RIP
Cosme, zoofílico
Murió por la infección de la herida de la cabeza después de caerse entre excrementos de vaca. También te digo que su dignidad murió muchísimo antes que él. Acabó enterrado en las zanjas del bosque, y creo que ni las vacas lo echaron de menos.
Leandro, tartamudo
Edurne mató a Leandro antes de que pudiera avisar a Paco de que era ella quien tenía retenida a Mercedes. Lo peor es que el pobre hombre ni siquiera quería atacarlo con la barra metálica. Solo intentaba hacer lo correcto y le salió regular.
Olmo, teatral
Este pobre solo apareció al final del todo.
Su casilla era «teatral» y se pasó toda la isla delante de las cámaras, hablando solo en plan concursante de Gran Hermano porque descubrió que tenía muchísimas seguidoras.
Una de las balas de Gaspar le dio en mitad de la frente y cayó fulminado delante de todo el país, para absoluta tragedia de internet.
Habría estado encantado con la audiencia del funeral.
Bruno, pirómano
Después de la isla no logró recuperarse jamás. Lo primero que hizo cuando lo dejaron en libertad fue meterse en una tienda de petardos diciendo que necesitaba «volver a sentir el calor». Nadie pensó que fuera una frase literal hasta que empezó a encender fuegos artificiales dentro del local.
La tienda explotó con él dentro y nunca encontraron sus restos.
Malas malísimas y regulera
Edurne, recaída
Aceptó un acuerdo antes del juicio y colaboró entregando toda la información que tenía sobre la red de retransmisiones ilegales y los implicados de Santa Águeda. No lo hizo porque quisiera salvarse ni porque creyera merecer perdón. La condenaron igualmente.
A veces concede entrevistas desde prisión, y está escribiendo un libro para que nadie olvide a su hermano. Nunca pidió disculpas por lo que hizo en la isla. Pero tampoco volvió a justificarlo. Creo que esa es la única diferencia entre ella y Mercedes.
Mercedes Rodrigo, manipuladora
Terminó en una prisión psiquiátrica de alta seguridad, convencida de que el verdadero problema sigue siendo el mundo y no ella.
Continúa escribiendo artículos sobre terapia extrema que nadie quiere publicar y corrigiendo psicológicamente a los funcionarios y al resto de internos.
Intentó analizar a su abogado durante el juicio hasta el punto de provocarle un brote de ansiedad, y el pobre hombre acabó tirándose por la ventana dos semanas después.
Desde entonces, en la cárcel la conocen como «la doctora» y prácticamente nadie aguanta una conversación con ella más de diez minutos sin querer darse cabezazos contra una pared.
Inés, la enfermera
Desapareció durante meses hasta que terminó entregándose.
Declaró contra Mercedes y admitió que llevaba años atrapada entre el miedo y la culpa.
La tenían amenazada con matar a su hijo si hablaba, y fue ella, siguiendo órdenes de Mercedes, quien dejó el cuchillo dentro del cuarto donde Aitor estaba encerrado durante el experimento.
Nunca intentó justificar lo que hizo. Tan solo dijo que llevaba tanto tiempo aterrorizada y que dejó de distinguir entre obedecer y participar.
Ahora trabaja en una protectora de gatos abandonados porque asegura que no quiere volver a relacionarse con seres humanos en lo que le queda de vida.
Los gatos, según ella, «al menos te arañan de frente y no mientras sonríen».
Usuarios
Tobías, lujurioso, y Milagros, impúdica
Estos dos, cuando los expulsaron de la isla, no se imaginaban el favor enorme que les acababan de hacer.
Mercedes decidió echarlos para así atemorizar al resto de los usuarios y que quisieran cumplir con sus papeles.
Pasaron una temporada encerrados juntos «reencontrándose espiritualmente», que es una forma bastante elegante de decir que estuvieron haciendo guarrerías como conejos durante meses.
El problema es que tanta pasión intensiva terminó agotándolos y acabaron aburriéndose el uno del otro.
Ahora mantienen una relación abierta bastante peculiar. Se llaman de vez en cuando cuando «les pica la fe» y no tienen a nadie más disponible que les rasque las tentaciones carnales.
Chano, acumulador
Cuando recibió el golpe y Edurne se puso a curarlo, el hombre se despistó y terminó metiéndose en el almacén para esconderse entre montañas de basura, cajas viejas y trastos inútiles que consideró auténticos tesoros.
El problema es que, con todo el caos posterior, nadie volvió a acordarse de él.
Lo dieron por desaparecido durante días.
Cuando regresaron a la isla para investigar, lo encontraron viviendo en el búnker tan tranquilo, alimentándose de barritas energéticas caducadas y durmiendo abrazado a una tostadora rota.
Lo peor es que creo que ha sido la persona más feliz de toda esta historia.
Porque dejaron la isla hecha unos zorros y para él aquello era básicamente Disneylandia.
Ramiro, bulímico
Abrió un bar de tapas, y nadie entiende por qué alguien pensó que era buena idea dejarlo trabajar rodeado de comida, pero ahí sigue.
Se obsesiona muchísimo con las reseñas de internet y amenaza emocionalmente a los clientes para que le pongan cinco estrellas.
Una vez salió llorando detrás de una señora porque escribió que las patatas alioli estaban «correctitas».
Sus croquetas, eso sí, son espectaculares. Chus va a visitarlo de vez en cuando y se va sin pagar siempre porque dice que se lo debe.
Edurne consiguió manipularlo para que la ayudara diciéndole que Mercedes quería ponerlo a dieta, y por ahí sí que no estaba dispuesto a pasar. Según él, colaborar en un secuestro era grave, pero quitarle los carbohidratos ya entraba en terrorismo psicológico.
Adrián, narcisista
Terminó convertido en una celebridad de internet después de filtrar parte de la investigación de la isla.
Ahora vive de retransmisiones donde analiza crímenes reales mientras lee comentarios sobre lo guapo que es.
Sigue enamorado de sí mismo, pero al menos aprendió a usar sus poderes para algo útil.
Se hizo muy amigo de Ulises y ahora le está enseñando informática avanzada, pirateo y cosas ilegales varias en modo maestro Yoda informático chungo. Paco sospecha que aquello acabará mal. Rita opina que ya empezaron bastante mal desde el momento en el que se conocieron.
Gaspar, excéntrico
Ingresó en un centro especializado después de apuñalar a Ulises, dispararle a Rita y cargarse al que ya nadie recuerda cómo se llamaba porque todavía no tengo claro por qué demonios decidí que el crucigrama tuviera veintidós casillas en vez de veintiuna.
Supongo que por eso de que fuese un número par. Yo y mis manías.
Está internado en el mismo psiquiátrico que Mercedes, aunque en la zona masculina, y se dedica a acosarla desde los barrotes de las ventanas que dan al patio interior.
A veces le grita que están destinados a entenderse porque ambos «escuchan las frecuencias reales del universo», y Mercedes intenta ignorarlo con la misma cara que pondría alguien atrapado en un ascensor con un vendedor de seguros.
Ahora ya no quiere ser una planta. Dice que es un ácaro del polvo y pasa gran parte del día escondido debajo de las mantas porque «la luz altera las partículas». Honestamente, después de todo lo ocurrido, tampoco voy a ser yo quien le discuta eso.
Lola, evitativa
La productora de Netflix vio los vídeos filtrados de la isla y decidió ficharla para una nueva serie sobre una payasa asesina que se come a la gente. Lo preocupante es que Lola aceptó el papel diciendo que «por fin alguien entendía su esencia». Ahora es bastante feliz.
Cuando se maquilla y se mete en el personaje, asegura que deja de sentirse incómoda frente a otras personas y puede hablar con normalidad sin querer salir corriendo.
Lleva una doble vida tipo Clark Kent, pero en versión gótica chunga y con muchísimo más trauma psicológico.
Tiene un club de fans bastante grande, y no estoy segura de si eso dice más de ella o de la humanidad.
Ezequiel, obseso
Tiene prohibido acercarse a cualquier pincho, cuerda, cinta adhesiva o herramienta un poco sospechosa. Sigue preguntando por Mercedes desde el psiquiátrico, y los médicos ya no saben cómo explicarle que intentar secuestrar a alguien no es una forma sana de gestionar el apego emocional.
Ahora se dedica a la jardinería dentro del centro, y se le da bastante bien. Tiene las rosas más bonitas de todo el recinto, y está tan obsesionado con podarlas perfectas que están pensando en contratarlo para encargarse de las flores de la Casa Real.
Aunque creo que darle acceso a tijeras enormes no me parece una idea lo que se dice brillante...
Ágata, misófoba