Cruzar la Raya (DC Jake Tanner 4) Capítulo 3
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Capítulo 3

UNA REPROBACIÓN

D urante los primeros minutos del trayecto hacia la urbanización Cosgrove Estate, viajaron en completo silencio.

Jake solía ser una persona abierta y habladora, y le gustaba pensar que era el primero en hacer que cualquier nueva incorporación al equipo se sintiera lo más cómoda y a gusto posible.

Pero, recientemente, algo en su interior había cambiado.

Se había vuelto mucho más cauteloso con la gente y receloso de sus intenciones.

Tanto que esa vocecita en el fondo de su cabeza —la que todos los demás habrían llamado duda, pero para él era intuición— le impedía ser él mismo.

Los acontecimientos del último año lo habían cambiado, y no necesariamente para mejor.

Había ocurrido lo mismo con Darryl y Brendan cuando se unieron al equipo por primera vez; el comportamiento distante, las vacilaciones, la sospecha, el dudar de cada cosa que decían o hacían, calculando en su mente si podía confiar en ellos o no.

Y el veredicto aún no estaba claro. Cualquiera que llegara al equipo tenía mucho que demostrar.

No solo ante la inspectora jefa, sino también ante él.

—Felicidades por tu cumpleaños, por cierto —dijo ella. Hablaba con un marcado acento popular, un matiz que se notaba cuando se comía las haches al pronunciar «happy». A Jake le sonaba como si hubiera pasado años intentando ocultar su pasado, su herencia y su lugar de procedencia.

—Gracias —respondió él, fingiendo una sonrisa aún más amplia.

—Siento no haberlo dicho antes. Los nervios del primer día y todo eso.

—No me pareces el tipo de persona que se pone nerviosa. —No estaba seguro de si se lo creía, pero era lo más amable que podía decir.

—Normalmente no lo soy. Pero es distinto cuando entras en un equipo como este. Todo el mundo está tan... unido. Es difícil. Pero cuando llegues a conocerme, verás que soy maja.

—Ajá.

Jake no estaba seguro de si llegaría a conocerla adecuadamente alguna vez. A la verdadera Ashley Rivers. Al fin y al cabo, había creído saber quiénes eran en realidad Drew, Liam y Pete. Y mira cómo acabó aquello...

Jake volvió a prestar atención a la carretera. En el poco tiempo que llevaban hablando, se habían rezagado un poco respecto al grupo de cabeza, así que pisó el acelerador y en unos pocos cientos de yardas recuperó la distancia.

—¿Cuánto tiempo llevas en el servicio? —preguntó Ashley, con la mirada perdida por la ventanilla.

—¿Por qué?

—Solo curiosidad. He formado parte de la gran familia durante seis años; dos como agente de patrulla y cuatro como detective. En Lewisham. Un lugar asqueroso. Pedí el traslado aquí en cuanto quedó libre la vacante.

Stratford no es mucho mejor...

Jake no dijo nada y mantuvo la boca cerrada. Antes de que se diera cuenta, habían llegado al final de la M25 y se habían desviado por la A12, la carretera que los llevaría al corazón de la urbanización Cosgrove Estate.

A su lado, Ashley olfateó con fuerza. —¿Eso que huelo es fresa?

A Jake se le subió el corazón a la boca. Fresa. Olor. Drogas. ¿Cómo había...?

Te agradecemos tu silencio.

—¿Qué?

—Fresa. Me huele a eso. ¿Llevas uno de esos ambientadores para el coche? Huele muy bien.

Jake intentó ocultar su respiración agitada y el visible ascenso y descenso de su pecho concentrando su atención en la carretera, en un intento por calmarse.

No sirvió de mucho. ¿Por qué hablaba ella de un olor a fresa?

Él no podía oler nada; no había sido capaz de hacerlo desde que se deshizo del paquete.

¿Seguía el olor allí, persistente como el mensaje ominoso y premonitorio que acompañaba al envío? No lo creía.

En su lugar, decidió cambiar de tema.

—Hoy te vas a dar un festín. Una visita a The Pit en tu primer día. Nunca he conocido a nadie con tanta suerte.

—¿Tan malo es como dices?

—Espera y verás por ti misma. Representa cerca del cincuenta por ciento de nuestras salidas de patrulla.

Ashley esbozó una sonrisa que reveló una dentadura ligeramente amarilleada y manchada por el tabaco. —Estoy segura de que, con una buena labor policial y buenas estrategias e iniciativas, podríamos bajar eso al treinta.

Jake resopló.

—¿Quieres decir que no quieres que haya menos delincuencia y una vida más fácil? —Ella levantó la ceja izquierda y lo miró con curiosidad.

—Tienes razón. Sin duda. Al cien por cien.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó ella.

—Sí. Bien. Solo me resulta extraño dar la bienvenida a gente nueva al equipo.

—Confiar en ellos, quieres decir.

Jake fijó la vista en el asfalto que se extendía ante él.

—No todo el mundo es igual, Jake —dijo ella—.

No sé qué ha pasado anteriormente; no los detalles concretos, al menos, solo lo que he visto en las noticias y lo que me ha llegado por rumores.

Pero supongo que tienes que aprender a confiar de nuevo.

En Lewisham teníamos a alguien como tú. Un tipo decente.

Un detective maravilloso. Pero intentó hacerlo todo solo.

Y no pudo. Acabó suicidándose por la cantidad de presión a la que se sometió.

Jake fingió que había escuchado y absorbido todo lo que ella acababa de decir.

Lo cierto era que lo había hecho, pero no se creía ni una palabra.

Lo decía solo para que él picara, para que se sintiera culpable, para que bajara la guardia y que ella y el resto del equipo pudieran atacar.

Pues no iba a hacerlo. El puente levadizo del castillo estaba bien subido y no se permitía la entrada a nadie.