Cruzanoches Capítulo uno #3
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Capítulo uno #3

Cuando alzo la cabeza, descubro que nuestra madre nos ha seguido hasta el barco de los cruzanoches.

Ahora se encuentra junto al cadáver de mi captor, con el rostro salpicado de sangre y la oscura cabellera desparramada sobre la casaca amarilla.

Un chorro de líquido rojo brota de la garganta del cruzanoches como si fuera una fuente y forma un charco a los pies de ella, pero no parece darse cuenta.

Ahora mismo solo tiene ojos para los dos enemigos que empiezan a alejarse de Owen y de mí.

—¡Vuelve al Crealuz! —Ruge entre lágrimas, unas gotas que surcan los chorretones carmesí de su cara—. Busca a tu padre y sacad el bote. ¡Vamos!

A estas alturas ya sé que desobedecerla no trae nada bueno, pero ni siquiera eso me frena.

Elsie sigue a bordo de esta nave, y no pienso mancharme las manos con la sangre de otro de mis hermanos, no mientras me quede aire en los pulmones y tenga las balas suficientes para quitar de en medio cualquier obstáculo.

Tras darle un beso en la cabeza a Owen, le levanto el brazo y paso de su muñeca a la mía la pulsera de cuero.

Después saco una de las pistolas que llevo a la espalda y me dirijo a la escalerilla mientras los dos cruzanoches distraen a mi madre.

Al llegar al primer peldaño, me giro levemente hacia atrás y apoyo el dedo en el gatillo.

Tengo al asesino de Owen a tiro, pero veo algo que me deja congelada.

El cruzanoches en cuestión está de espaldas a mí, inmerso en el duelo contra mi madre, pero también distingo otra presencia más.

Una figura tenebrosa y oscurecida emerge del cuerpo del cruzanoches y adopta una forma propia.

La sombra se alza sobre él, mientras me observa con unos ojos de color escarlata y unos dientes que parecen cuchillos.

A continuación, profiere un aullido estremecedor y pasa volando por mi lado, para luego colarse entre las dos puertas del camarote del capitán.

El cruzanoches cae a los pies de mi madre entre convulsiones. Su compañero retrocede de inmediato, tan horrorizado que transmite algo parecido a la humanidad. Es bueno saber que ellos también sienten miedo.

Mi madre aprovecha para despacharlo de un tajo.

Una vez que ese cruzanoches se ha desplomado en el suelo, también termina con el sufrimiento del primero clavándole la espada en el pecho.

Cuando nuestras miradas se cruzan, me hace un gesto con la barbilla como si hubiera olvidado la orden que me ha dado, o quizá ya no le importe.

—Encontraré a Elsie —dice antes de acercarse en unos pocos pasos. En el momento que me toca el hombro, el mundo parece detenerse un único y breve instante. Luego contempla el cuerpo de Owen y añade—: Todo irá bien.

«Todo irá bien» es la respuesta que se da a una muerte en combate. Se supone que esas palabras sirven tanto para reconfortar como para alentar el deseo de venganza, pero nunca me habían sonado tan anodinas.

Mi madre pone a rumbo a la cubierta inferior, dando por sentado que le haré caso y regresaré a nuestro barco, pero yo permanezco inmóvil.

Continúo observando las dos puertas del camarote, con la pesada pistola en la mano.

Aunque mis padres siempre hayan insistido en que administremos bien las balas, me da la sensación de que esta será mi última oportunidad para usarlas.

Lo que aguarda en el camarote del capitán no se rendirá sin luchar.

Vacilo nada más plantarme ante las puertas. El Crealuz está envuelto en llamas. Terminará hundido antes del amanecer, y las olas se tragarán mi hogar para siempre.

No tengo nada que perder.

Saco una segunda pistola de la cartuchera que me recorre la espalda y abro las puertas de una patada.

En los aposentos, pulcros y elegantes, no hay ni rastro del caos del exterior.

No obstante, es precisamente esa calma lo que más me inquieta.

La criatura tenebrosa debe de haberse escondido en alguna parte, a la espera de que me despiste.

No pienso ponérselo tan fácil.

Me acerco con prudencia a la puerta del baño privado del capitán, y la madera del suelo cruje ligeramente a cada paso. No solo noto que algo se mueve al otro lado, sino que también me parece oír el ritmo de una respiración.

El verdadero asesino de Owen se encuentra dentro de ese cuartito: percibo claramente al oscuro ser que poseyó al cruzanoches para que atravesara a mi hermano con la espada.

La criatura quería que yo advirtiera su presencia y la siguiera hasta aquí.

Si mi destino es morir vengando a Owen, lo aceptaré sin problema.

A fin de cuentas, siempre he pensado que no llegaría a vieja.

Le pego un patadón a la puerta con las pistolas en alto, pero la figura encogida del suelo no es ninguna sombra amenazante.

Lo que levanta la cabeza para mirarme es una niñita de melena oscura y rizada, con los ojos verdes anegados en lágrimas.

Dudo que le saque muchos años a Elsie. ¿Cómo diablos ha acabado en el barco de unos cruzanoches?

—No voy a hacerte nada —susurro tras bajar las pistolas.

Sin embargo, justo cuando empiezo a estirar el brazo para ayudarla a levantarse, algo me golpea por la espalda y se me doblan las rodillas. Lucho en vano por no desmayarme.

Lo último que veo es la capa negra de un imponente cruzanoches, que me observa desde arriba con la capucha bajada.

Pero la cara que se ocultaba debajo de la tela no parece la de un ser monstruoso, sino la de un joven normal y corriente.