda familia tiene sus grietas, Brendan. Solo tenemos que aprovecharlas.

Darryl dejó el rotulador en la bandeja de la pizarra.

—Sed creativos. Siempre que sea dentro de la ley.